Ser testigo de un cambio de paradigma en neurociencias es un privilegio inmenso. Leer este libro me lo ha permitido. Formada en la base biológica del comportamiento humano, he podido disfrutar de la certeza de conocer como el cerebro tiene áreas modulo en las que se realizan determinadas acciones específicas. He asistido a las sesiones en las que se veneraba y entendía las afasias del lenguaje como resultado de daños en zonas bien conocidas. Y he paladeado la tranquilidad de comprender que sucedía. Y va un médico de 30 años y derriba esos prejuicios y conceptos elaborados con evidencias parciales y propone un nuevo modelo. Si, hay algunas funciones localizadas, las que son más antiguas en la línea filogenética, pero, las funciones complejas, el desarrollo de estrategias, el procesamiento de emociones, la metacognición, el saber que estás aquí, se procesa no en zonas aisladas, sino en redes y metaredes neurales. Es el cerebro trabajando orquestadamente en zonas distintas el que sirve de sustrato para comportamientos complejos. ¿Y sabes? Te das cuenta de que tiene sentido. De que es lógico que para las funciones esencialmente humanas, recientes en la historia de nuestras especies, necesitemos todo el cerebro, en conjunto, coordinado, para que podamos llevarlas a cabo. En realidad, hay redes, y luego ellas se conectan entre sí, formando metaredes. La metodología a la que ha llegado aquí ha sido por procesamiento de imágenes y sobre todo, por la cirugía despierta, porque como bien explica en el libro, las funciones cognitivas no se ubican sólo en un lugar con coordinadas x, y, z, sino que además cambian a lo largo del tiempo en el mismo individuo (por la plasticidad) y entre individuos, no todos tenemos las redes en las mismas coordenadas. Yo solo espero que al Dr. Martín Fernández le duren las ganas y las ideas para seguir trabajando en este tema, y que le den el nobel.