En octubre de 2021, un reconocido profesor de básquetbol se suicida en la ciudad de Linares. La comunidad se agita y un grupo de exalumnos intenta lidiar con la ambivalencia: comparten el alivio de que el entrenador ya no abusará sexualmente de niños y adolescentes, pero también sienten rabia y frustración por no haberlo visto encarcelado. La muerte, de hecho, ocurre pocos días antes de su formalización y de un reportaje periodístico que haría pública la vivencia de los jóvenes.
La pelota no se mancha es una crónica de laberintos, perversiones y fragilidades. Un relato estremecedor en el que las voces de los afectados tienen el espacio para compartir y procesar el daño. La escritora y psicóloga Liza Toro organiza los sucesos ocurridos a lo largo de dos décadas y, a la vez, indaga en el nocivo estereotipo de género masculino que dificulta el reconocimiento de las experiencias abusivas. Un libro valiente y conmovedor
Como crónica no está mal, pero tengo objeciones importantes respecto del libro que me impiden ponerle más estrellas. Además, tiene varios problemas de redacción.
Entre el futbolcentrismo y el patriarcado, pensé que se trataba de una historia de abuso a mujeres en el mundo del fútbol. Era cosa de mirar bien la portada para darse cuenta de que "la pelota" era de basquetbol. Y en la primera página se sabe que las víctimas son hombres. Pero esa no era la única sorpresa. Los denunciantes son personas adultas, que trabajan, por lo que saber que el abusador tenía poco más de 40 años al momento de la denuncia fue perturbador. No era un viejo como Karadima que tenía harta diferencia de edad con sus víctimas, era la historia de un joven con adolescentes. Tampoco había una narración circunstanciada de los hechos (reconozco que esperaba morbo), una línea del tiempo o una historia de vida del abusador. Es más bien una especie de collage donde se entremezclan conversaciones de la autora con 20 personas con distinto nivel de involucramiento y conocimiento, una variedad de libros, documentales y películas sobre casos de abuso en Chile y el extranjero. Y donde el foco son las víctimas, y las dificultades que tuvieron para entender, reconocer y denunciar lo que les había sucedido. Cómo tuvieron que luchar consigo mismos y su entorno y cómo es más amable cuando encuentras a otros con vivencias similares y puedes confirmar que es algo real. Durante el texto me fui llenando de preguntas, muchas de las cuáles aparecen luego en el epílogo, que abre a la reflexión. ¿Qué es "lo justo" en estos casos? ¿Es lo correcto sobreseer porque muere el denunciado? ¿Qué pasa en esos casos con los denunciantes? ¿Cómo se valida su experiencia? ¿Cómo se repara el daño? ¿Creerán las víctimas en la justicia divina como último consuelo?
Cronica desestructurada que intenta argumentar y poner en la palestra el abuso sexual masculino. Lectura liviana pero se pierde el hilo en la secuencia narrativa
Es una investigación interesante sobre un tema que es brutal y que demuestra cómo opera la justicia en Chile en relación al abuso sexual. Sin embargo, la autora decide incorporar casos extraídos de películas, lo que creo que no aporta. La historia es lo suficientemente potente como para intentar establecer paralelos con la ficción. Está bien contada y hay una muy buena selección de entrevistas.