O que transforma dias banais em dias perfeitos? Quando o lúdico passa a ser apenas rotina? A resposta parece passar por Peter Handke, mas estaria em Faulkner, em suas cartas à sua amante Meta Carpenter, mantidas nos arquivos literários da Universidade do Texas.
Em um congresso, o jornalista espanhol Luis inicia um relacionamento amoroso com a arquiteta mexicana Camila. Ambos casados, verem-se uma vez ao ano e desfrutar de alguns dias perfeitos - do tipo em que vemos beleza em uma revoada de morcegos - poderia ser o arranjo perfeito, que lhes permitia continuar com seus amores de rotina. As coisas não saem como planejado, e Luis escreve sobre seus amores com sinceridade, encantamento e – algo infelizmente não tão comum em relacionamentos amorosos malfadados – respeito e consideração pelos envolvidos e seus desejos conflitantes.
Sabemos que todas as cartas de amor são ridículas. Aqui temos duas cartas inteiras e referências a várias outras. Universal do idílio à tentativa de evitar o fracasso, Bergareche lida de forma desmistificadora e, paradoxalmente, apaixonada sobre a matéria de um relacionamento amoroso e cativa o leitor ao deixar de lado o que e, sim, questionar como.
Jacobo Bergareche (London, 1976) abandoned his Fine Arts studies in Madrid to study Literature and Writing at Emerson College in Boston. He combines writing with his work as a producer and scriptwriter of series. He is author of the poem collection Playas (2004), the play Coma (2015), the series of children’s books Aventuras en Bodytown (2017), the autobiographical novel about his brother’s murder Estaciones de regreso (2019) and the novel Los días perfectos (Libros del Asteroide, 2021). He lived in Austin, Texas, for four years, and was able to conduct research into the private correspondence of various writers at the Harry Ransom Center; Perfect Days (Los días perfectos) is one of the fruits of that research. He lives in Madrid with his wife and three daughters.
Comenzó muy bien, la premisa era interesante, sin embargo, y a medida que fui leyendo, la historia se desinfló y perdió fuerza. Por otro lado, el autor hace referencias comunes y burdas en lo que se refiere a México y no me gustaron.
Por un lado tenemos a Luis, cuya voz narrativa lleva el peso de toda lo novela. Su discurso me ha parecido una oda a las aventuras extramatrimoniales o un agitemos el árbol de la vida, que pasen muchas cosas, buenas o malas, pero que pasen cosas extraordinarias para alejarnos del tedio de la rutina. Días perfectos e inolvidables.
Y ese discurso está muy alejado al mío. Porque mis días perfectos están basados en la rutina. En llevar a los niños al cole, en ir a buscarles y que me cuenten cómo les ha ido, en jugar con ellos, en verles crecer y aprender con sus miradas limpias e inocentes. Mis días solo dejan de ser perfectos cuando sucede algo extraordinario. Algo extraordinariamente malo.
Pero por otro lado me ha encantado cómo está planteada la historia. Luis y Camila. Faulkner y Meta. Las cartas. Los símiles. Las viñetas. La belleza de la prosa del autor.
La novela es breve y me ha gustado. La he sentido perfectamente imperfecta. Imperfectamente perfecta.
