Hay algo radicalmente contemporáneo en la mejor poesía medieval. Una exploración de la alegría y de las miserias de la vida, y un cara a cara con la muerte que se aproxima. Entre las principales figuras de la poesía medieval destaca el francés François Villon, autor de dos largos poemas: El legado y el monumental Testamento (de más de 2000 versos) donde deforma los valores caballerescos para dar voz a vagabundos y delincuentes, carne de presidio y de patíbulo, para que ofrezcan una visión burlesca, obscena y al límite de su experiencia, mediante un verso directo, muy expresivo.
Nuestra edición incluye también poemas de los predecesores de Villon como Rutebeuf o Charles d’Orléans, que permiten tomar el pulso a la época medieval. Un fresco de caminos y tabernas que prefigura a Villon, que por su inventiva verbal y su delicada melancolía está considerado el poeta medieval más grande de Francia, héroe literario de Rabelais, y uno de los más importantes de Europa. Con la excelente traducción de Vicente Monroy este libro nos ayuda a sumergirnos en la siempre cercana y a menudo desconocida poesía medieval.
François Villon (in modern French, pronounced [fʁɑ̃swa vijɔ̃]; in fifteenth-century French, [frɑnswɛ viˈlɔn]) (c. 1431 – after 5 January 1463) was a French poet, thief, and vagabond. He is perhaps best known for his Testaments and his Ballade des Pendus, written while in prison. The question "Mais où sont les neiges d'antan?", taken from the "Ballade des dames du temps jadis" and translated by Dante Gabriel Rossetti as "Where are the snows of yesteryear?", is one of the most famous lines of translated secular poetry in the English-speaking world.
“Al calor de las astillas un fuego que apenas ardió un instante.”
Me encanta todo lo decrepito, mugriento, decadente, angustiado y putrefacto en Villon. Como nos habla de lo feo, de los colgados, de los cadáveres, de los adictos, de las prostitutas y de los proxenetas, de los pecadores y de los castigados, de la fugacidad y de la muerte. A Villon le doy un 10 porque me parece un hito. Pero me apena que las traducciones hayan sido tan poco coherentes y que hayan reinterpretado tan ampliamente las palabras de este pobre y gran hombre.
“Mort, j'appelle de ta rigueur, Qui m'as ma maîtresse ravie, Et n'es pas encore assouvie Se tu ne me tiens en langueur: Onc puis n'eus force ne vigueur; Mais que te nuisoit-elle en vie, Mort ? Deux étions et n'avions qu'un coeur; S'il est mort, force est que dévie, Voire, ou que je vive sans vie Comme les images, par coeur, Mort !”
4,5 --> No tiene las 5 estrellas por motivos de la edición, y porque El legado no me parece del mismo nivel que El Testamento
Seguimos con las joyas descubiertas gracias a la carrera y profesores brillantes. El caso de Villon es la prueba de que la grandeza i la genialidad no residen en la originalidad absoluta, sino en la apropiación y ejecución sobresaliente de unos tópicos y tradición. La temática obscena y el lenguaje de la calle no son invención de Villon, son los medios de la tradición goliárdica; lo vulgar, el desencanto, la desfachatez, los vicios y la sátira de la pomposidad stil novista. En general esta tradición poética que se sirve de descripciones sobre lo grotesco y lo feo son un precedente de una literatura muy moderna, como el realismo sucio, que quita el foco de la belleza harmoniosa y busca el motivo estético en otros recovecos.
El genio de Villon reside en la cruda pseudo-biografía coral que hila sirviéndose de este molde. Un autor que vivió en sus carnes la miseria y la depravación de las clases más marginales, que utiliza su literatura como un testimonio de su condición en el mundo, escondida por el arte de las elites. Se sirve de perspectivas de toda clase de pobres gentes, de la escoria social, para construir el mosaico de su yo. Este fresco es complejo, lleno de tonalidades matizadas, de contrastes que trasladan una impresión ambigua al lector; repulsión, pena, risa, temor... Consigue evocar des de la bajeza humana un abanico de sentimientos ineludibles en la vida de cualquier persona. Además su literatura es veraz, transpira el hedor a sudor y mugre que debieron impregnar la carne de Villon, a diferencia de literatura de esta temática, como la de Cecco Angilieri, que le permitía distraerse contando historias guarras desde su trono.
