Puede que, para muchos, Danielle Steel sea solo una autora romántica más del montón, pero para mí, fue la autora que me abrió las puertas hacia lecturas más adultas cuando comenzaba a dejar la infancia y los libros que me habían acompañado en aquel entonces. Aún conservo el primer libro que leí de ella: La bailarina. Pronto otros llegaron a mi vida: El regalo, Accidente, Joyas y Zoya. Pero fue La rueda del deseo, el que quedó grabado en mi mente, siendo uno de los que más me han gustado e impactado al mismo tiempo. Lo curioso es que, más allá de sus novelas, nunca me interioricé en la persona que estaba detrás del nombre y con el tiempo, dejé de leerla. Sin embargo, después de muchos años, he vuelto a tomar uno de sus libros.
Dicen que a veces necesitamos una señal o un empujón para cambiar el rumbo de nuestra vida y un terremoto de ocho grados fue lo que Meredith White, antigua leyenda de Hollywood, necesitó para salir de su auto reclusión y ayudar a sus vecinos, con los que nunca había hablado antes del sismo, hospedándolos en su casa que apenas y por tremenda suerte, no sufrió ningún daño serio. Cada invitado tiene su historia de vida y asuntos por resolver, que al verse sacudidas sus propias rutinas, tendrán que enfrentarlas finalmente y que no todo es como creían a simple vista.
Una de las cosas que siempre me gustó de Steel, es que no se muerde la lengua cuando aborda temas delicados y oscuros, en su máxima expresión, no porque sea morboso de leer, sino porque son cosas que suceden diariamente, por muy triste que suene. Es cosa de mirar en el celular o en el noticiero para encontrar algún suceso trágico que llega a superar la ficción. Y es esa misma realidad la que permite que leamos novelas como estas.
Otro punto que destaco es que, conocemos al personaje de Meredith en una “edad madura”, la que se le atribuye a todos quiénes ya han vivido la flor de la juventud, o en su caso, el haberse alejado de los reflectores del cine. Y siendo esta, una sociedad bastante edadista para algunas cosas, siempre se ha considerado y más aún en las mujeres, que llegar a una cierta edad es sinónimo de que no queda nada más por vivir o experimentar y que el solo querer intentarlo es mirado con prejuicio. Y puede ser cierto que es una etapa donde las cosas comienzan a dificultarse, como la salud y que también puede llegar a ser un terreno más desconocido en cuanto a las vivencias de vida o lo que una como persona puede querer, pero me alegra que novelas como estas o en otros medios, justamente el cine, busquen crear espacios que demuestran que la vida y las ganas de vivirla en plenitud se termina cuando una lo decide y no otros. En Vecinos, vemos como Meredith pasa de ser meramente una sombra de lo que fue, influenciada por la gente incorrecta y el abrirse a nuevas personas, la hace resurgir y hasta rejuvenecer. Eso sí, me habría gustado que se hablara más de su pasado. Quién fue antes de convertirse en actriz, el por qué se hizo tan famosa y qué tipo de películas hizo. Todo antes de su declive.
Aún con todos estos halagos, sé que este libro tiene sus imperfecciones. Algunos personajes son abandonados o desarrollados a la rápida y hay muchas partes que se repiten en la misma explicación, de sobra conocida. Pero lo que importa aquí es que, aún con sus fallas, es una historia entretenida, con personajes que aprecias, como Arthur y Charles, a quiénes adoré y otros bastante detestables, especialmente Andrew. Una lectura recomendada si buscas algo ligero para leer en un rato. Por mi parte, me alegra volver a leer a Danielle Steel con una nueva mirada y nuevos ojos.