Tengo dicho, creo, que no me gusta exhibir mis reparos lectores. Probablemente para evitar que el día que me convierta en escritor me receten la misma medicina, ya se sabe que quien a hierro mata a hierro muere, y que uno recolecta lo que siembra, es ley de vida. Pero, por otro lado, mi diablillo dominical me susurra qué leches, si has invertido una parte de tu tiempo en él, con lo caras que cotizan esas acciones a cierta edad, al menos cuéntalo, suelta por esa boca, si todo fuera laudatio dónde quedaría el espíritu crítico, que no deja de ser una vacuna contra la estulticia y el jibarismo mental. Y además no seas ingenuo, si alguna vez publicas te van a destrozar igual, y seguro que con razón. Reconozco que el tema central (la crisis de la relación de pareja con la inevitable erosión de la pasión con el tiempo), unido al bombardeo mediático, me acabaron de decidir. También reconozco que no es nunca fácil que un lector, por muy predispuesto que esté, firme a priori ese pacto que el escritor necesita para lograr su complicidad. Que entre por la puerta que se abre ante sus narices. Que trague. Y, en descargo del autor, que esa química, imprescindible para que la odisea lectora arranque, a veces no depende solo de las letras que rasgan el papel, sino de una conjunción astral entre todos los actores de la obra, cuya fórmula no está aún patentada, y solo se transmite de boca en boca por los elegidos, si acaso. Y que igual hasta la ignoraban el propio García Márquez cuando nos narraba el amor eterno de Florentino Ariza por Fermina Daza, o Tolstói la locura de Ana Karenina por el conde Vronsky, o Nabokov la irrefrenable atracción de Humbert Humbert por Lolita. “Los días perfectos” es un libro muy bien escrito, con una prosa cuidada, y un planteamiento epistolar inteligente, que va desgranando al hilo del detonante con el que se abre (la infidelidad del protagonista) toda una serie de reflexiones sobre su matrimonio, oportunamente expuestas, y con la suficiente capacidad como para trascender la propia relación, y operar de lenitivo, o al menos de consuelo identificador, a gran parte de los lectores de esa franja de edad, que sin duda pueden verse reflejados (“Me pregunto si es el tedio lo que nos espera, si debemos resignarnos sin más, y aceptarlo…”; “Me cabe la duda de si solo nos enamoramos de nosotros mismos enamorados”; “Vivir sin pasión no me parece ya vivir sino meramente estar de paso, contando los días…”). Pero esa relación que detona la obra y sostiene la argamasa de todo el entramado no he acabado de creérmela, cualquiera sabe si por su supuesta artificialidad, como de película de serie b de los domingos por la tarde, o por no verse el lector capaz de ponerse en esa piel, por pura gazmoñería. Y ya se sabe que sin fe no hay salvación, a mi pesar. “Entre la pena y la nada, elijo la pena”.
Un libro narrado maravillosamente que te atrapa desde su primer párrafo, con una dosis de realidad apabullante que no deja indiferente. Te lleva por una historia que, reconozcámoslo, no es la más novedosa del mundo, pero que hace que no puedas soltar el libro hasta que lo acabas.
"Ahora ya sé que el dolor es la parte inevitable de esto, aquello que le da coherencia; el dolor es lo único que uno es capaz de mantener, de quedarse; que lo que tiene valor es lo que has perdido, puesto que es por ello que nunca tuviste la posibilidad de agotarte, y de perderlo por desgaste."
Creo que es uno de esos libros en los que a la hora de leerlo influyen mucho tus vivencias y experiencias. Uno de esos libros que para algunos son una joya y para otros pasa desapercibido. Para mí este libro ha sido una grata sorpresa, se cruzó en mi camino por casualidad y era justo lo que estaba buscando. Reflexiones sobre lo humano y algo que me hiciera pensar. Objetivo conseguido.
