«Hay un posicionamiento político en mi habla y en mi escritura».
«Un viaje alucinante a la memoria oculta de un país. Millanes Rivas nos guía por las geografías espectrales que duermen bajo los pueblos y las casas que habitamos y el resultado es un libro apasionante y conmovedor en el contenido y arriesgado y rupturista en la forma». Layla Martínez
Millanes Rivas, el autor, nos trae a la memoria los pueblos de colonos que se construyeron en la década de 1950 por toda España, y en especial en Extremadura. A la par que transmite el cariño por querer conocer la historia de la familia. Dividida en tres partes diferentes, la novela narra las impresiones del narrador sobre el significado de un pueblo de colonos llamado “El Álamo” para él y su familia. En la primera parte, 2024, comenzamos a saber sobre el protagonista y su familia a través del relato que le hace a su pareja. En este relato podemos comprobar tanto el valor de la amistad como el valor que tiene no ser cerrados de mente en ningún sentido. De esta manera, intenta dar otra visión sobre la okupación ilegal de pueblos abandonados, donde rehabilitan tanto las edificaciones como la vida humana en la zona. De igual forma, da retazos sobre la importancia de la familia para tener constancia de ideas heredadas y aprendidas desde el nacimiento. Continúa el viaje atrás en el tiempo, 1963 en la segunda parte, recorriendo la historia de los pueblos de colonización y los requisitos y condiciones que tuvieron que soportar estas personas hasta conseguir hacer rentables las tierras que recibieron del régimen franquista. Es a su vez el relato de cualquier familia que se enfrenta a problemas de herencia, donde se rompe la unidad familiar y enraíza el odio y el desamor entre hermanos y demás parientes. Termina la obra y el viaje al pasado recordando y haciendo memoria de la situación empobrecida del campo español, en concreto se centra en 1931. E indicando la rivalidad política llevada al extremo, que, entre otras, fue causa de la Guerra Civil. Este recorrido permite rememorar lo importante de mantener viva la memoria de los pueblos, y por ende de sus habitantes, respecto de su Historia. En el plano lingüístico, el lector se va a encontrar con una utilización indistinta del genérico masculino y femenino para referirse a los hombres. Bajo mi punto de vista es un intento de hacer ver la necesidad de recuperar los pueblos y aldeas deshabitadas. Del mismo modo que proclama el valor de una familia más unida en los sentimientos. Es una lectura recomendable.
hay cosas que me gustan y otras que no creo que no me gusta la voz narradora y hay veces que la forma me sacaba del texto (me gusta como esta usada en 1936 pero fuera de ahi me cuesta verlo mas alla de lo estetico) a mi..... me gustan las separaciones formales
Me ha gustado mucho y me lo he pasado muy bien leyéndolo. Creo que el libro despega por completo en los momentos en los que se olvida de su tema y se centra en construir y narrar (el encuentro en el prado, las tías, el personaje de Lady Di, el encontronazo con la Guardia Civil), curiosamente también los momentos en los que el autor abraza un humor muy bien traído. No obstante, creo que la narración pide alguna explicación más sobre la relación sobrino-tías, que nos haga partícipes y nos meta en ella. Las partes próximas al ensayo no me han encantado, creo que el problema es que explican cosas que, a excepción de las ocupaciones de la tierra durante la II República, no necesitamos que se expliquen porque son nuestra posmemoria. Algo similar me ocurre con la reproducción de documentos originales, que no me han interesado y no he podido evitar leerme en diagonal cada vez que aparecían. Dicho esto, en toda la novela hay una voz y un estilo propios, una forma de mirar interesante y valiosa que dan ganas de seguir leyendo este y los libros que vengan.
Tirón de orejas para Alianza -y esto no tiene nada que ver con el libro ni con el autor- por la cantidad de erratas que hay en el libro.
Me costó muchísimo entrar en el libro y lo empecé a disfrutar bastante avanzado. Es muy loco y quizás tiene algún problemilla narrativo, pero Millanes Rivas escribe como los ángeles y aborda un tema de la guerra, posguerra y franquismo hasta ahora poco tocado en la literatura, el de los pueblos coloniales.
