«Pronto comprendería que algunas cosas no se cuentan. A nadie. Que algunas cosas habitan ocultas bajo la piel, como las raíces del bosque. Que son invisibles. Innombrables. Que cobran fuerza en silencio. Nosotras mismas estábamos hechas de silencio. De silencio y de secretos. Como el fuego. Como Vesta».
¿Quiénes eran las vestales? ¿Por qué la historia se olvidó de aquellas veneradas sacerdotisas, adoradoras del fuego? ¿Tal vez por sabias? ¿Por hechiceras? ¿O sencillamente por mujeres? Esta novela recupera la memoria de sor Lelia, tal vez la única vestal hispana que hubo en Roma. En busca de ocupar su lugar en el mundo, Lelia se adentra en la intimidad de la casa de las vestales, un lugar donde lo cotidiano convive con lo espiritual y el misterio con la propia muerte.