La guerra, la festiva religiosidad popular, los personajes de excepción, vestigios arqueológicos unidos con caravanas de llamas por el Qhapaq Ñan –Camino Inca–, los desiertos antártico, patagónico, puneño, pampeano, atacameño y andino, pueblos desolados, grandes planicies y la Antártida como gran musa inspiradora son los temas que recorren este conjunto de sorprendentes crónicas. La orfebrería de este relato no parte de un orden cronológico, sino geográfico: va de sur a norte, de Antártida a Atacama.
2.5 Me gustó hasta ahí. Está bien escrito y la apuesta a incorporar distintas voces (entrevistados expertos locales y académicos) le da profundidad a los relatos del viaje. Por momentos se me hizo medio de chicle, no es un libro para leer de manera continua. Los mejores capítulos a mi criterio son el de la Antártida, Corrientes y Salta.
Qué belleza. Hermosa travesía. Me encanta cuando los libros llegan solos, tocan la puerta. Así apareció, y este viaje ha sido una gozada, una luz. Esa es la Argentina que quiero conocer. Y así quiero mirarla, el paisaje y la cultura como uno solo.
Si están esperando leer una típica crónica de viaje de las que se usan ahora (?), por acá no es. De hecho, en el prólogo, su autor hace una crítica bastante interesante sobre ellas y la sociedad actual. El libro me gustó, algunos capítulos más que otros, pero se me hizo eterno. En cada lugar va entrevistando a distintos personajes, ya sea habitantes o especialistas relacionados, y por momentos resulta demasiada información. Cómo el viaje está organizado de manera geográfica y no de manera cronológica, recomiendo ir leyéndolo de a poco, quizás, matizado con otras lecturas.
Hermoso. Crónicas, entrevistas, reflexiones, un recorrido sensible y atento por los paisajes y sus comunidades. Dan ganas de quedarse viajando por los relatos, releerlos, aprender más sobre cada rincón de la región, escuchar a cada persona contar su historia. De esos libros compañeros, para ir leyendo de a poquito.