Crónica de una muerte anunciada.
Juan Rayo, el protagonista, boxeador, está herido de muerte. Eso es lo que nos cuenta Horacio ni bien comienza la historia. La vida se le escurre, él piensa en su mamá y evoca su vida.
¿Cómo llegó a estar herido de muerte al costado de una ruta? La respuesta está en las casi 200 páginas que tiene esta novela, que ya sé estará en el podio de mis mejores lecturas del año.
Horacio desanda el camino con una escritura ligera, ágil, con mucho ritmo, de esas que se disfrutan, que atrapan y que no sueltan.
Peeeero, sabe pegar, y cuando pega, duele. Hay un capítulo en especial, que en la presentación del libro él describe como un cuento de terror, que me hizo tener que dejar de leer, tomarme un tiempo, respirar aire fresco y recién después de un rato, volver a agarrar el libro. Una maravilla. Me hizo mal, pero que maravilla que lo haya logrado. El que sabe, sabe!
Para mí, esta es una historia de amor por dos. Por un lado el amor al boxeo, y por otro el primer amor, ese que nos marca.
Y por esos amores es que Rayo termina como termina.
También es una historia de segundas oportunidades. Y me despertó una pregunta: ¿existen? ¿es utópico pensar que sí?
Con los condimentos exactos: amor y traición, gloria y fracaso, penurias y venganza; con una belleza en el lenguaje a pesar de la oscuridad de la trama que conmueve, con el dolor de personajes rotos que traspasa las páginas, y sobre todo con las malas decisiones del protagonista (que confieso que en varias oportunidades le grité: ¡NOOO, DALE!), Horacio nos regala una lectura cinematográfica, con un final que se siente como una trompada en el estomago, de esas que dejan sin aire.
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