Muchos hemos crecido con las obras de Valle-Inclán a nuestro alrededor. Quién más y quién menos ha leído algo suyo, ya sea por iniciativa propia, curiosidad o porque en el instituto nos obligaban. Ese fue mi caso. Tuve la suerte de leerme Luces de Bohemia, obra que me encantó y de la que guardo gran recuerdo. Otras de aquella época no tuvieron tanta suerte.
A principios de este año participé en Masa Crítica de Babelio y fui una de las agraciadas, Flor de Santidad, en su edición facsímil, llegaba a mi casa hace unos 15 días, ya que fue uno de los libros por los que postulé. Muchas gracias a la Editorial Alvarellos por el detalle.
Este libro te deja un regusto amargo de esos que te hacen afinar los labios y negar con la cabeza, mientras murmuras, maldito…
Aunque al principio cuesta empezar a leerla, ya no estamos acostumbrados a esta forma de narrar las cosas, ni al uso de algunas palabras con las que el autor nos deleita, pronto se olvida y cogemos el gusto a esa forma tan especial que tiene de contarnos las cosas y no podemos parar de leer este drama que me ha desgarrado el alma de una forma tan inesperada.
Como ya os he comentado, esta edición es un facsímil de la obra tal cual se publicó en 1920, como la ideó el propio autor y con ilustraciones de Moya del Pino. Es una maravilla en todos los sentidos. Cada grabado e ilustración así lo demuestra.
Había oído hablar de la obra y tenía muchas ganas de leerla. A partir de aquí aviso que voy a hablar sin tapujos de la historia, así que si no queréis que os la destripe, no sigáis leyendo.
Pensaba que la historia iba de una joven que no se sabía si estaba loca o si tenía premoniciones o visiones por beata. Y lo que te encuentras es la historia de una Galicia supersticiosa, donde Ádega, una niña que trabaja por comida y alojamiento para unos amos horribles, que la tienen durmiendo en un establo, es violada por un peregrino. Al morir éste asesinado (tampoco voy a destriparlo todo) ella pierde totalmente la cabeza y se lanza a mendigar por los caminos, y ahí es donde duda la gente. Pero tú, cómo lector, no tienes duda alguna de lo que ha pasado. Y junto a ella vives penurias y caridades, hasta encontrar tu sitio.
La verdad es que conociendo al autor no sé de qué me he extrañado, y ha sido una lectura muy acertada para estas fechas.
Leed a Valle-Inclán. Es un acierto seguro. Siempre.