Dans une série de lettres s’échelonnant entre mai 1789 et août 1793, Marguerite Paradis, tenancière d’un bordel d’enfants pour libertins, expose à son amie Louise, qui désire ouvrir le même type de commerce à Bordeaux, les divers tracas auxquels il lui faudra se confronter pour faire tourner sa maison : aménagement des locaux, domesticité, clientèle et marchandise, autant de questions qu’elle continue de résoudre dans sa maison de la rue des Fossés-Saint-Germain. Mais ces détails pratiques ne sont pas le seul intérêt d’une correspondance qui, dans une langue précise et imagée, restitue les interrogations d’une femme confrontée à la tourmente révolutionnaire qui va balayer le régime monarchique.
Attentive aux moindres soubresauts de Paris, Marguerite jette un regard sans illusions sur le genre humain, dont elle connaît bien la veulerie et l’inconséquence. C’est d’ailleurs cette vision sans fard des sentiments humains qui donne au texte toute son intensité. Libertine dans l’âme, Marguerite explore les ressorts secrets du cœur, tant chez les autres qu’au plus profond d’elle-même. Passionnée par le bel hermaphrodite Tirésias, Marguerite tente de cerner, au plus près, la naissance de cet amour qui va l’arracher à la cruauté ordonnée des jeux libertins pour, la dépouillant de tout artifice, l’abandonner aux lisières de son être intime.
Gabrielle Wittkop (née Menardeau) (1920-2002) was a French writer. She was born in Nantes. She married Justus Wittkop, a Nazi deserter, in Paris and moved with him to Germany in 1946 after the end of the Second World War.
Her first book, on the German writer E.T.A. Hoffmann was published in German in 1966. Her first novel Le Necrophile (The Necrophiliac, 1972) was published in 1972 by Régine Desforges. She wrote several highly regarded novels and travelogues. She also contributed to the art pages of the Frankfurter Allgemeine Zeitung.
After her partner committed suicide, she wrote an account of it in Hemlock (1988). She herself committed suicide in 2002, after she was diagnosed with lung cancer. Although popular in France and Germany, Wittkop's works are not widely available in English. The Necrophiliac was translated in a Canadian edition by Don Bapst in 2011.
Gabrielle Wittkop no defrauda. Cabaret Voltaire, editorial de cabecera, vuelve a ponerla en la estantería de novedades con el librito "La vendedora de niños", que dedica al Marqués de Sade, quien incluso aparece como un personaje entrañable. Emparentado con el sublime "El necrófilo", en esta ocasión el objeto de su malicia son los niños. En esta entrega póstuma, Wittkop nos sumerge en las perversiones de un burdel situado en el Paris de la Revolución Francesa, donde el principal objeto de placer y juegos son chiquillos que la madame procura para mayor deleite de sus clientes. El libro se presenta en forma epistolar, solo conociendo las cartas que la experimentada dueña del burdel dirige a su homóloga e inexperta amiga que regenta un local similar en Burdeos. Así nos situamos ante una sucesión de consejos y situaciones (contadas de tú a tú) que dan cuenta de las mayores perversiones imaginables protagonizadas por aristócratas, libertinos y demás clientela distinguida. Uno de los méritos de Wittkop es que sabe cuándo parar y dejar al lector en el morbo anhelante de querer leer más y más atrocidades. Tú decides seguir su juego o no. El otro, la forma de escribir, a la que nos tiene acostumbrados de anteriores entregas, de desbordante belleza. Como ella misma declaró: "Se puede escribir cualquier cosa, pero hay que saber cómo". Mención especial a la edición de Cabaret Voltaire y a la traducción de Lydia Vázquez.
. 📚 La vendedora de niños ♀️ Gabrielle Wittkop 📕Fisico
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⭐5⭐
YASSSS!! AMO
Después de leer El necrófilo que fue un antes y un después en mi vida como lectora, leí Cada día es un árbol que cae y Serenísimo asesinato, que me gustaron, pero no me encantaron. Echaba muchísimo de menos el sentimiento que experimenté con El necrófilo, y sabeis?.. esta novela es oro puro.
