Es un tema que no todo el mundo entiende, y del que nos cuesta conversar. Es un tema que lo puede meter a uno en problemas cuando se trata en uno de los muchísimos espacios prohibidos. Pero que produce desde un inmenso sufrimiento para millones de personas, hasta sanciones económicas para unos pocos. Al cabo de varios años en el mundo del cómic y en la escritura de ficción, el diseñador, ilustrador y escritor venezolano Lucas García ha acudido a la novela gráfica en un libro cuyo título alude a un asunto que nos compete a todos.
En El “tema”: una memoria gráfica sobre los derechos humanos, García explora con su estilo personal, ya con una estética reconocible y madura, su propia experiencia frente a un drama que sigue haciendo que Venezuela sea mencionada en los medios del mundo, así como en lugares como la Corte Penal Internacional y la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
García tiene años trabajando con organizaciones de derechos humanos sobre cómo documentar y difundir los abusos. Confiesa en la introducción al libro que cuando empezó a hacerlo se sentía hasta cierto punto desconectado de lo que los cuerpos de seguridad hacían en comunidades en riesgo de Caracas, hasta que entendió cómo la cultura de violación de derechos humanos se extiende a lo largo del Estado e impacta todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, y todos los derechos que los venezolanos deberían poder disfrutar.
No es un informe ni un reportaje, sino un libro muy personal que, sin embargo, logra describir con detalle unos pocos casos que ejemplifican la vulnerabilidad de toda índole con la que se vive en este país.
Empezar un comentario sobre un libro como este con el lugar común "es un libro necesario", quizás no sea una buena idea. Sin embargo, me cuesta pensar en otra frase para hablar de El "Tema".
Este libro es una memoria personal y colectiva, contado con maestría en formato de cómic. Es un paseo por esos momentos en los que el "tema" (la violación de los derechos humanos) ha estado presente en la vida de los venezolanos. En nuestras caras sin que nos demos cuenta, o quizás sí, pero hemos preferido voltear para otro lado.