3.5⭐
Me mantuvo muy entretenida toda la primera mitad pero después me costo continuar .
Frases favoritas
Es maravilloso saber que en el fondo del cerebro se esconde una fuerza
capaz de crear un entorno completamente nuevo
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SÍNDROME DE FREGOLI
Es frecuente entre gente atrapada en cierto tipo de relaciones sentimentales
obsesivas y muy dependientes. Cuando el vínculo se termina, la persona siente que no va a poder seguir adelante, que no lo va a lograr, que su fuerza es insuficiente para procesar debidamente la separación. Y entonces su
cerebro activa un mecanismo extraño e ingresa en lo patológico: empieza a ver al amado o a la amada en todas partes
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Me pregunto si los novelistas no sufrimos de esta enfermedad, pues eso es justamente lo que nos sucede con los personajes: los vemos en todas partes, nos hablan, nos señalan lugares y situaciones, nos visitan en sueños y tenemos
que levantarnos a la madrugada a escucharlos, nos vigilan, nos persiguen, se imponen. Hasta que ya no podemos más y tenemos que escribirlos para que nos dejen en paz, para curarnos de ellos
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No estamos todos entre el deseo y el asco, entre la plenitud y la
repugnancia, entre la alegría y la ingenuidad infantil cuando nos tomamos una gaseosa o nos compramos un helado, y las ganas de vomitar un mundo
asqueroso cuando descubrimos que nos hemos convertido en unos adultos dóciles y cómplices de un sistema corrupto y cruel
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En muchas ocasiones me he preguntado si la escritura no será una variante de esta enfermedad. En lugar de sufrir obsesiones con los números, los escritores las sufrimos con las palabras. Las conjugamos, las mezclamos, las sopesamos, las remplazamos, las repetimos, las suprimimos. Vivimos anotando en libretas y en cuadernos, nos levantamos a la madrugada sólo para ir hasta el computador y escribir una línea o un párrafo que se nos ocurrió, consultamos el diccionario cientos de veces en un día, nos pasamos horas
buscando sinónimos y antónimos. Y si nos quitan la posibilidad de escribir nos descomponemos, nos deprimimos, perdemos todo interés en la realidad y al final sentimos que sin el lenguaje el mundo no vale la pena; es decir, sufrimos del típico síndrome de abstinencia.
¿Será la literatura un trastorno psiquiátrico, una enfermedad?
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la lectura me salvó la
vida. Me enseñó que la realidad es múltiple, diversa, laberíntica, móvil, fluctuante. Eso fue maravilloso por un lado, pero muy tormentoso por otro: me convirtió en un joven distinto, aislado, que no encajaba muy bien en las lógicas grupales
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Creo profundamente en la peligrosidad de la literatura
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Lo magnífico, lo
sorprendente, es que nuestro cerebro tenga la posibilidad de cambiar de realidad en cualquier momento, y que lo haga precisamente cuando más lo
necesitamos para sanarnos y salvarnos de nosotros mismos.
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el mundo de la moda le ha puesto poco caso. Siguen patrocinando a esas jovencitas con pinta de insectos, cariacontecidas,
depresivas, que parecen condenadas a desaparecer por fuerzas que ellas
mismas desconocen.
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es curioso que los diseñadores de moda hombres, muchos de
ellos homosexuales, no se sientan inspirados por las curvaturas femeninas,
por el volumen de las caderas, los senos y el culo, y que en consecuencia hayan decidido masculinizar esos cuerpos hasta convertirlos en figuras rectilíneas que evocan las de los adolescentes varones
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Es como si en la medida en que las mujeres se van convirtiendo en muchachitos hambrientos, los transexuales a su vez llegaran
para recordarnos el poder de la maja de Goya y de las mujeres de Rubens
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La lectura obligatoria es absurda. Un buen profesor es aquel que sabe dar con el libro adecuado para sus estudiantes y no el que impone textos, convencido de la importancia de un canon soso y sin sentido.