Marguerite, nuestra principal protagonista, le manda cartas a Louise, una amiga que está empezando a montar su propio negocio y Marguerite, como buena amiga, le da consejos y ofrece su ayuda. Donde veis un buen acto, el negocio no es lo tanto, y es que Marguerite se dedica a la ex.pl0.tación, a.Bus.0 y pr0st.itu.ción de niños y niñas. (Coñe con las palabritas)
Y dices ª* genial. No, no lo es, para nada. Los primeros capítulos Marguerite con toda la frialdad habla y se refiere a los niños como mercancia sin valor. El problema llega unos capítulos más tarde que con pelos y señales narra lo que les hacen a los niños, qué les sucede o cómo se deshacen de ellos.
A ver, es un libro MUY DIFICIL, muy duro, muy desagradable, horrible, terrorífico, pero, a mí me ha fascinado no os voy a mentir. ¿Pretende la autora hacer una justificación de los abusos? No ¿Pretende la autora dar una lección moral? No. La autora se dedica a narrar ciertos hechos que, aunque nos duela y nos crea rechazo, disgustó y asco, esto sucedió en una Paris decadente donde no había leyes ni control. La pobreza, la compraventa de niños y la tasa de mortalidad tan alta era imposible controlar legalmente lo que se hacía con esos niños.
Lo que me fascina del libro y de la autora es que es capaz de los actos más atroces del ser humano, plasmar con palabras y crear arte con ellas. Las descripciones, horribles aún así, son hermosas. Os lo juro tenía un don esta autora. Leería todo de ella. Así que por favor @cabaret_voltarire publicad TODO DE ELLA lo necesito.
No es para todo el mundo, entiendo que la gente lo abandoné, pero si tenéis estómago, recomendado 100% Por cierto, una mención especial a @veedlenbooks que lo leímos juntas y fue aún más "divertido".
*(Se lo copio a mi gran amiga @mimiand que me meo cuando lo usa)
He leído todos los libros de Gabrielle, y me habían gustado todos.
Pero mientras que en los anteriores lo grotesco, lo sórdido y lo aberrante estaban al servicio de una historia, de una idea, en éste forman el fin último.
¿De qué hablo? Hablo de página y más páginas dedicadas a describir todo tipo de atrocidades contra niñas y niños pequeños.
Ya está, ese es el libro.
Páginas y más páginas de niñas de 5 años siendo sodomizadas hasta que mueren y un señor se las lleva para comérselas. De niños de 10 años penetrados por instrumentos de madera mientras alguien les viola oralmente y otro se masturba mirando...
quien diria que unas cartas de una alcahueta sadica acerca de como organizaba los abusos, violaciones y demas violencias a niñxs estarian tan bien escritas
NO para gente sensible (para el resto perfekta la nena 💋)
Pues que quereis que os diga, que es una salvajada?. Pues si. Que ni me escandaliza ni me sorprende, pues tb. Sabes a lo que te metes. Y sinceramente, esperaba que fuese muchísimo más duro. Y que me sacará de la zona de confort...y claro, en gran parte del libro lo hace. A ver, que es muy duro y desgradable, y únicamente para lectores evidentemente adultos y curtidos. Pero no perdamos de vista el fondo, que es una crítica brutal a la hipocresía y casi por elevación a los seres humanos. A la perversión humana, que no tiene límites. Y razón no le falta . O igual no vemos las barbaridades a diario, en los telediarios?. Recomendable,joder ,no. Es desagradable, pero está bien escrito..y busca descolocarnos. Lo logra.
Una animalada, el pitjor que he llegit mai, grotesc, mòrbid, malaltís... ni tan sols justificable pel contrapès poètic d'altres llibres de la Wittkop. I m'ha encantat. Suposo que, de retruc, tots aquests adjectius se m'apliquen directament. Llegit, com sempre, amb el Lluc.