"El agua da forma a la piedra y cuando la piedra ya no está, el agua sigue. El agua es más que el tiempo, porque cuando el tiempo se nos ha acabado, el agua sigue."
Es original e interesante, sobre todo el desarrollo acerca de los pueblos de colonización del franquismo. Tiene momentos brillantes y otros completamente sin más pero la manera de escribir (¿Algún sentido en la redacción de los diálogos?) me ha sacado varias veces del relato. En cualquier caso, recomendable.
Este libro es un trabajo de arqueología tanto físico como paranormal. Con los temas conecto muchísimo, claro, pero he admirado especialmente la estructura: para explicarse, para tratar de contar su experiencia inexplicable, el narrador tiende un hilo que va desde una cena con desconocidas hasta una fosa común de represaliados por el franquismo. Ese viaje es un viaje literal, por carretera y hacia la noche, del presente al pasado, de la ciudad a la dehesa, de la okupación con k a las ocupaciones de tierras de la II República, de la huella emocional de la memoria a los rastros materiales de la herencia. Quizá sea porque me siento más apelada por ciertos espacios o porque ahí es donde de verdad despega la acción, pero la novela me empezó a conquistar del todo cuando se aleja del grupo de amigas comprometidas y se acerca a la casa, a las tías, al archivo.
Como bonus, destacaría además el uso del género gramatical (y del género a secas que esto implica), que, de manera aparentemente sencilla, me ha abierto puertas e imágenes como lectora y me ha hecho aprender como escritora.
Esta historia está completa y es un abrazo. También está escrita entera en femenino plural, algo que, como señor quien la ha escrito, me repatea un poco.
Pero gracias al archivo voy a cerrar heridas de cuna y eso es UN REGALO
Me ha encantado y eso que me cuestan muchísimo los libros sin espacios, me da ansiedad el horror vacui. La historia es muy interesante y la narración especial. Merece la pena.
Yo venía aquí buscando un drama LGTBIQ+ y me he encontrado una novela con toques fantásticos y de magia negra que me han alejado totalmente de la historia.
A pesar de que no me ha interesado la trama, me he bebido el libro porque la escritura de Millanes atrapa, envuelve y absorbe. Una forma original que la hace dinámica y palpitante. No es mi libro, pero sí mi escritor.
(Leí que el protagonista era de género fluido, pero simplemente utiliza el femenino plural).
Millanes te acerca al pasado enterrado y olvidado, a las raíces y a la identidad, como quien te acerca un mechero cuando ve que estás buscando fuego. Una narrativa singular que te desliza por la lectura y que rema con la lírica.
Creo que nunca un libro me había obligado a fijarme tanto en la forma como parte de la experiencia literaria, además del fondo.
Empecemos por lo simple: la historia entretiene, es interesante y sirve de marco para hablar de un tema olvidado. Los personajes, salvo uno o dos, tienen una caracterización bastante limitada, pero su forma de hablar es genuina, auténtica como pocas veces he visto, tal que con solo sus palabras esta clarísimo quienes son. Sí pienso que a veces la trama se pierde un poco en sí misma, y se tarda tanto en saber de qué va, que para cuando comienza el tema real de la historia, toca reavivar el interés, que ya se ha perdido entre líneas narrativas que no cierran. Pero está bien.
Ahora, la forma… a ver, entiendo lo que quiso hacer. Está muy bien jugar con la estructura, buscar un formato que sirva a la historia y desligarse de las reglas, todo maravilloso, pero no cuando se hace a costa de la legibilidad misma. Los diálogos concatenados, la falta de párrafos, la falta de signos de pregunta y exclamación, todo sumado hace que la novela sea más pesada de lo que debería. Al final esas reglas están por algo, y a ratos se me hacía tan difícil entender que prefería hacer otra cosa, y tardé un mes en leer 200 páginas. Ni se diga del archivo al final… cerrar una novela con veinticinco páginas de documentos indescifrables, mal escritos y llenas de nombres desconocidos y lenguaje arcaico me parece, por decirlo de alguna forma, valiente.
El femenino genérico, sí rescato, está muy bien. Las primeras páginas me hizo cuestionarme mucho la identidad del narrador, pero una vez que hace clic, se convierte en una potente luz sobre la manera en que la literatura invisibliza a las mujeres una y otra vez, y admiro a Millanes Rivas por la forma sutil y efectiva en que logra esto.
