Estuve leyendo este libro mientras estaba embarazada de mi primera hija, creo que el nacimiento, y sobra decirlo, es un acontecimiento especial. Para mí, no debería vivirse en un frío hospital, con miedo y dolor insoportable que se ahoga con anestesia, sino dentro de una atmósfera mágica, despierta, más despierta que nunca a la vida que transita por el propio cuerpo. El nacimiento es continuidad de la sexualidad pero va más allá, es traer al mundo una nueva vida, que persistirá idealmente más allá de nuestra propia muerte, es trascender. El nacimiento nos pone cara a cara con nuestra abrumadora capacidad creadora, que viene del placer, de la sexualidad. Este acontecimiento marca el comienzo de algo precioso, de lo más precioso que es traer una vida humana a este mundo.
Con el nacimiento, creo que muchas cosas mueren y muchas cosas surgen al mismo tiempo. Nadie se puede preparar para algo que no conoce, es casi como acercarse un poco a la muerte misma. Para soltarse a las sensaciones más intensas, para confiar.... y finalmente resurgir, renacer, es una experiencia CUMBRE, transformadora. Como sea que se viva porque siempre ocurrirá algo inesperado.
Más que describirlo intelectualmente también es algo del cuerpo, de la misma sabiduría del cuerpo de la mujer, y una muestra intensa de cómo esta mujer vive en su propio cuerpo. Las hormonas, las ondas cerebrales, el cerebro mismo te va preparando para la experiencia, es cuestión de irse adentrando en el cuerpo. Ser cada vez más instintiva, más animal. Apagar tu neocortex, no pensar y dejar que el cerebro primitivo haga lo que sabe hacer.
Cuando se estudia también este episodio en la vida de las mujeres, desafortunadamente se puede apreciar la violencia propia del patriarcado una vez más impresa sobre el cuerpo de las mujeres. Creo que es tiempo de irnos empoderando de nuestro propio cuerpo, las herramientas están más que disponibles actualmente es tiempo de investigar y sentirnos seguras con lo que elijamos vivir, elegir pero con información.