Empecé a leer la novela con muchas expectativas porque me atrajo la premisa de un hombre en crisis matrimonial que reflexiona sobre el amor a partir de las cartas de William Faulkner. Ahora, después de haberla leído reconozco que es una novela bien construida, llena de detalles y referencias literarias que enriquecen la lectura. Me ha gustado la manera en que está escrita, el juego con el epistolario y la exploración de la percepción del tiempo en las relaciones, pero, a pesar de todo, no logró cautivarme ni engancharme del todo. Me ha gustado el uso de las cartas como recurso narrativo de la novela que se compone principalmente de dos cartas escritas por Luis: una larguísima y apasionada a Camila, su amante, y otra mucho más breve y contenida a Paula, su esposa. Es fascinante cómo en ambas dice lo mismo y, al mismo tiempo, algo completamente distinto. En la primera, se entrega a la nostalgia del romance fugaz, idealiza lo vivido con Camila y, sobre todo, se posiciona a sí mismo como un hombre atrapado en la monotonía. En la segunda, escribe con sobriedad, casi con obligación, sin asomo de la pasión que desborda en la primera. Otro acierto de la novela es la inclusión de la correspondencia de Faulkner a su amante Meta Carpenter. Me gustó cómo estas cartas no son un simple adorno literario, sino que influyen directamente en la manera en que él afronta su propia crisis. A pesar de todos estos puntos positivos, la novela no logró engancharme del todo. No puedo decir que me aburriera, porque no fue así, pero tampoco me generó la necesidad de seguir leyendo con urgencia. Tal vez el problema es Luis. No porque sea un personaje desagradable, sino porque sentí que su crisis, aunque inteligentemente planteada, no terminó de conmoverme. Su voz es perspicaz, irónica, con un punto de humor que funciona muy bien, pero no sentí que realmente estuviera sufriendo. También creo que, aunque la novela está muy bien escrita, hay algo en su tono que la vuelve un poco plana. No hay grandes momentos de intensidad ni giros inesperados. Es un libro que se disfruta por su inteligencia, por su estructura, por sus referencias, pero que, al menos en mi caso, me dejó indiferente.
Me encanta cuando encuentro un libro que me engancha desde la primera línea y solo me hace pensar en acabar pronto mis obligaciones para seguir leyendo. Me encanta la mirada del autor, con un lenguaje fácil y fresco para hablar de lo eléctrico y maravilloso de la primera fase del amor y de como la curva va girando al temeroso tedio que impregna la rutina. La última parte es cruda, pero también me pareció tierna. Muy recomendable.
Decía Pessoa que todas las cartas de amor eran ridículas pero que, al final, el único ridículo era aquel que no escribía cartas de amor. En este libro hay dos, y las dos se leen con las mismas ganas con las que se come un helado en los primeros días de junio. Nos gustan las cartas de amor por dos cosas: a todos nos gusta imaginarnos destinatario de una y, también, que pongan en palabras lo que, a veces, no nos hemos atrevido a decir. Lean “Los días perfectos”.
Es una novela de Marías pero sin Marías y, claro, tiene ese problema de ser una novela DESPUÉS de Marías: carece de la profundidad y de la carga y, por supuesto, se equivoca al no irse a un extremo frívolo sino que se toma muy en serio
El inconveniente de la novelita es el mundo desde el que está escrito: ese en el que profesionales liberales maduros tienen sus viajes y comidas en las que intentan inventar una trascendencia de la que carecen, sus hazañas birriosas cuyo patetismo Bergareche sólo acierta a mirar un par de veces en todo el libro. El resto del tiempo escribe desde y para los habitantes de ese mundo, a los que gustará fantasear con aventuras amorosas que añadir al "storytelling" de su vida
Un señor de mediana edad se aburre en su vida. Así que decide tener una aventura con otra señora de mediana edad que también se aburre. Cuando la cosa se acaba, y para justificarse, le escribe una carta a esa señora. Ya que estaba, escribe una carta a su esposa, mientras se pone fino de todo y se fuma un puro, explicándole por qué su vida es una mierda y que todo es culpa suya, claro. El libro está lleno de frases grandilocuentes explicando por que la rutina es un aburrimiento y que lo que él de verdad quiere es irse de juerga y olvidarse de todas las obligaciones. Muy innecesario.
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Me siento dividida. La novela está escrita de una manera que engancha, con una redacción ágil y una temática que a todos nos toca de una manera o de otra. La idea de un amor romántico e intenso siempre conmueve al lector, bien porque lo añora irremediablemente, bien porque se encuentra en el tedio de una relación estable. Sin embargo, veo el tono algo cursi y ñoño, sobre todo en el relato de la historia con Camila. Además esta parte no la veo del todo bien cerrada. La carta del final a su mujer es para mí la mejor parte y al mismo tiempo la más desoladora. Quiere insuflar esperanza por momentos pero no lo consigue. El tedio. El tedio. El tedio…
Prohibición para que los señores casposos pijos madrileños de 50 años utilicen la palabra ‘hípster’ y detallen encuentros sexuales dónde hablen de su semen, primer aviso
Una preciosa reflexión sobre el amor y su desgaste, sobre la novedad frente a la rutina, sobre los días perfectos que vivimos sin ser conscientes. En forma de dos largas cartas (aunque la novela en global es cortita), una a su amante y otra a su mujer, el protagonista analiza todos esos factores, tomando como referencia la correspondencia entre William Faulkner y su amante. Una maravilla.
