Es una novelita pensada para niños/as de entre seis y ocho años (calculo, porque en el libro no aparece una edad recomendada). Los protagonistas son Nanga y Rai, niños que pertenecen a una tribu que habita en un desierto; aunque todos los lugares son inventados, la ambientación parece muy claramente inspirada en la vida de los aborígenes australianos, por las herramientas, animales y plantas que se mencionan.
Al vivir en el desierto, el pueblo de Nanga y Rai depende por completo de encontrar acuíferos y cavar pozos para su subsistencia. Para ello, hay una estirpe de mujeres llamadas "N'wone", a las que entrenan desde niñas para rastrear el desierto buscando vetas de agua. Las enseñanzas se transmiten de madres a hijas, y solo si una mujer no tiene hijas, puede transmitir sus conocimientos de N'wone a una niña que no sea suya. El conflicto en el pueblo surge cuando la N'wone en activo muere prematura e inesperadamente: las únicas buscadoras de agua que quedan son su madre, demasiado vieja y obesa para caminar más de unos pasos, y totalmente incapacitada para recorrer el desierto, y su hija Nanga, que solo tiene ocho años y apenas había empezado su entrenamiento. Eso hace que todo el peso de encontrar agua recaiga en Nanga, y aunque sigue recibiendo toda la instrucción que su casi inmóvil abuela puede darle, la práctica debe hacerla en el desierto sin nadie que la enseñe, y en el pueblo creen que es demasiado pequeña para lograrlo.
Es un libro infantil algo inusual, en tanto que no encontramos una lucha de buenos y malos, y tampoco hay apenas acción: todo lo que se cuenta son las sucesivas salidas que Nanga hace al desierto, entrenando sus sentidos para encontrar agua (a veces sola, a veces con su hermano Rai, a veces acompañando a una partida de caza...), mientras en el pueblo los pozos se agotan y el miedo crece. Es la historia de una niña que debe madurar a marchas forzadas para ocupar el lugar de una adulta, y no la mueve ninguna idea de crecimiento personal ni superación, sino la cruda realidad de que la supervivencia de su pueblo depende de ella.
Las descripciones del modo de vida tribal son realistas y están bastante adecuadas a un público infantil - no se omite, por ejemplo, que comen insectos o que llevan el agua en una vejiga animal - y las ilustraciones de Laia Pàmpols son muy agradables. Los capítulos son cortos, el lenguaje sencillo, y el final... pues el que se espera de un libro infantil.
Esta novelita ha ganado el Premio Anaya de narrativa infantil 2024 (¿cómo dan un premio anual en el cuarto mes del año?), y la editorial lo deja bien claro indicándolo en un círculo rojo IMPRESO en la portada. No es una pegatina que se pueda quitar, no; lo han impreso bien grande, tapando parte de la ilustración de la portada, pa que se vea.
Un cuento bonito, pero me ha dejado bastante fría. El lenguaje es correcto, la ambientación australiana está bien, pero no creo que estén aprovechados. La trama es casi inexistente, apenas comienza a la mitad del libro (o más), y ni los personajes son profundos ni hay tensión alguna, por lo cual tampoco hay emoción. Me da pena, porque creo que podría haber dado mucho más de sí.