Juan siempre sabe cómo dotar a las palabras de sentido y sentimiento.Juan F. Rivero es poeta, es escritor y editor. Con Las hogueras azules apuntaba hacia un cielo muy alto en el que todo lo que tocaba se convertía en inspiración. Y con Raíz dulce, que no es un poemario, si acaso, es una novela, pero tampoco puede ser una novela. Es un objeto único que hace del lector un ser que contempla. Contempla la vida así como contempla los aspectos que Juan F. Rivero nos quiere mostrar de su otra vida. La del poeta, la del narrador, la del que cuenta esta historia. Como dice Chus Pato en el epílogo, sabemos que lo que cuenta Juan es ficción, ¿pero cuánto de verdad hay en ello? La persona a la que va dirigido este libro ya no vive, por lo tanto, estamos ante una carta, ante una misiva que se torna regia y soberbia. Las palabras ahondan ahí donde el sentimiento empieza a aflorar. Y es que el autor ha sabido nombrar a la ficción con la verdad de su vida, de su momento, de su poesía.
El narrador, también llamado Juan, escribe desde un futuro mirando al pasado pero siendo presente. El mundo al revés, el ave que transita entre las raíces de lo dulce y parsimonioso para llegar a un estado de concepción de la muerte y el amor. Porque esto es un libro sobre el amor, sobre su concepto intrínseco en el alma humana, en lo que dejamos a los demás y lo que los demás nos dejan a nosotros. ¿Cuánto de ti tiene este libro, Juan? ¿Cuánto de verdad roza la ficción aquí? Pregunto a Juan porque esta reseña es un texto que leeré en su presentación en Valencia. ¿Cómo nacen los poemas? ¿Los invocas? ¿O acuden ellos a ti sin querer? Pareciera que los poemas aquí mostrados nos inducen a un estado de sueño, una especie de evocación interna, de señuelo sobre lo que nos ha trasformado, o lo que ha sido trasformado en nosotros. ¿Qué ha trasformado en ti este libro, Juan? Porque sé que lo que escribimos nos trasforma, nos renueva. Se mueven cosas en nosotros que de otra manera no podrían hacerse.
Quiero creer que en la poesía de Juan F. Rivero encontramos ese alma que creíamos perdida, es como una invocación a esa persona que ya no está, pero también es esa persona que fuimos y con las que fuimos. Ir a la raíz del amor es ir a la raíz de donde crecimos, de donde fuimos, de donde nos marchamos y de a donde vamos. La persona a la que iba dirigida esta bella obra, es esa persona que sigue estando con Juan. En sus recuerdos, pues no es materia de olvido el amor y la muerte. Es materia de palabras, de búsqueda de la propia identidad, de esperanza y fe. Los poemas así son fe instaurada y restituyente. Advierten. Renuevan nuestro sentimiento por la vida, la seducen hasta retorcerla y hacerla suya.
La poesía novelada de Juan es poesía de la ausencia, de lo que no se pudo tocar, ni tan siquiera decir, pero así se convierte en una presencia de dicha, de virtud, de esperanza hacia la vida y todo lo que esta toca.