Parece que empieza siendo una carta de amor pero con el paso de las páginas te das cuenta de que es una romantización de la infidelidad escrita por un señor cuarentón que huele a Varón Dandy aburrido de su vida y que culpa de todo a su mujer. Lo peor es que trata de ser algo romántico.
Quizá soy idealista, pero no me gusta la idea de primar la pasión sobre la importancia del día a día. Ya el hecho de que la trama sea sobre un amante, me hace desconfiar del protagonista, por muy realista que sea la historia. Demasiado vulgar la concepción del amor.
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A ver, creo que debo ser sumamente objetivo para este libro. En principio creo que les debo decir que a mi los libros que giran en torno a romance me agotan pues no son lo mío. Este libro es de esa índole entonces me gustó, lo disfruté, pero no me fascinó por eso.
Sin embargo creo que es un muy buen libro. Aquí se explora el amor en sus diferentes facetas. El amor apasionado y desmedido contra el amor un tanto lento y de familiaridad. Lo interesante es que todo es resultado de unas cartas de William Faulkner a su amante. De ahí de desatan diferentes interpretaciones.
No quiero decir mucho porque creo que el ir desmenuzando lo que sucede es parte de la experiencia. Incluso al final te queman las manos por saber más. Eso es algo muy positivo del libro.
En conclusión: si buscas algo romántico este libro te va a encantar. Es muy bueno y más aún si es tu tipo de lectura. Si tú no eres muy romántico, como es mi caso, es bueno y vale la pena pero debes entrar advertido que la línea centra es romance.
Cautivadora esta novela de principio a fin. Nos hace ver la exicitación del enamoramiento y como luego con el paso del tiempo y la rutina todo se termina. Narrada con humor y verdades como puño hacen que este libro sea de gran solidez. Muy recomendable su lectura. Recalcar en la palabra tedio, ojalá en una relación no existiera esa palabra, palabra que Jacobo ha usado perfectamente para definir como acaba la relación entre el protagonista de la historia con su mujer. ❤️❤️❤️❤️
“Perfect day”, esa magnífica canción de Lou Reed sirve de base a la banda sonora de otra magnífica película que es Trainspoting …. palabras mayores, el tema, la película. Ese creo es el origen del título del libro y que sirve de norte y guía de toda la novela. Tras esa canción que narra lo que Lou Reed identifica como un día perfecto, y que no consiste en una cena en un 3 estrellas Michelín, ni ir de vacaciones a las Bahamas, sino ir al zoo a dar de comer a los animales, tomar un sangría y ver una película en casa, todo eso con su chica, con la chica que quiere. Ahí creo que surge la idea de toda la novela. Se identifica también lo que el genial William Faulkner consideraba un día perfecto con su amante, a base de unas viñetas que el genial autor le dibujaba y enviaba a Meta, hago un poquito de spoiler diciendo que para él su día perfecto lo construía con estos dibujitos, y aparte de un final de día en la cama con su amante, consistía en jugar al ping pong, ir a la playa a tomar el sol y luego tomar unas cervezas con una pareja de amigos. Como le ocurre a Reed tampoco está en su guión ir a cenar a un restaurante en plan gourmet, ni tampoco ir ver una puesta de sol reflejado sobre el mar, con no sé qué música, ni con tambores de fondo. Ese día perfecto soñado por el autor es la línea conductora de todo el relato de Bergareche. Poco más puedo añadir, que es un libro divertido, un tanto irregular, combina fases geniales (las referencias a las costumbres de los honky tonk del suroeste americano, las múltiples referencias a la buena música rock de esa zona, etc) con otras no tanto (algunos topicazos de la convivencia en pareja, etc). Solo que vale la pena leerlo en dos ratos, encima es cortito.
