La emoción de la escritura, la alegría de escribir, como método para superar el desengaño amoroso.
«Una de las escrituras más brillantes de la narrativa española.» J.M. Pozuelo Yvancos, Abc Cultural «Hidalgo Bayal quizá encarne hoy la más precisa y preciosa escritura de la que el español puede presumir.» Ricardo Menéndez Salmón, El Comercio «Una de las voces más personales y atractivas de la literatura española de nuestro tiempo.» Alfonso Vázquez, La Opinión de Málaga «Hidalgo Bayal, novelista insólito, es una especie de Robinson literario venerado por muchos.» Jesús Ruiz Mantilla, El País
Tras dejarle la novia, y en un momento de apatía y trabajos sin interés, el joven protagonista de esta novela sólo recupera en parte su entusiasmo en cuanto, espoleado por la convocatoria de un premio, decide escribir una novela. Sus lecturas últimas son poco inspiradoras, pero intuye que será el propio lenguaje, su afición a los juego lingüísticos, lo que le mostrará el camino. En las lentas y calurosas tardes de verano, acostumbra a pasear y sentarse junto al río. Inesperadamente un grupo de chicas se reúne en la orilla y se baña en las aguas cada tarde. ¿No serán ellas la mejor inspiración?
Gonzalo Hidalgo Bayal nació en Higuera de Albalat (Cáceres) en 1950. Es licenciado en filología románica y en ciencias de la imagen por la Universidad Complutense de Madrid, y ha sido profesor de literatura en Plasencia.
Sus novelas Paradoja del interventor y Campo de amapolas blancas lo convirtieron en una deslumbrante revelación que quedó definitivamente confirmada con sus siguientes obras: El espíritu áspero (2009, Premio Qwerty), La sed de sal (2013), Nemo (2016, Premio Tigre Juan) La escapada (2019) y Hervaciana (2021). También es autor de los libros de relatos Conversación (2011, Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos y IX Premio Dulce Chacón de Narrativa Española) y La princesa y la muerte (2017).
El conjunto de su obra lo ha situado en un lugar privilegiado de las letras españolas, como un escritor imprescindible, un clásico vivo, seguido por un creciente número de fervorosos lectores.
Una perla. No entiendo cómo no se está dando a este extremeño mayor publicidad, o en su defecto, algún premio de los grandes. ¿Cómo es que yo no conocía a Hidalgo Bayal? Llegó a mí como epiloguista de un libro de poesía, y pensé para mis adentros: aquí un Quevedo del siglo XXI. Me aventuraría a decir que con su castellano pulcro y genuino, toda la narración tiene un deje de literatura antigua, qué sé yo, propio del Siglo de Oro. Un festín de palabras y un cúmulo de fina ironía, una obsesión satírica cervantina y a la vez flaubertiana. La prueba de que la lengua castellana es flexible y traviesa.
Curiosa la crítica que le hicieron en el diario El País hace unos años, tildando la novela de "ingenio narrativo y nulidad literaria". No entendieron nada.
En esencia, la novela dibuja los pormenores del proceso creativo de la composición de la misma, del estado de euforia primero; de enajenación después, todo ello sirviéndose de una novela adscrita a presupuestos lúdico-literarios para presentarse a un concurso que lleva el nombre de un reputado palindromista. ¿Cómo lo hace? Como si de un uróboro se tratase, utiliza una trama sobre cómo surge la trama, de cómo ésta se dota de estilo y de los aspectos de la sintaxis. El proceso del proceso del proceso. ¿Qué elige contar? Las vicisitudes estivales de una panda de zangolotinos y canéforas, en consonancia con El Jarama de Sánchez Ferlosio, cribada por el tamiz de Proust y con la gracia de Eduardo Mendoza, usando los envites de la estructura como si jugase al mus: en cada pequeño capítulo hay un lance del juego. Disfrutar de la novela significa estar predispuesto a jugar: nunca sabes si el autor fuerza el palíndromo para conseguir la trama o viceversa, si antes fue huevo o gallina, o en sus propias palabras, en qué casos ha prevalecido el numen del genitum y en qué otros el cacumen del factum.