Iba con la mente muy abierta cuando me intenté adentrar en esta lectura, pero me ha resultado muy difícil. Aunque creo que los juegos con la estructura son interesantes, hay tanta mezcla que final la historia se diluye en algo muy confuso.
El tema me parece innovador y con mucho potencial: los pueblos de colonización del franquismo; la frontera entre la propiedad y el vacío que queda en las manos de los trabajadores del campo. Cómo transmitir un legado familiar que siempre fue prestado y que, al final, no es más que una Aparición entre lo que uno cree poseer. Un lugar evanescente. Una eugenesia del pueblo a través de la propiedad y del trabajo: las mejores familias en las mejores tierras. El desarraigo.
Sin embargo, los dos primeros capítulos me han sacado constantemente de la trama. Lejos de los personajes y de lo que ocurría, he conseguido conectar vagamente en la tercera y última parte (con inicio precioso). Los datos históricos expuestos casi a modo de libro de texto y las transcripciones del narrador son recursos que acaban haciendo claudicar a la historia, que no puede sostener un cúmulo de juegos y recursos que le sobran a una trama conmovedora.
De vez en cuando me animo a leer libros que de antemano sé que me van a costar un poco porque tienen una estructura poco tradicional, moderna, que a veces me tengo que esforzar para leer. No tener párrafos diferenciados es una de esas cosas que me suelen costar, como sucede en este caso, y además con los diálogos insertos en el resto del texto.
Ese esfuerzo a veces es pequeño y a veces es grande. Y a veces vale la pena y a veces no. Leer "Paisaje nacional" ha sido una experiencia mucho más fluida de lo que esperaba en las primeras páginas, porque la voz del narrador es ágil, directa y sencilla, así que ese esfuerzo acabó resultando insignificante.
Por contra, valió mucho la pena. Un libro bonito y emocionante que me ha costado sacar de mi cabeza durante los días que tardé en leerlo, y que intenté estirar todo lo que pude para que me acompañara una noche más. Ojalá lo lea mucha más gente.
De lo mejor que he leído en 2024. Rivas tiene arrojo, frescura, naturalidad para la prosa-delirio, y escribe con la autoconciencia justa. La novela, que puede parecer un poquito dispersa en su primera parte, tiene un ritmo super potente y te la acabas en tres tardes como te animes, montado a lomos de la furgoneta en la road-novel más enternecedora y rabiosa que te imagines. Solo una pequeña pega (si es que se le puede llamar así): me habría gustado algo más de retrato interior de algunos personajes, pero eligió esa forma narrativa. Las mujeres del libro, la indefinición de género, los paisajes visuales. Muy grande.
Millanes Rivas nos acerca a un viaje fascinante (y no carente de fantasía) al verdadero origen de un pueblo de colonización que, como tantos otros, tienen una historia difícil de entender sin acudir a la guerra civil y a los fantasmas que todavía nos persiguen a las nietas de quienes la vivieron, pero también al regeneracionismo y hasta las desamortizaciones del siglo XIX.
Millanes sabe atraparnos incluso con esa forma tan extraña de introducir los diálogos. Me encandiló el guiño a Manolo Chinato a través de un personaje entrañable y quise saber más del Cordobés.
Iba con pocas expectativas porque con "Tan jóvenes y la pena" no llegué a conectar del todo. Sin embargo, en esta novela he ido entrando poco a poco y me ha encantado. Qué entrañable y qué bonita. El diseño un diez, por cierto.
Memoria histórica de la represión en las zonas rurales tras el golpe de estado de 1936 y de la vida en los pueblos de colonización creados durante el franquismo narrada con un estilo original y cuidado. Todo un hallazgo.
Un relato mágico dentro de una historia del pueblo que estaba por contar. Millanes es y será un portento nacional escribiendo, aunque exija hacerlo sin párrafos.
Mi experiencia ha sido de menos a más, acabo el libro sorprendido para bien. Me quedo con las ganas de saber más de las tres tías, sus perfiles dan para una novela sólo para ellas.