Empecé a leer esta fábula porque vine al dentista y me olvidé en casa el libro que estaba leyendo, así que busqué en mi biblioteca virtual algo corto para matar el tiempo de espera. Pensé que iba a ser una lectura dulce pero terminé medio escandalizada...
Esta fábula fue escrita en 1902. El número solo ya da una idea de qué es lo que encontré acá que me desagradó tanto. El texto es muy machista, pinta una idea de las mujeres que se escapa de la realidad actual, mujeres que cocinan, limpian y crían, que son mágicas, que con sus encantos domestican hasta al más salvaje de los animales (sí, incluyo también al hombre (hombre como varón, no como especie)).
Antes de continuar con mi reseña, quiero dejar claro que siempre trato de tener muy en cuenta el contexto en que un texto fue escrito para que mi juicio no sea demasiado tajante o agresivo. Estoy muy segura de que hace más de un siglo esta fábula y su versión de la mujer, con la manera tan pomposa en que nos describe, habrá sido considerado un halago o hasta un gesto de caballerosidad. Y es que, realmente, está muy bellamente escrito. El problema es que también romantiza cosas con las que no concuerdo, como la domesticación de animales salvajes: esta fábula enseña una versión muy simpática de por qué los caballos nos dejan subirnos a sus lomos y por qué las vacas nos convidan su leche (spoiler: ellos ni nos dejan ni nos convidan nada, nosotrxs los obligamos). Me puedo llegar a convertir en libertaria antes de leerle a mis hijxs cuentos donde se romantiza la crueldad animal.
Este relato está narrado de una manera muy hermosa, pero, incluso siendo consciente de que fue escrito hace 120 años, se me hace imposible mantener una mirada objetiva cuando hay tantas cosas que me generaron conflicto (y cuando, en tan pocas páginas, tuve tantas veces que frenar la lectura para asimilar el nivel de cringe que estaba manejando).
Estoy tentada de dejarlo con solo una estrella. Si lo subo a dos es por las absolutamente HERMOSAS ilustraciones y por la personificación del gato, tan acertada como graciosa. Y un poco porque me da culpa calificar tan bajo un texto escrito en un contexto distinto para un público menos preocupado por cuestiones de género o especistas, pero bueno, qué se le va a hacer...