La poesía no siempre es presuntuosa o difícil. En ocasiones las palabras vienen de lo más visible, lo brumoso del día-a-día. "Miro esas películas de De Niro joven. Resultan más demoledoras que cualquier espejo." El poeta va a la oficina, tiene problemas de autoestima, de sobrepeso, de amor, de insomnio, de entrar en los elevadores (¿quién no?), tiene un hijo y ex mujeres, un hombre cualquiera. Son las anotaciones del cine y de la música las que revelan su edad: ni joven ni viejo, este poeta está en una edad de llenar huecos con palabras convertidas en hilos interminables. Los poemas son actos terroristas insiste él, pero sabemos (y no qusiéramos saber esto) que las maquinarias de la boca suelen ser bombas para adentro, bombas que tiran muros que son estómagos y que provocan incendios invisibles.