Lo releí después de casi cuatro años y me siguió pareciendo un libro raro (y trágico) de pelotas, pero me resulta muy interesante uno de los aspectos (yo diría claves) del libro: el continuo guiño a la identidad canaria, ya sea mediante el léxico, mediante la representación de las costumbres, o mediante la descripción de algunas zonas de la isla de Lanzarote, como Femés, Uga o La Geria. Podría resumirse como una novela que mezcla el terror y las influencias del realismo mágico del Boom latinoamericano con diversos parajes conejeros.