Por una educación republicana habla de una educación de altas pretensiones morales, forjada en el constructivismo dominante, pero que no proporciona los niveles de calidad requeridos. Frente a las apelaciones genéricas a la espontaneidad y a la construcción autónoma de la personalidad, Luri aboga por las virtudes republicanas del modelo educativo (pluralismo, trabajo en equipo, argumentación, etc…), por reivindicar la virtud y por reforzar los lazos de copertenencia entre los actores del sistema. En definitiva, por defender en la escuela una ética del deber antes que una ética de la curación
Luri opone a los ideales meritocráticos clásicos a Young y Rawls pero también ¡a Stalin! Sería de agradecer que hubiera prestado más atención a GA Cohen, por ejemplo. Por ejemplo, no opone, a Galbraith a la mezquindad o corrupción de malos gobernantes de derecha que se encargaron de cronificar el fracaso escolar, aunque, como mínimo, desprecia al tory Michael Gove. Es un libro del principal pensador conservador de nuestro tiempo y como tal, es culto, entretenido y digno de atención; su republicanismo meritocrático es convincente cuando apuesta por ciertas cosas, pero sigue sin poder elegir entre el criterio de beneficio que los amos minarquistas prefieren y su reivindicación, antiutilitarista y elitista, de un humanismo. Seguiremos leyendo a Luri. Este libro es una pieza de acompañamiento a La escuela contra el mundo.