Los ecos de Villon en la actualidad son inagotables: desde Baudelaire, considerado el origen de toda esta estética del decadentismo, hasta Emile Zola, Jean Genet, Camus, Poe. Para comprender la esencia en cuanto al tono y foco social de Villon, podemos compararlo con sus antecesores clásicos. Si Petrarca es el Horacio de la Edad Media, Villon es el Marcial y el Petronio. Petrarca y Horacio abarcan los nobles sentimientos, las damas y paisajes celestiales, las pasiones épicas y el estilo elevado... Por otro lado, Villon como Marcial y Petronio, bebe de lo que se ve en las calles, de la sátira a lo refinado y la gloria del vulgo terrenal, no sin ello lograr conmocionar.
Pone sobre la mesa temas universales en manos de los más vilipendiados. La insignificancia de nuestra existencia en el mundo *
Su poesía respira una filosofía a ratos determinista, en la que parece incapaz de huir de las garras de la fatalidad ni la pobreza: *No puedo luchar contra mi fortuna, que me ha tratado cruelmente*. Cuando habla de su origen describe la pobreza como algo que persigue a su linaje, que nos remite a la saga Rougon de Zola. Justifica el vicio con la necesidad. *La necesidad nos corrompe, el hambre saca al lobo del bosque.* Y también la hecha a la huidiza juventud inconsciente, que cree que podrá con todo y termina aplastada por el tiempo, las consecuencias de las decisiones, y la muerte. *Echo la culpa a mi juventud, que disfruté hasta hacerme viejo, por no avisar de que se iría.* Y en esta toma de conciencia muestra un destello de arrepentimiento, de no haber tomado las riendas de su vida. En unos de sus poemas más vulnerables describe la pelea entre su corazón y cuerpo, donde su mente y su corazón debaten sobre las decisiones de su vida. El corazón dice que pende de un hilo por el mal que el cuerpo se autoimpone, él que que dice que ya se redigirá y meditará cuando sea mayor. Después cuando el corazón le recrimina o haber perdido la cordura o preferir por gusto la maldad a la honradez, el cuerpo responde que todo dará igual porque morirá. La parte más interesante es cuando el corazón interpela directamente a esta resignación del cuerpo a las penúrias y la mala fortuna le dice: *Eres su dueño y te tomas por criado (...) el hombre sabio tiene el poder sobre los astros y sus influencias*, a lo que responde: *No me lo creo, soy como me han hecho.* Y cuando el corazón le da una serie de consejos para mejorar le advierte: *No esperas a tener que lamentarlo.* La encuentro la poesía más honesta y más desgarradora de Villon, donde muestra el duelo entre la incapacidad de huir del vicio y el deseo, y la conciencia de una alternativa mejor cultivada con el esfuerzo y voluntad. De la mano de este lo sigue Balada de la fortuna, donde este determinismo y fatalismo apela directamente a François (ya no Villon) que la llama de asesina cuando hombres más importantes que él le han llamado Fortuna. *Vives en la deshonra, de qué té quejas? No eres especial: Tantos hombres valiosos han muerto en mis manos, a su lado no vales nada.* De este motivo pesimista, existencial, poético lo siguen estrofas vulgares y banales, humorísticas, como: *Cuando cuelgue de una cuerda bien gorda, mi cuello va a saber lo que me pesa el culo.* Qué contraste a la hora de tratar la muerte. A ratos es su único consuelo, y a ratos también será desconsuelo, la muerte donde la putrefacción acecha a todos por igual; lo compara con lo que Job llama quemar los hilos sobresalientes de un manojo. Entrando ya en matices, en momentos nos dirá que es mejor vivir en la pobreza porque no se vive engañado por el relucir del oro. La carne sigue carne podrida por mucho que la guarde un sarcófago de diamantes; el pobre nada pierde, pues no tiene nada. El rico lo tuvo todo para terminar sin nada, ni sin ser nada. *Los muertos no saben quienes fueron*. Y la muerte es inexpugnable para todos *No importa que seas Paris o Helena*. la riqueza no puede comprar la eternidad, ni el secuestro agonizante. La presència de la muerte es constante, ya sea en las descripciones pestilentes de cadáveres, o en la evocació del ubi sunt: *Qué fue de las nieves de ayer*, *el viento se lo llevará*. Para mí Villon es un maestro en la recreación de la futilidad y el sinsentido de la vida; me llevó a esa frase de "Al faro" de Virginia Woolf donde dice que *La piedra enfrente de él durará más que Shakespeare*. Villon frente a este sinsentido se vuelca en el hedonismo. * Guardaos de ese mal olor que ennegrece a los muertos (...) pasadlo lo mejor que podáis y por dios no se os olvide que un día os llegará la muerte.