Me ha sorprendido muy, muy para bien, y he disfrutado plenamente leyendo, disfrutado de verdad, cosa que este año me ha sido muy difícil e incluso imposible durante mucho tiempo. Es una saga familiar que sigue a las mujeres de una casa a lo largo de tres generaciones, buscando dar cuenta de la situación de la mujer en la sociedad japonesa a lo largo de la primera mitad del siglo XX y los cambios de mentalidad dentro de un mismo espacio familiar. Al principio pensé que iba a ser la típica historia de una familia burguesa sufriendo para buscar marido a las hijas mujeres, etcétera, pero a las pocas páginas ya me despertó más interés. No deja de ser eso, una familia burguesa en la que nacen y crecen mujeres y luego se casan y tienen hijas mujeres, pero hay una mezcla que me parece muy curiosa entre un pensamiento feminista muy crítico con la posición de la mujer dentro de la familia —sobre todo en lo que refiere al acceso a una educación superior, la independencia económica de los hombres, las ambigüedades del matrimonio como institución y demás, problemas centrales del feminismo de principios del siglo XX— y una reflexión amplia sobre tradición/modernidad. Sobre todo me interesa que no cae, a pesar de la aparente simpleza de la historia y su planteamiento, en un cliché rotundo sobre la llamada mujer moderna (ni para ensalzarla ni, por el contrario, para demonizar algo así como el rechazo absoluto a la tradición), sino que muestra las propias contradicciones de las mujeres a la hora de establecerse como sujetos en sí mismos¹.
Realmente lo que más me gusta es que, con la estructura de saga familiar, se matizan estas contradicciones sin caer en la idealización de un pasado debido a la irrupción de los cambios drásticos del siglo XX, representando cómo afectaban estos mismos cambios a la propia concepción que la mujer japonesa —la burguesa, matizo— podría tener de sí misma y el conflicto que eso le acarreaba tanto consigo misma como en los espacios que ocupaba (o aspiraba a ocupar) y con sus allegados. Es muy típico decirlo, pero sorprende ver la fecha en la que su autora lo escribió, teniendo en cuenta que toda esta reflexión se plantea de una forma tan orgánica en las actitudes de los personajes. Reflexiones sobre la buena o mala madre, incluso menciones al aborto voluntario, distintas visiones del matrimonio, etcétera, bastante curiosas en general para un libro escrito en los años 50.
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¹ Por ejemplo, Hana es la madre ejemplar, esposa y ama de casa dedicada, paradigma de la tradición, y la autora muestra que también ella es capaz de sentir una ira y una frustración que se escapan a su control cuando llega a herir físicamente (por accidente) a su hija, a la que a veces no puede soportar. Con Fumio hay un contraste entre la aparente emancipación de la mujer en un plano puramente mental, basado en la lectura y el estudio, pero a la que solo unas cuantas privilegiadas, pudientes, acomodadas, podrían aspirar, y también muestra que este pensamiento no excluye la aspiración a otras experiencias como la maternidad o el matrimonio. Aunque sí creo que con la creación de la nieta, Hanako, como punto medio entre ambas posturas (la defensa de la moderación ante cualquier "extremo", supongo) deja de ser tan interesante este contraste de actitudes, no me deja de parecer destacable que parte de la definición del carácter de los personajes de Hana y Fumio tenga que ver con cómo ambas ven a sus hijos, qué esperan de ellos, si las decepcionan y demás. Para mí, más allá de algunos fragmentos más panfletarios sobre la emancipación de la mujer y todo eso, es clave la creación de personajes femeninos que se equivocan, no se comportan como deben, se avergüenzan. El derecho a ser incorrectas, sobre todo lo demás.