Gracias Míriam por recomendarme tanto este libro...¡Qué maravilla! En él, Bergareche reflexiona sobre el tedio en las relaciones largas y, en contraposición, sobre nuestra necesidad de SENTIR, así, en mayúsculas.
Me ha encantado cómo hila la historia, mezclándola con cartas de amor de otros escritores, con canciones, con vivencias propias. Con sinceridad y sensibilidad. Con verdad, aunque duela. Volveré a este libro, seguro
Al principio, "Los Días Perfectos" parece ser una historia de amor o desamor común, pero a medida que avanzas en su lectura, te das cuenta de que es solo la punta del iceberg. El libro profundiza en aspectos fundamentales de nuestras vidas, revelando capas de significado que van más allá de las relaciones románticas.
En mi opinión, este libro puede ser tanto excelente como decepcionante, dependiendo de las experiencias que haya vivido cada lector a lo largo de su vida. La novela se sumerge en temas universales como la soledad, la búsqueda de significado y la compleja naturaleza humana, todo ello expresado a través de una prosa ágil y cargada de simbolismo.
A lo largo de la narrativa, el autor invita al lector a reflexionar sobre aspectos profundos de la existencia, desafiando preconceptos y explorando los matices de la vida interior. En resumen, "Los Días Perfectos" es mucho más que una simple historia de amor; es una exploración intensa de la condición humana y sus intrincadas emociones.
Deja un mensaje escrito demasiado claro y que ya había barruntado sin llegar a ponerle palabras o querer admitirlo (yo y seguramente muchos como yo) y que ahora que el autor las ha puesto en esta novela y las he leído, han sacado esa intuición o sensación al plano real con toda su crudeza. Yo tampoco lo entendí en Las Palmeras salvajes de Faulkner, libro en el que se basa el personaje principal para relatar una aventura amorosa. Sé q no se me entiende, pero no sé cómo no hacer spoiler. Mejor la pena a la nada. La frase no hablaba de pájaros y flores, de vida o muerte. Mejor ese punto rojo vivo al que regresar aunque duela cuando el beige se acaba apoderando de todo lo demás. Los puntos rojos no deben apagarse.
Lectura fluida, entretenida, en primera persona, con pocos diálogos. En algunos puntos me ha cansado, pero me ha gustado mucho. Lo he simultaneado con otras lecturas. Lo recomendaría.
Este es un libro muy especial para mí. Lo empecé en ebook en la piscina de un hotel de Benidorm, donde estaba por trabajo. Leí cuatro o cinco páginas y ya solo con eso supe que lo necesitaba en papel. Por supuesto, me lo compré y no me arrepiento.
Me parece un libro muy especial porque en menos de 200 páginas le puse casi 60 post-its, y eso tiene que significar algo.
Es un libro insolente que no se anda con sutilidades, que nos transmite a la perfección lo que se siente al enamorarse, pero también lo que es la rutina y cómo puede ir matando el amor si no se hace nada por evitarlo.
El protagonista se dirige directamente a las destinatarias de las dos cartas que componen el libro para recordarles los momentos que los unieron y lo felices que fueron, pero también cómo es su realidad y todo lo que conlleva.
Aun siendo un libro tan cortito, tiene muchísimo que decir sobre la vida, sobre el amor y sobre nuestra propia actitud ante los sentimientos, nuestros y ajenos, y lo que nos vamos encontrando en un camino que esperamos que sea perfecto, pero que el tiempo va resintiendo. Y todo lo que dice lo hace de una forma preciosa.
Hay que valorar los días perfectos que vivimos, por poquitos que sean, para que el amor y la vida tengan sentido. Y tenemos muchos más días perfectos de lo que creemos porque la perfección está en los pequeños detalles y en los momentos que vivimos con aquellos a quienes queremos, por nimio que parezca el tiempo a su lado.