* Diferentes personajes que nos lega y resultan inolvidables son: un anciano que espera la muerte como algo dignificante, que de jóven tuvo fama por ser divertido y ocurrente pero sus bromas han envejecido como él; también habla de una vieja prostituta que tuvo un cuerpo suculento y encendedor de hogueras convertido ahora en una pasa marchita. Su fugaz esplendor se compara con *el calor de las astillas de un fuego que apenas ardió un instante.* A ambos el paso del tiempo les roba la vida más allá de la muerte, muertos en vida. Por ello el final es la esperanza de los miserables, de poner fin a las humillaciones y gerarquías. *Se pasa la vida añorando la muerte con el corazón en un puño*. La misma anciana prostitua aconseja en la siguiente balada a las jóvenes guapas que aprovechen el ahora en que aún poseen su fruto, que no renuncien a los placeres carnales con los hombres porque luego ya nadie las querrá. Muestra las mujeres inclinadas a una naturaleza de prostitución por querer abarcar todo lo posible, manipuladoras incapaces de cumplir promesas. Esa donna angelicata satanizada. En otra balada habla de personajes despojados de cordura por el amor, *Afortunado el que no conoce el amor* Entre estos sujetos literarios que vulgariza en sus descripciones, se inmiscuye a él mismo y nombra a la que le hirió. En otro poema sobre su amor torturado del que no logra escapar, alienta a su amiga frente al tiempo sin frenos *Bebamos. Mientras el río lleve agua*. El alma que acompaña toda la obra de Villon paratextualmente es la de Tántalo; la insatisfacción eterna, el paso errante por un mundo que no le comprende: Un borracho:*Solía gritar: ¡Socorro, me arde la garganta!, pero nunca consiguió saciar su sed.* Cabe destacar el lenguaje malsonante y vulgar que emplea frente a temas que pueden parecer afines a Petrarca y Dante. Una de las baladas que mejor ilustran esa suciedad, el gusto por lo grotesco, es la de Las lenguas envidiosas: *En el agua de lavar las piernas de un leproso (...) En los sesos de un gato moribundo, negro y tan viejo que no le quedan dientes (...) que frían esas lenguas envidiosas. (...) (...) Si no tienes cedazo, saco o colador, pásalos por el fondo de unas bragas zurrasposas después de frotarlas en caca de cerdo.* Otro elemento que hace inolvidable la poesía de Villon son las crudas imágenes que esculpe en tu mente, cuando dice que todas aquellas cabezas que se inclinaban unas frente a otras son apiladas y desordenadas en un montón. Este tono muchas veces impregnado de humor cínico, parece un mecanismo de defense frente al pesimismo y la miseria, la falta de dignidad de su vida. Esta naturaleza de la contradicción la ilustra por ejemplo Balada de los proverbios, donde enumera una serie de contradicciones humanaes, de extremos y absurdidades del día a día, y esta existencia errante que condena el espiritu tantaliano. *El loco vive tanto que se vuelve cuerdo, se aleja tanto que vuelve al punto de partida, se lleva tantos golpes que se pone firme.* La Balada de las contraverdades es un ejercicio similar, pero en este vemos una serie de paradojas en que el sentido verdadero reside en lo contrario. En Balada de los juegos de Blois o de las contradicciones, aparece nítidamente la imagen de Tántalo: *Me muero de sed junto a la fuente, me castañean los dientes cuando hace calor, en mi país me siento un extranjero (…) soy muy querido y por todos rechazado.* El sentimiento de sentirse desarrelado, perdido y solo son quizás el desencadenante principal del carácter de toda su obra. En un poema que se describe en una muerte agonizante va repitiendo *¿Vais a dejar aquí al pobre Villon?*, como si sintiera que es dejado morir por su entorno, tanto por sus iguales viciosos como los que pueden socorrerle.
En definitivia, Villon es un autor que golpea como un hachazo clavado en la columna, que hace estremecer todos los nervios del cuerpo, mientras tu agresor te mete en un hoyo que ha cavado y te dejar caer en las catacumbas del alma.
Este hijo de hada siembra en su jardín amurallao la semilla de la esperanza y cree, firme y libremente, en pleno uso de sus facultades, que está en nuestra naturaleza querer amarlo todo a la vez. Así que esfuércese por hacer el bien, sea fuerte y alabe sin descanso, que si se cansase estaría siendo injusto. Hay que hablar bien del bien. Por eso te rindo mi obediencia.