El grupo de filósofos outsiders y artistas experimentales conocido como CCRU dejó uno de los legados más inclasificables, afilados y subversivos de la historia reciente del pensamiento: una escritura tumultuosa y salvaje donde la teoría, el ciberpunk y los relatos de horror se hacen indistinguibles, y que dio lugar a un nuevo vocabulario para la filosofía (el aceleracionismo) y un corpus de mitos insólitos para el siglo XXI (vertidos en el estilo de la teoría-ficción). En Cultura cibernética nos sumergimos en los inicios del CCRU y la época de Abstract Culture, pasando por los escritos colectivos, hasta los trabajos teóricos de sus integrantes por separado. Los enjambres del CCRU; la convergencia entre mujeres y computadoras de Sadie Plant; el afrofuturismo de Kodwo Eshun; el feminismo anfibio de Suzanne Livingston, Luciana Parisi y Anna Greenspan; el jungle de Robin Mackay; la ontología sónica de Steve Goodman; la epopeya maquínica de Iain Hamilton Grant; la incandescencia de Mark Fisher o las hipersticiones de Nick Land… todo ello en un compendio nuclear de narraciones, ensayos y artículos del CCRU inéditos en castellano.
Este es un viaje al corazón del CCRU, pero cuidado: feroces subculturas Cthartelectrónicas se extienden por las Datacumbas, y la era de Uttunul se está condensando (o eso dicen los K-góticos). Con ellos, la filosofía nunca más volverá a ser la misma.
Me parece, sobre todo, una labor editorial excelente. El texto crudo del CCRU siempre me cuesta y me daba, por lo general, mucha pereza. Pero ese tipo de prosa está intercalada con suficiente contexto teórico e histórico para darle empaque y sentido. La entrevista con Robin Mackay es buenísima. El texto de "posmofobia" es brillante. Ambos ofrecen una ventana a Fisher cibernético hoy olvidado, cuyo peso en la CCRU parece que se ha subestimado. Es verdad que luego hay textos muy cansinos pero, por primera vez, empecé a entender que a lo mejor estos tipos también sabían un poco la tontería en la que estaban nadando, que eran conscientes de la torpeza del ensamblaje que estaban montando pero cuyo empuje por hacer algo nuevo y disruptivo les hacía que valiese la pena. El resultado quizás fue confuso, pero en esta compilación hay los suficientes momentos de autoconciencia sobre ese resultado que permiten ver el proceso con ojos más comprensivos. Al menos ha sido así para mí.