P.D. No considero que sea un libro para personalidades sensibles, abstenerse ofendidos, que no considero que el autor sea políticamente correcto y para mí, personalmente, eso ha hecho que el libro me guste más aún.
'Lo que nos separa (además de, por ejemplo, la ludopatía, el alcoholismo, el maltrato, el embrutecimiento, la prodigalidad y la obesidad sobrevenida) suele ser principalmente el tedio, jamás la muerte. El tedio de ver cómo todo lo que te irrita da tu pareja y lo que a tu pareja le irrita de ti se repite siempre, porque nadie es capaz de cambiar jamás, y ya no llega nada nuevo que compense como un contrapeso aquello que sabemos que se repetirá mañana, y que nos volverá a irritar, y que a veces no es más que el ruido que hace tu pareja al tragar agua, la manera en que guarda la botella de vino de pie y no tumbada, como ha de guardarse siempre un vino, o la manera que uno tiene de sonarse los mocos sonoramente antes de dormir, ese hacer la cama sin precisión, que deja el edredón más largo por un lado que por el otro, o la previsible petición de que bajes la música al tercer tema de algún disco que el otro considere inapropiado para ese momento en que tan apropiado es para ti, o en fin, cualquiera de esas mínimas molestias que manan de nuestra cotidianidad como gotas de grifos que no pueden cerrarse del todo, gotas que no provocan nunca una inundación, pero que jamás nos dejan descansar del implacable y enloquecedor ruido del goteo'.
Una novela con una estructura original, que alrededor de las cartas de Faulkner a su amante Meta Carpenter cuenta una historia sobre el amor, la pasión, la pena, la nada, y sobre si es posible burlar el tedio que trae el paso del tiempo y seguir teniendo días perfectos.
Lectura con una prosa que me me ha gustado mucho, con ciertas metáforas a lo largo de la misma, con cierta dosis de humor, con varias frases que he ido anotando y con un tema central : el amor.
El protagonista de la historia, Luís, nos relata su "affair" con Camila en comparación con la relación existente con su mujer, Paula.
La ilusión por el amor vivido actual, le hace recordar aquello que se ha ido desgastando con el paso de los días con su pareja, su mujer, a causa de la rutina y del día a día. En esta historia seremos conocedores de como han sido de satisfactorios los días vividos al lado de Camila, recobrando de nuevo la pasión, el deseo y la ilusión , viviendo una "realidad paralela" a su vida real, junto a su familia. Guardando en su memoria lo que para Luís han estado unos días perfectos.
También seremos conocedores de la relación con su pareja, Paula, de como lo diario y cuotidiando ha hecho mella negativa en su relación, sobre la importancia de cultivar diariamente el amor si no se quiere que este caiga irremediablemente en un pozo.
En resumen, historia donde se nos explica la relación paralela que tiene el protagonista y que le sirve de refugio temporal a su relación con su mujer. Una historia esperanzadora donde se acentúa la importancia de ir cultivando siempre la magia de pareja a pesar del transcurso del tiempo.
3,5/5. Para ser otra novela más sobre la crisis de los 40 desde la perspectiva de un hombre, el libro está escrito de una forma original y bonita, y engancha desde la primera página, aunque no me ha removido tanto como por ejemplo La Uruguaya, de Pedro Mairal, que aunque del mismo tema y de la misma editorial, y también desde una perspectiva masculina, logró conmoverme y no me dejó soltarlo hasta el final. La historia de la amante me resulta un tanto inverosímil, idealiza hasta el extremo, pero compensa con la carta a la mujer, mucho más creíble. Sin embargo, lo que más me ha molestado del libro ha sido lo mal que me ha caído su protagonista (y a veces por extensión también su amante). Me ha parecido un pijo estirado, caprichoso y gordófobo, a ratos insoportable. Ese complejo de superioridad y esa gordofobia impregnan el libro y han hecho que me costara empatizar con él desde el momento en que empiezan ese tipo de comentarios. Si se trata de una estrategia intencionada por parte del autor, chapó.