Encantada por esta historia sencilla y humana, de una vida simple, por momentos difícil, por momentos aburrida, rutinaria, tediosa, cansada, una vida más entre tantísimas otras. Una vida con mucho olor a pollo frito: en el pelo, en la piel y en el alma, que parece que aunque se lave y se lave sigue inundada de la peste de la rutina y el (des) contento.
Y en toda esta insignificancia de vida clasemediera, insulsa y repetitiva, normal y normativa he encontrado lo brillante y luminoso de la reflexión y la contemplación de la propia experiencia, de las decisiones que tomamos, las concesiones que hacemos, los sueños que soltamos, de aquellas vidas que no hemos vivido y sin embargo (a veces) añoramos.
《No era infeliz, no, y eso seguramente significaba que era feliz. ¿Verdad? Si alguien me hubiera preguntado con un interés auténtico cómo estaba, no habría tenido ningún motivo para no decir Estoy bien.》
《Vivir quería decir eso, ¿no? Vivir quería decir «estar bien».》
Podría resultar cliché para muchxs lectores, pero a mi me resultó magistral. A veces es bueno soltar las pretensiones y que una novela te haga sentir y pensar, levantar la vista de la página, mirar a la persona que tenés cerca, o tu propio reflejo en un espejo, y dejar que los ojos se llenen de lágrimas de agradecimiento por esta vida que a veces es chiquita, pero es linda.
《...aprende a decir te quiero cuando más te cuesta, a dar la mano, a acompañar al otro mientras hace lo que debe hacer, ni más ni menos que eso, mantén la calma y dale la mano, hazlo ahora que puedes, es tan sencillo, tan difícil, tan importante, ¿por qué algunos aprendemos tan tarde a hacer las cosas importantes? 》🧡