Japón amplía nuestros horizontes mentales. Es un país capaz de imponer su estilo y su filosofía en los más variados ámbitos de la vida cotidiana. También invita a un viaje en el que se suceden imágenes, lugares y rostros de una diversidad a veces impactante, pero que siempre logra conjugarse con una sorprendente armonía. Desde Tokio, un mosaico infinito de barrios entre la modernidad y la tradición, hasta Kioto, la antigua capital imperial con sus templos y sus jardines zen. Del ritmo frenético y las luces de neón intermitentes de Osaka a la naturaleza primitiva de los grandes parques naturales, desde el archipiélago tropical de Okinawa a las montañas salvajes de la isla de Hokkaido.