El duelo es, probablemente, la experiencia más compleja que experimenta el ser humano. Y, por ende, cada cual lo vive de manera diferente.
En estos tres relatos, que están conectados, si se quiere, en una misma experiencia, Clara Obligado expone tres formas de transitar un duelo, de lidiar con la ausencia, de hacer frente al vacío y al dolor, mientras el mundo sigue girando.
Una madre, quien escribe, narra y desarrolla una ficción “paralela”, sufre una pérdida que la conlleva a huir. Y una segunda pérdida que la atraviesa de forma definitiva. El duelo ya no tiene forma y decir adiós es imposible.
La hija, que la convierte en abuela. Entonces además del duelo, llega el recuerdo, las miradas al pasado que están cargadas todavía de adioses.
«Recueras cómo era de verdad ser madre, esa exigencia tenaz, y disfrutas de la felicidad de no serlo. No tienes por qué enseñarle nada, ya no es tu obligación, de modo que no la regañas».
El duelo no solo deja heridas, nos transforma. Y los otros, los que permanecen a nuestro lado, experimentan ese cambio, para bien o para mal.
La conexión entre estos relatos, que hace sentirla como una novela también, tienen mucho más que duelo: hay giros inesperados, distopías, sueños, cotidianidad, literatura, miedos y despedidas, no solo de personas, sino también de lugares, seguridades y confort.
Y luego está lo que queda para quienes sobrevivimos a la muerte del otro:
«¿Hay algo que no muera con la muerte? Entre los rituales domésticos la verdad y la tristeza me disuelven».