Ya solo con quedarnos en la primera parte, con la primera capa del juego, la de la inventiva de la palindromía, sería más que suficiente para el goce de la lectura, pero no se puede soslayar la sustancia de las capas sucesivas. Dardos hay para dar y tomar. Y más en la segunda parte, que cuenta el desenlace del concurso literario bajo la perspectiva del escritor, un poco en la línea de lo que hizo recientemente el editor Constantino Bértolo en ese librillo tan de moda, "El arte de rechazar manuscritos".
Solo una pega, no tan pequeña: tanto talento entregado al juego casi le hace perder verosimilitud a la trama. Al menos, creo que sí se ha deteriorado un poco la emoción. Pero cuanto más lo medito, más me reafirmo: tiene un sentido del humor bárbaro, que es lo que más aprecio últimamente, cuanto más en la literatura.
Me ha parecido magnífico. Más allá de un divertimento de estilo y una exhibición de dominio léxico y discursivo envidiable. La trama es simplísima, un escritor aficionado que se lanza a presentarse a un concurso literario, dividiéndose en dos grandes partes, el universo creativo durante la escritura de la obra, y todo lo relacionado con los premios, ceremonias y crítica. Es una delicia, no exenta de buenos ratos de humor, leer los malabares morfológicos y sintácticos, con esa palindromofilia, y disfrutar del lenguaje como nos propone el autor. Pero hay mucho más, si se mira bien. El Ars v.s. Natura, la creación literaria y la ficción, la crítica literaria y los cánones. El libro dice mucho más de lo que cuenta y lo cuenta con una precisión quirúrgica y un acervo léxico magistral.
Numeraría la cantidad de recursos que denotan la alta calidad en la escritura de este libro pero he de decir que a mi no me ha llegado. El protagonista de la novela ha sufrido una ruptura amorosa y como medida de alivio a esta situación decide presentarse a un premio literario.
Por primera vez, y sin que sirva de precedente, me voy a permitir puntuar un libro que no he llegado a acabar. No quiero ser injusto con un autor que, por momentos, me recuerda a Landero, tal es su dominio del lenguaje. De la misma forma tengo que reconocer el mérito que tiene sacar palíndromos debajo de las piedras. Pero si la historia no acaba de llegarte, pues qué quiere que te diga, adiós y santas pascuas, que hay mucha lectura por delante.
La literatura difícil está guay, pero para un rato 💁🏻
Me gusta la estructura del libro, la forma en la que está escrito,y la capacidad de hacer una novela sin prácticamente una historia. Los palindromos son geniales! Me ha costado terminarlo, pero me he alegrado de hacerlo.
Yo diría que esta novela es Hidalgo Bayal en estado puro...la más jocosa, la que incluye más juegos lingüísticos...es cierto que casi carece de trama, pero si disfrutas con su prosa, erudición y malabarismos con la lengua, pasarás un muy buen rato leyéndola, como así ha sido mi caso.
Infumable. Si entras en la dinámica de este libro desquiciante y provocativo, lo disfrutarás enormemente. Si lo ves como un juego naif, plomizo e infantil como en mi caso, acabarás renegando de él.
Leer este libro es como jugar. Como echar una partida con el lenguaje, sabiendo que tienes la mejor baza, y que ganarás.
El principio y el final hacen dudosa mi valoración, sin embargo, la "trama", me ha mantenido boquiabierta y alucinada con esa magnífica habilidad del autor para usar las palabras.
No es un libro para cualquiera. Sólo lo recomiendo si te gusta leer, pero sobre todo, si te apasiona escribir. Y si tienes una visión del lenguaje como un vehículo vivo, cambiante, un ente capaz de transformarse y transformarte a través de si mismo.