Leí este libro porque lo mencionaba David Rakoff en su fascinante Half empty. Se trata de una defensa del pesimismo frente a la dictadura omnipresente del pensamiento positivo. Norem contrapone a los optimistas estratégicos (aquellos que evitan la ansiedad pensando que todo va a estar bien y confiando que "sobre la marcha" las cosas se solucionan) a los pesimistas defensivos (aquellos que imaginan todo tipo de catástrofes por anticipado y planifican con anticipación para evitarlas), y afirma que ambas son estrategias y ambas pueden ser exitosas. En los extremos, claro, está el problema, en los optimistas totalmente ciegos a cualquier obstáculos, que tienen a ser negadores con el ego inflado, incapaces de asumir sus limitaciones y defectos. Y en los pesimistas paralizados por la idea de que no vale la pena hacer nada ya que todo está condenado a salir mal. Norem analiza en detalle las sutilezas de estas dos posiciones (el optimista estratégico evita sentir ansiedad con su estrategia, mientras que un pesimista defensivo administra su ansiedad con su estrategia, ya que para él es inevitable sentir ansiedad). El libro es iluminador y vitalizante, porque es cierto que es inútil, en la mayoría de los casos, pedirle a un pesimista que se convierta en un optimista. Lo mejor sería adoptar distintas estrategias de acuerdo al contexto, e identificarlas, como hace este libro, puede ser de gran ayuda para eso. El libro, en un estilo accesible y ordenado, tiene la contra de ser un poco anodino, y un poco estirado y repetitivo (los mismos argumentos podrían haber ocupado la mitad de la extensión en páginas). En conclusión: altamente recomendable para aquellos que intuyen que atrás de la doctrina monocorde de pensamiento positivo, gente tóxica, etc, hay pensamiento muerto y fiaca analítica.