[4.5⭐] 𝙏𝙚𝙧𝙖𝙥𝙞𝙖 es un thriller psicológico escrito por Sebastian Fitzek y publicado en 2006. La novela nos presenta a Viktor Larenz, un psiquiatra de renombre que ha perdido a su hija Josy en circunstancias inexplicables: sin testigos, sin pistas y sin cadáver. Cuatro años después, retirado en una isla del Mar del Norte, su vida da un nuevo giro cuando aparece una misteriosa mujer que asegura ver a una niña enferma que desapareció de la consulta de un médico.
Desde las primeras páginas, 𝙏𝙚𝙧𝙖𝙥𝙞𝙖 me dio muchas “vibes” de 𝙇𝙖 𝙞𝙨𝙡𝙖 𝙨𝙞𝙣𝙞𝙚𝙨𝙩𝙧𝙖 —libro que me gusta mucho y película que amo, sobre todo porque aparece Leonardo DiCaprio—. Fitzek logra crear ese clima de incertidumbre psicológica, donde nada es lo que parece y todo puede volverse del revés con una sola frase. La atmósfera es opresiva, inquietante y profundamente emocional, pero también es fascinante: uno no sabe si lo que está leyendo es producto de la locura, del trauma o de algo más siniestro.
Me gustan los libros en los que el narrador no es de fiar y este es uno de esos casos en los que simplemente te rindes ante el desconcierto. El autor juega con la mente del lector del mismo modo en que un psiquiatra manipula las percepciones de su paciente: con precisión, sutileza y crueldad psicológica. Lo que hace que la novela funcione tan bien es justamente eso: que Viktor Larenz nos guía por un laberinto donde confiamos en él porque necesitamos un punto de apoyo, pero al mismo tiempo sospechamos de cada palabra que pronuncia. Esa ambigüedad me recordó a 𝙀𝙡 𝙧𝙪𝙞𝙙𝙤 𝙮 𝙡𝙖 𝙛𝙪𝙧𝙞𝙖, una novela que me encanta, porque comparte esa misma sensación de pérdida de control sobre el relato. Aquí, la voz narrativa es una trampa y una guía a la vez.
La pluma de Fitzek me sorprendió mucho. La prosa es fluida, directa y, aún así, llena de matices psicológicos. No hay descripciones innecesarias ni adornos superfluos: todo está medido para mantener la tensión. Además, los capítulos son muy cortos, lo que hace que la lectura sea muy ágil. Literalmente, me terminé el libro en tres horas, no podía parar.
Los plot twists son una de las mayores fortalezas de esta historia: hay varios y todos están muy bien dosificados, pero el del epílogo me dejó en shock. El escritor no solo busca sorprender: busca descolocar, desestabilizar y hacerte dudar incluso de tu propia lectura. Hay algo profundamente adictivo en esa sensación de “no entiendo nada, pero necesito seguir leyendo”.
También, me gustó cómo el autor aborda el tema de la salud mental. No lo hace desde la lástima ni desde la explicación clínica, sino desde la experiencia humana: el dolor, la culpa y la negación. Todo está filtrado a través de la mirada de un hombre que ha perdido a su hija y, con ella, su conexión con la realidad. Eso genera empatía, incluso cuando Viktor se vuelve impredecible o perturbador. Hay momentos en los que uno no sabe si compadecerlo o temerle, justamente ahí radica la complejidad del personaje.
En cuanto a la ambientación, la isla en la que se desarrolla la historia se convierte casi en un personaje más. El aislamiento físico refleja el encierro mental del protagonista y el clima frío y tormentoso acompaña ese descenso hacia la locura (tal y como sucede en 𝙇𝙖 𝙞𝙨𝙡𝙖 𝙨𝙞𝙣𝙞𝙚𝙨𝙩𝙧𝙖).
No hay mucho más que decir sin caer en spoilers porque 𝙏𝙚𝙧𝙖𝙥𝙞𝙖 es de esas novelas que se disfrutan más cuando uno llega a ciegas, lo ideal es no saber demasiado y dejarse llevar.
Finalmente, puedo decir que 𝙏𝙚𝙧𝙖𝙥𝙞𝙖 es un thriller psicológico brillante. Tiene un narrador poco fiable (de los que adoro), una atmósfera opresiva y una escritura tan ágil que se lee de un tirón. Es de esas historias que te dejan pensando mucho después de cerrarlas y que te hacen dudar de todo. Si te gustan los libros que juegan con tu cabeza, al estilo 𝙇𝙖 𝙞𝙨𝙡𝙖 𝙨𝙞𝙣𝙞𝙚𝙨𝙩𝙧𝙖, este es definitivamente para ti.