Novela epístolar que presenta las confidencias de una jefa de un burdel infantil en la Francia revolucionaria. La obra es heredera directa de «El necrófilo», tanto por su estructura, su tono y su tema. Diría que hay una mejora general en la narrativa, después de todo, hay un trecho de 31 años entre las dos obras, pero aún así no se sobrepone ni al encanto ni la evocación de la prosa de su primera novela. Tampoco lo considero un problema, la autora tiene aquí otros intereses y fijaciones a la hora de escribir.
La obra es turbia con ganas, las violaciones son grotescas y continuas, pero hay algo en ese talento estético de Wittkop que hace que el horror se diluya y que, sin saber por qué, sigas leyendo. Creo que no he pillado la obra del todo y no sé si he captado todos los matices que puede ofrecer, más allá de la belleza de su prosa. Por ahora me quedo satisfecho con tan solo haber disfrutado de su lectura, aún si me ha provocado más de una arcada.
Hay libros que te atrapan, otros que te remueven… y luego está este.
Leerlo ha sido un auténtico desagrado. No me ha gustado. Hay que tener el estómago muy fuerte para soportar una historia construida a través de cartas donde los niños sufren atrocidades inimaginables a manos de personas completamente desquiciadas.
No es una lectura ligera, ni mucho menos recomendable para cualquiera. Es de esos libros que te dejan mal cuerpo, que incomodan, que te obligan a apartar la mirada.
Полный пиздец, абсолютно за гранью, однако, оторваться невозможно, написано так великолепно тонко, что читается взахлёб через боль и абсолютное омерзение к миру, это ли не есть шедевр. Но, пожалуй, для человека, не умеющего отстраняться от содержимого ради наблюдения безупречного текста, это и правда перебор. Мягко говоря. Со сцены с аукционированием гермафродита и последующей оргией я даже натурально проржался, насколько многогранна эта повесть.
Quien decide leer esto, no comprendo sus críticas negativas y escandalizadas. Se sabe a lo que se va, siendo esta autora, una “tímida” sucesora del Marqués de Sade. He leído la biografía de Sade, y sus obras no son solo producto de sus excesivas y abrumadoras fantasías no consumadas, sino que fue encarcelado en varias ocasiones por algo más que su pluma denigrante, un sádico en su vida cotidiana y de interesantísima vida. Así que me interesaría muchísimo leer la biografía de esta autora, porque todo lo que cuenta tanto en esta obra como en El necrófilo, debe de esconder una interesante e tortuosa personalidad digna de estudio, así como él fin de sus días.
Es una novela epistolar fantásticamente adaptada sin perder el rigor histórico de la época con retazos acertados. Renace a Los libertinos Sadianos en su prosa culta, escrita con delicadeza, a pesar de lo que cuenta. Si no se abandona la obra, te das cuenta que no es un catálogo depravado sin más, si la continúas encontrarás los sentimientos que a su manera, tiene la protagonista, y hechos históricos que se nombran por encima de la convulsa Revolución francesa detallados al final de esta edición, a modo de glosario.
Cómo voyeur psicológico literario, y lectora de toda una vida no se puede desdeñar la escritura de esta autora, con un estilismo atmosférico que te mantiene pegado a sus páginas. Obra que increíblemente es como si hubiera sido escrita hace siglos. Su densidad no está solo en lo que describe y la carga emocional que te produce, sino en qué hueles en sus páginas, esos olores de los personajes y sociedad de ese París decadente.
Y con una cita que comparto totalmente, doy fin a esta humilde crítica. -Se puede escribir cualquier cosa, pero hay que saber cómo- Gabrielle Wittkop.
«We’re not created for virtue» says Wittkop and demonstrates this with her poisonous, scary, but damn well written works. This novel was published shortly after Gabrielle’s death and had to travel through quite a few of Parisian publishing houses, which weren’t prepared for such chilling scenes.
The main character Marguerite Paradis runs a brothel, and not just a brothel, but one that sells children.
This novel is sickening to read, but still the attractiveness of the vice paralyzes and stops you from throwing the book away in disgust. Disgust, anger, sadness, pain, pity… There are so many emotions in such a small book.
The things described in this novel make you want to vomit. But such stories are needed to remind us of how far people can sometimes go to amuse themselves.
