Un libro hermoso que surge de la conexión entre dos personas. En clase de Creación Literaria alguna vez nos hablaron del concepto Jungiano de Sincronicidad. Creo que aquí es donde radica la belleza de los textos, paralelos pero no en un sentido de espejo, si no reflejos de conexión entre dos personas que por un mismo momentos decidieron escribirse a sí mismos.
Esta obra poética reúne pares de poemas que desarrollan un mismo tema. Un poema de Elisa, otro de Adalber, intercalados, con (casi siempre) el mismo título, con contenidos ocasionalmente paralelos, muchas veces diferentes y, en otras, complementarios. En ellos hay un constante mirar al pasado, un reafirmar el peso del recuerdo, del que somos habitación y al que damos un aliento de vida en cada evocación-resurrección:
Sólo nos quedan,
del recuerdo, sus orillas. El borde de las cosas que sólo afila ese
movimiento devoto, repetido, de la memoria.
[...]
Ya perderemos filo, no te apures. Ya nos alejaremos. Sin saberlo.
Sin embargo, lo que más me llama la atención es la exploración del vínculo entre la ciencia y la imagen poética. Alrededor de la mitad de los poemas tienen títulos que evocan conceptos físicos: Fuerza débil, El silencio de las supernovas, Radiación de fondo, Horizonte de sucesos. En Neutrinos (partículas que interactúan tan escasamente que viajan por la infinidad virtualmente sin obstáculos), Elisa usa la imagen para hablar de la sensación de ser permeable, no más que un lugar de paso que todo, hasta el amor, busca evadir, mientras que Adalber lo utiliza como metáfora del fantasma que no muestra señales de su presencia hasta que algo le hace perder su transparencia que todo lo atraviesa y entonces aparece ahí, en los lugares donde más vida tuvo su vida. La Singularidad, esa coordenada de un agujero negro donde la gravedad es tan fuerte que ni la luz puede escapar es, en su dimensión emocional, el peso de todo lo pactado y lo perdido, del que nuestro destino es incapaz de huir. El Desplazamiento al rojo, ese fenómeno en el que la longitud de onda de astros lejanos se estira, es la imagen de lo que se va: los seres y los sucesos cuya remembranza se tiñe de rojo mientras se hacen más lejanos, mientras se despiden deprisa de nuestra memoria falible. Los planetas son víctimas en la soledad del vacío cósmico, y el espacio es el escenario inmenso donde nos damos cuenta de los confines estrechos de nuestra vida:
La muerte es cosa nuestra, es invento humano. Más allá de nosotros sólo hay claridad que se quiebra y se vuelve a quebrar, materia en procesión hambrienta, en interminable pasión doliente, gozosa.
Este libro está lleno de confesiones, de la aceptación de la condición dolorosamente humana que nos hace cometer errores y padecer los errores de quienes nos aman. Son textos sinceros, muy personales, que comparan las magnitudes cósmicas con la grandeza de la emoción humana, tan infinita y desconocida como el universo mismo.
Elisa y Adalber crearon una dinámica genial que nos permite experimentar ambas visiones del mundo a partir de un mismo detonador que es el título.
Es un poemario espejo que no nos muestra imágenes idénticas, pero es divertido notar de vez en cuando algún conector. Me la pasé muy bien brincando entre estilos y reconociendo sus muy particulares poéticas.
Este libro, "Las fuerzas débiles", es una especie de juego de comparaciones: la voz de una poeta y la voz de un poeta, las distintas visiones del mundo y de las cosas, el valor que cada voz le da a los objetos, a los fenómenos cósmicos, a las cosas cotidianas de la vida, como la estática en un televisor, una piedra que se vuelve miles de piedras, los recuerdos vistos como una luz roja que se aleja, un presente como "un sonido que hizo el pasado cuando nos rompió". La forma en que cada poeta lleva a cabo la poesía es una forma de exploración, ver sus estilos y métodos que usan para escribir los instantes y pensamientos sobre todo lo que abunda en el mundo, demostrando que no sólo versos son en los poemas, sino que entra la prosa como forma de hacer poemas, que es una forma de musicalidas, que es una forma de expresión, que es un método que se puede usar sin alterar la esencia de la poesía.
«El presente es el sonido que hizo el pasado cuando nos rompió»
El ejercicio a dos plumas de Elisa Díaz Castelo y Adalber Salas está empapado en conceptos científicos, en astronomía y en una excursión muy particular que deja fluir y contrastar los estilos de ambos autores en sus respectivos poemas. Es interesante cómo cada tema lo abordan ambos de manera peculiar, aunque en lo personal, el estilo de Elisa es más lo mío, y llegaban momentos en los que podría sentirse disonante o forzada la dupla entre ellos. Aplaudo el experimento mas no es lo más pulido que le he leído a Elisa (y en mi caso tampoco se volvió una fuerte carta de presentación de Adalber).
un pornario a cuatro manos, dos poetas que practican una suerte de poesía cuántica en la que nos encontramos con duplas de poemas [cada uno de los poemas tiene una versión dr cada uno de los autores]. Sin embargo lo suficientemente naturales como para que la fuerza que une cada par sea débil. ¿Se trata de darle a la poesía la propiedad de la superposición cuántica? o quizás de darle a los dos poetas la propiedad del entrlazamiento cuántico? Mejor leerlo, un solo electron puede haber formado todos los poemas de la historia a la vez.
Ayer en la graduación de Elias, Val me contó qué fue a la presentación de este libro y me dio tremendo FOMO que al fin lo terminé de leer. Confirmado: Elisa Diaz Castelo es mi poeta mexicana favorita. Se siente tan vulnerable tan cercana tan así.
Había olvidado ponerle calificación a uno de mis libros favoritos del año (ups). Creo que es porque me cuesta ponerle palabras a la poesía, especialmente a la de Elisa Díaz Castelo. Cuando se me acaba la voz, cuando olvido el poder de un verso, siempre regreso a sus poemas.
Nunca me voy a cansar de leer a Elisa y que fortuna conocer la voz de Adalber, que bonito que se hayan unido en este libro que explora los vínculos, la ciencia y lo cotidiano.