Le iba a dar 3 estrellas pero me parece de muy mal gusto describir las partes íntimas de una nena de 6 años. Lo mejor del libro es la narración a través de olores, posta es un libro de not plot, just vibes.
Preciosa autobiografía sobre la infancia mediterránea del autor, ese escritor conceptista que dice tanto con tan poco, y además tan bien. De mayor quiero escribir como Manuel Vicent.
ah, los tiempos de antes: niños jugando afuera, perdiendo ojos, siendo abusados, prendiéndose fuego, siendo de ultra derecha... ni un celular a la vista.
hay algo un poco mágico, que te produce un efecto de nostalgia, en revivir los recuerdos a través de los sentidos. olores, visiones, experiencias físicas. las primeras sensaciones fuertes, grabadas a fuego. alrededor de estos descubrimientos, la violencia de un pueblo en la posguerra, los silencios y los huecos que un niño intenta llenar.
Primero de la trilogía que forma con Tranvía a la Malvarrosa y el Jardín de Villa Valeria (este último el que más me ha gustado). Sigue en la misma línea de poner por escrito las sensaciones de los recuerdos. Maravilla, y más si lo has leído en tu pueblo y con salitre en los labios
Contra Paraíso, de Manuel Vicent, es un libro que me atrajo por diferentes motivos. Su portada y su edición límpidas y claras en primer lugar, y su argumento en segundo. Es curioso que su argumento no me gustara hace poco tiempo, pero tiene cierto parecido con Ordesa, de Manuel Vilas, y como ese libro me gustó tanto, me lancé a leer este también, una edición que, por cierto, tenía porque pertenecía a la biblioteca de mi padre.
Para empezar hay que decir que no sé cómo definir este libro. Novela, autobiografía… Es considerada como un retrato supuestamente fiel de la infancia del autor, pero cualquiera sabe hasta dónde llega la realidad y hasta dónde la ficción. El autor, en todo caso, nació en el mismo sitio que el protagonista del libro, y en la misma época. En La Vilavella se desarrolla parte de la historia de la infancia de nuestro protagonista, un pueblo de poco más de 3000 habitantes actualmente que ha visto menguada su población paulatinamente en los últimos treinta años.
Entre restos de soldados muertos durante la Guerra Civil se desarrollan los primeros años del protagonista, que desde pequeño tuvo que ver cómo su padre, del bando nacional, se camufló en el ático de la casa de los republicanos que tomaron el pueblo hasta que llegaron los nacionales para que no se lo llevaran. Pasó sus primeros años anegados por la tradición católica que le impusieron sus padres, lo que me sorprende al recordar un 14 de abril (Día de la República para los despistados) que leí una columna del autor en El País en pro de la república.
Me gustan las historias reales o con pinta de serlo, y por eso me han gustado la ya nombrada Ordesa, y esta no se ha quedado atrás, porque el protagonista relata su infancia con sutileza y con una descripción de su pueblo que a veces me retrotrae a mi propia infancia. Narra la muerte de dos hermanos que fallecieron antes de que él naciera, la muerte de una amiga, cuando se hizo monaguillo y participó en muchos entierros… en definitiva, desde pequeño estuvo en contacto con la muerte. Incluso él mismo estuvo en coma tres días y llegaron a prepararle un ataúd porque creían que se moría.
Algún que otro pasaje me ha recordado inevitablemente a El florido pensil, de Andrés Sopeña, porque la infancia del protagonista se desarrolló irremediablemente durante el franquismo, un protagonista que cuenta episodios donde lo erótico se mezcla con lo naíf como su descubrimiento del sexo o de la exploración del cuerpo femenino con seis años, pero también episodios escabrosos como un intento de abuso por parte de un eclesiástico, algo que también le ocurría al protagonista de Ordesa.
Este es un libro espléndido para quien se sienta atraído por el género y quiera introducirse a un mundo que le deparará visiones nuevas de lo que fue nuestra España de la mano de un autor tan lúcido y brillante como Manuel Vicent. Adelante, la puerta a Contra Paraíso está abierta para todos/as.
Hace Manuel Vicent, con una prosa muy cuidada, vital, sensitiva, un recorrido por sus años de infancia en su pueblo, en plena posguerra española. Me gustó mucho.