Vivimos la vida que queremos? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para mantener la amistad y la lealtad? Imaginemos por un momento que nuestro mejor amigo nos pide que abandonemos todo lo que tenemos y le acompañemos en un viaje, que no deja de ser también una huida hacia adelante. Es lo que le pide Guzmán a su mejor amigo, Rodri, tras recibir la fatídica noticia de una enfermedad sin cura, que lo deje todo durante un año para acompañarle en el que será su último viaje. No hay espacio para un tercero, los dos amigos deberán cancelar sus vidas a la búsqueda de un viaje casi iniciático. Un recorrido en donde no será fácil sobreponerse a las diferentes crisis por las que pasan, desde la huida, la negación, la ira, hasta llegar quizás a una posible aceptación. Una forma de vida en la que se demuestra que después de un final, pueden llegar muchos comienzos.
Me ha encantado. Es ficción pero no es para nada alejado de la realidad. De la realidad de los duelos, de la amistad y de la vida y las decisiones que tomamos en ella.
Es cierto que igual no es para todos los públicos y en un libro duro, muy reflexivo. A mí, como lectora y profesional me ha gustado mucho.
Cuando leí la sinopsis me despertó muchísima curiosidad, creo que la idea tenía muchísimas posibilidades pero la ejecución me ha dejado más que indiferente: personajes planos, prácticamente sin evolución y con una historia que se desarrolla de una forma un tanto aburrida. Creo que es más una novela para adolescentes que otra cosa.
Es una novela que narra la fase terminal de Rodri, pasando por los distintos estadios de un duelo. Cierra la novela con un suicidio que es una forma de terminar el proceso pero que no suele ser la habotual. N
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