Muy idealizados los roles genéricos tradicionales en la pareja Juan Sebastián Bach y su segunda esposa, Anna Magdalena (16 años más joven! con la que tuvo 13 hijos, además de añadir a su nuevo hogar 4 más tenidos con su primera esposa).
Los dos son "muy felices": ella, modelo ideal patriarcal de la esposa sometida "a gusto" a su marido. Sólo vive para hacerle feliz a él, realizando todas las labores de la casa (cocinar, limpiar, organizar, cuidar niños sin parar...) y cuidar y atender a su genial esposo. Ella no tiene una vida propia. Los rarísimos momentos en que no está ocupada en la casa, ayuda materialmente a su marido a copiar partituras, y atiende y escucha admirada y contenta a todo lo que él tenga que decir: desahogos emocionales sobre problemas y asuntos de su trabajo como músico; cómo iba haciendo realidad sus nuevas composiciones... Ella poco o nada habla, pero sí escucha, sintiéndose "nada" frente al genio musical e intelectual de su hombre. Vive para él, para satisfacer todas sus necesidades, ya físicas, ya emocionales, ya mentales; para atender a sus hijos sin cansancio y tener la comida, ropa y casa preparada para que él se pueda sentir a gusto, descansando de su trabajo... , como si ella no tuviera suficiente trabajo por el que merecidamente poder descansar...
Por su parte, J. S. Bach, el marido, el hombre de la casa, el genio musical, paternalista, usa a su esposa sin ayudar en nada a la pobre mujer. Una persona irritable al mínimo contratiempo, impaciente, iracundo y muchas veces violento, severo y "económico" para los demás: los únicos caprichos materiales eran básicamente para él. Fanáticamente luterano. En definitiva, modelo ideal del hombre patriarca con todos sus defectos.
Por todo lo anterior le he dado 2 estrellas, y no una, como fue mi intención al principio, porque, aunque la autora no hace una crítica de los roles genéricos tradicionales, sino que los idealiza y "carameliza", sin embargo, al explicar y describir los sentimientos de Anna Magdalena en relación a su vida matrimonial, estas explicaciones y descripciones sobran y bastan como crítica para las/os lectores despiertos.
Dos estrellas