Soy de libros duros pero con este tuve pesadillas ¿y con que finalidad?. No sé si no aprecio la reflexión o no es suficiente para leer lo que hay en estás páginas, de todas formas, me hizo despertarme de madrugada y eso cuenta.
Siempre he creído que la ficción nos protege. Como si existiese un pacto tácito entre lector y escritor. El lector se aproxima a la obra, se adentra hasta las profundidades de lo abyecto con la seguridad de que esa misma ficción es la que le salvará, pero la ficción no siempre nos salva y solo nos queda cerrar el libro con la esperanza de que pase. ¿Y si no pasa? Esto es lo que me ocurrió al leer La vendedora de niños. Confíe en Gabrielle Wittkop cuando decía que sus libros no eran provocadores: “Si la gente se escandaliza, simplemente demuestra que es escandalizable, eso es todo”. Y yo me abalancé sobre el libro como un adalid de la marginalidad, de lo desagradable, del mal; pero me escandalicé. ¿Me había convertido en esa lectora escandalizable? No recuerdo la última vez que un libro me dejó en este estado. Pensé que era por la violencia, pero violencia hay en muchos libros y también hay libros extraordinarios que la utilizan para hablarnos del poder, del deseo, de la guerra o de la condición humana. Aquí la sensación es distinta. Lo que me rompe no es solo lo que ocurre, es que ocurre sin el consuelo de una explicación. Siento asco, un rechazo físico y, sin embargo, sigo leyendo. Durante varios días me he preguntado si eso dice algo inquietante de mí, hasta que he comprendido que la verdadera pregunta no es por qué continúo, sino qué está haciendo el libro conmigo. Creo que no me está enseñando que el ser humano sea peor de lo que imaginaba. Me está obligando a admitir que esa forma del mal existe y pertenece a la condición humana. No porque todos seamos capaces de ella, sino porque ha sucedido, sucede y seguirá sucediendo. Lo insoportable no es descubrir a los monstruos. Lo verdaderamente insoportable ha sido aceptar que no pertenecen a un universo paralelo, sino al mismo mundo que habitamos nosotros. No soy un monstruo por leer esto, del mismo modo que Gabrielle Wittkop no lo era por escribirlo. Tampoco soy una lectora escandalizable, pero el mal, concretamente el mal por el mal, es algo en lo que no encuentro consuelo y he estado esperando ese asidero de Wittkop sin éxito. No, la ficción no nos salva de nada, pero sí nos muestra de qué necesitamos ser salvados.
No podría calificar esta lectura. Sí confirmar que se lee rapidísimo y que no teme herir las sensibilidades del lector. Eso lo valoro muchísimo. Además, amo a Lydia Vazquez así que todo lo que ella traduce lo quiero leer.
Un cinismo delicioso, celebro la apuesta tan arriesgada de Gabrielle:《No, mi buena amiga, no quiero disculparme, porque puede ser que no merezca ninguna disculpa, solo quiero contaros cómo llegué a ejercer una profesión ciertamente útil a la humanidad, pero odiosa de por sí, y que aborrezco cada día más. Ya sé lo que vais a decirme…, pero una se endurece con los años, en esto como en todo, y si se diera rienda suelta a la piedad, nadie sería capaz de ejercerla ni un solo día.》
Todos los libros de esta señora me encantan pero hacen que me quiera arrancar los ojos. No es tan bueno como Serenísimo Asesinato o El Necrófilo pero está chulo.
Buena crítica social. Es interesante porque te deja con la duda de si al final la señora quiere dejar el negocio no solo porque ya no le presta sino porque parte de ella ha empezado a sentir remordimientos. En cualquier caso, es un final abierto así que da un poco igual lo que le haya pasado a esta señora en particular, el negocio sigue porque sigue habiendo clientes para él. Louise ha tomado su testigo.
Me gustó la crítica al ejército, buena referencia velada a El Suicidio de Durkheim.
