«El reflejo de Grecia en las librerías es el mismo que impera en la sociedad: Grecia es un mundo antiguo, es Homero y Safo, es los dioses del Olimpo, el Partenón y Pitágoras». En este libro descubrirás un país que es mucho más que las ruinas de tiempos pasados y un parque temático para que turistas de todo el mundo vivan su gran aventura mediterránea. Con unos prismáticos por los montes de Evros, Beatriz Cárcamo Aboitiz te habla de otra Grecia, su Grecia, un lugar donde viven personas, plantas y animales.
En las ruinas crecen plantas y otras cartas desde la naturaleza griega es un libro intimista, sensible y luminoso que nos acerca a esa Grecia que no publicitan las guías de viajes.
Es ambientóloga, tiene un posgrado en desarrollo rural y un máster en traducción especializada, y trabaja en programas europeos dedicados al medio rural. Entre 2004 y 2010 vivió y trabajó en el ámbito de la conservación de la naturaleza en Grecia, país al que sigue volviendo, en cuerpo y mente, porque allí se quedó parte de ella. Cofundó la asociación sociocultural filohelena Periplo, y entre las cosas que más le gustan están los libros, la fotografía y los paseos por el campo. Vive en un pueblo del alto Asón (Cantabria).
Ha entrado en mis ALL TIME FAV de calle. ¡Un ensayo precioso que creo que todo el mundo debería leer! Dejo por aquí algunos párrafos bonitos:
«Me es difícil pensar en una Creta sin el espectáculo del quebrantahuesos volando con el mar de fondo, en un bosque de Dadiá sin la ancha y pesada silueta del buitre negro, en una Grecia quedándose sin 'el caballo del cuco', uno de los muchos nombres locales del alimoche, que anuncia la primavera volviendo del sur con el cuco a sus espaldas. Grecia es su naturaleza, y sin ella deja de ser. No hay piedra que conserve el alma de un lugar si a su alrededor faltan los seres que le dan vida.»
O este:
«Creo que los grandes árboles, los árboles monumentales, siguen inspirándonos respeto y admiración, pero también creo que conocer las especies de árboles que nos rodean debería considerarse parte de nuestro proceso de alfabetización y adquisición de cultura básica al crecer. Es inquietante no ya que hayamos olvidado que los árboles solían tener alma, sino que podamos compartir espacio vital día tras día con decenas de especies sin reparar en ellas ni preguntarnos cómo se llaman, desde cuando están aquí, que podría llegar a dolerles.»
O este otro (ya paro...):
«Puede, por qué no, que las manos que grabaron las golondrinas buscarán inmortalizarlas como lo que son: seres que atraviesan la tierra, sin restricciones, ni límites, impuestos, seres que han tenido la suerte de no conocer fronteras.»
Muy recomendable para cualquier lector. Es un ensayo precioso en el que se nos descubre la Grecia actual, su naturaleza y su gente, su entorno rural y el folklore. Además, y yendo más hacia lo personal, añado que para mí ha sido súper chulo poder leer experiencias en el campo (y en la vida, en general) de una mujer que trabaja en el ámbito de la naturaleza. Sobre todo ahora mismo, que me encuentro a las puertas de todo este mundo (y profesión).
Así que, en definitiva, muy agradecida por haber podido conocer un poquito de Grecia y su naturaleza de la mano de Beatriz y sus preciosas palabras, sé que es un libro que voy a revisitar bastante y que va a desatar la lectura de muchos otros!!
Esta obra es una preciosidad. La autora nos ofrece retazos de sus años trabajando y viviendo en Grecia, y viajamos con ella entre las calles, las gentes y la naturaleza. Es tan entrañable que no quieres llegar a Ítaca. Leed este libro, haceos un bien.