"La vendedora de niños", de Gabrielle Wittkop, mantiene la inclinación de la autora por explorar la violencia y la perversión humana, pero a diferencia de El necrófilo (que me deslumbró), carece de esa belleza fría y sensibilidad perturbadora que hace de su narrativa algo hipnótico. Los hechos son crudos, incluso extremos, pero la prosa no alcanza la misma delicadeza ni el impacto estético, dejando la sensación de que lo impactante se impone sobre lo poético.
Estive várias vezes para desistir da leitura. Fiquei nauseado, incomodado, sentia que não era capaz de continuar. Raiva, dor, nojo, pena, repulsa… que desespero. O mais hediondo do ser humano, num retrato de uma Paris que existiu - e isso é o mais chocante. (existirá hoje algo assim? como poderíamos seguir vivendo se o soubéssemos, é também esta uma inquietação). Enquanto escrita, não vejo onde se possa chegar mais longe na (re)criação da maldade.
Nada en contra de lo repugnante (este libro lo es, el título es bastante explicativo). Mi problema es que es grotesco porque si. Sin propósito. Esto y leer el manual de un carnicero es lo mismo. Asqueroso sin más. Es epistolar lo que lo hace interesante, también que intenta pobremente introducir el contexto post revolucionario.
Lectura bastante corta, en mi opinión muy bien narrada aunque para nada es el estilo de obra que yo leería. Probablemente refleje las atrocidades tan realistas que se vivieron en París en aquella época, pero en muchas de las cartas creo que se podría haber ahorrado ciertos detalles.
It is the 18th century. It is France. It is the days of the revolution. And the location is a child brothel.
God bless Wittkop’s wicked mind.
The book is presented in letter form, where the owner of said brothel is telling her female friend in London (if I recall correctly) about life in France. And particularly about the joys and troubles of providing children to the aristocrats, misfits and libertines roaming the streets in this chaotic era.
Since we never get to see the responses from the pen pal, La marchande d'enfants pretty much becomes a 100 page monologue, which is quite short and sweet, but Oh Boy, what a ride it is.
For me personally, this little masterpiece is a novella about juxtaposition; the sublime clashing with heaps of debris.
The writing is crisp, precise and beautiful (since I've read a translated version of the book, I've obviously put some faith in the translator here).
One of Wittkop's strengths in my opinion is that she knows when to hold back. She rarely, if ever, go completely balls out. It's about straddling the line and having the morbid creep of a reader (yours truly) longing for more.
The influence by Sade is prominent throughout (this is also noted, and expanded upon, in the brilliant afterword in the Swedish translation). The Marquis is even included as a character, which I thought was a nice gesture. Hell, the whole book is dedicated to him so. And Sade influence in mind, Wittkop still doesn't regurgitate his ideas, but manages to create something of her own.
Arrepiante. Livro de difícil digestão. Custa a ler os relatos chocantes e escabrosos com requintes de malvadez. Retrata bem o mal que um ser humano pode fazer ao seu semelhante, principalmente quando este é mais indefeso como o são as crianças.
📚 Novela epistolar cuyo argumento o trama atrapa y espanta a la vez. Como cuando miramos una película de terror o nos atrevemos a subir al tren fantasma, el horror produce esa atracción, sabemos que vamos a sufrir pero no podemos dejar de ver. ¿De que van las cartas? La regenta de un prostíbulo que, entre otras atracciones ofrece niños/as, describe habilidades y enseña el oficio a una amiga y aprendiz.
📖 Así, entre carta y carta, nos asomamos a perversiones diversas a la vez que desentrañamos la hipocresía del momento histórico y sus características culturales y sociales. Fines del siglo XVIII, en la Francia post revolución, aún sin derechos para mujeres, niños/as y pobres, el Marqués de Sade entre sus clientes y miserabilidad, inmoralidad y crueldad sin límites para la búsqueda de dinero y placer.
✒️ Directa, sin escrúpulos, negrísima en su contenido y explícita en su lenguaje. Una narrativa que denuncia, describe y expone, sin medias tintas, un drama que acontecía en el pasado y sigue ocurriendo en el presente. No apta para débiles, una lectura que corta la respiración, perturba, angustia y, a la vez, alecciona. Si se animan...¡Adelante!