Luis García Montero ha reunido en esta edición los poemas de amor escritos durante años para su esposa, la novelista Almudena Grandes. Un libro lleno de sensibilidad y humanidad de uno de los más importantes poetas de nuestra lengua, capaz de reconstruir en sus versos no sólo la vida cotidiana, sino también aquello que nos reconcilia con el futuro: el amor.
A la manera en que Antonio Machado representó la paciencia vigilante de la escritura poética: “Una barca que espera en la costa la subida de la marea”, Luis García Montero (Granada, 1958) ha ido construyendo a lo largo de más de veinticinco años una obra poética que trata de pensar el mundo que rodea al poeta en la soledad de su escritorio, eligiendo un camino que como afirma el propio García Montero “suele basarse en un doble deseo: el deseo de no repetirse y de no traicionarse”. Este libro recopila una amplia muestra de los poemas de amor que el autor ha incluido en sus tres últimos libros, así como algunos inéditos del que será su próximo poemario. El amor como asunto literario, no como confesión biográfica sino como búsqueda de la expresión de un compromiso. Los poemas de Luis García Montero nos hablan aquí de “ese conocer a los demás en la propia intimidad, mientras se conoce uno mismo en el diálogo con los otros”.
Luis García Montero (Granada, 1958) es poeta y Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada. Es autor de once poemarios y varios libros de ensayo. Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero, el Premio Loewe en 1993 y el Premio Nacional de Literatura en 1994 por Habitaciones separadas. En 2003, con La intimidad de la serpiente, fue merecedor del Premio Nacional de la Crítica.
Ha sido una relectura maravillosa, como todo lo que leo de García Montero. Ya desde el título, el poeta nos anuncia el motivo de sus versos: la novelista Almudena Grandes, esposa de Luis desde 1994, mujer a la que rinde homenaje por medio de esta recopilación de poemas amorosos. Todo el poemario es una sucesión de experiencias y sentimientos, de aprendizaje, de complicidad, escritos con fe en el amor y en la vida. Qué belleza de pluma, qué bonita historia, qué delicia descubrirse a una misma en los versos de otro.
Son unos poemas tremendamente preciosos. En general, sencillos de leer, no parece que se pierda mucho en la forma lo que lo hace un libro muy asequible para los que no estamos muy acostumbrados a leer poesía. Se ha colado ya entre mis libros favoritos sin duda
Aquí una que solo lee historias que le rasgan por dentro se atreve con una oda al amor de verdad, al amor con pasión y con sosiego, al amor maduro e ingenuo. Porque hay historias que traspasan la realidad y se universalizan a través de la literatura. Uno de mis poemas favoritos es lo que siempre he sentido cuando me despedía, y empieza así: 'Problemas de Geografía Personal' Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo con el frío de alguna palabra que no he dicho, con un malentendido que temer, ese hueco de torpe inesxistencia, que a veces, gota a gota, se convierte en desesperación.
Qué bonito que podamos participar de este amor, que pena que ellos ya no.
Estamos, pues, delante del recorrido de un amor a través de las letras, pero también hay tiempo para la reflexión sobre el propio sentido de la poesía. Y, dice así: “La poesía es inútil, sólo sirve / para cortarle la cabeza a un rey /o para seducir a una muchacha”.
Una recopilación de poemas que el poeta ha escrito a su mujer, Almudena Grandes, y prologado por ella, en el que va comentando los diferentes versos del poema La inmortalidad, publicado por García Montero en su libro 'Completamente viernes'. Me quedo con esta frase: "Mi sentimiento de plenitud no tiene que ver con la vida después de la muerte, sino con el cumplimiento de un destino en la tierra."
Siempre amé la poesía de Luis García Montero. En este caso, continúa esa magia de su voz en la cotidianidad, atrapando instantes para volverlos eternos.
«Y soy del mundo cuando soy más tuyo, por la misma razón que los días de lluvia nos devuelven palabras de familia y el olor de la tierra».
Ay, por dios. Me refuerzo en la idea de que el amor es lo que da sentido a la vida. Y empiezas este libro con Luis García Montero enamorándose y acabas con el corazón roto al unísono y el fantasma de la muerte haciendo estragos en tu día. Y llorando como una magdalena, claro está. Es como ver una película romántica de las que te hacen volver a creer en el amor, pero extraordinariamente escrita y a ritmo de poemas. La cotidianeidad, los primeros encuentros, las cartas, los viajes en soledad pensando en el otro... Yo que sé, chicas, que viva el amor un día más.
Creo que he leído un verdadero poemario de amor, sin duda alguna.
Me entristece pensar que la destinataria de estos poemas, Almudena, ya no está pero que, sin duda, se los ha llevado con ella. Que los disfrutó en vida. Que fueron leídos y recitados por y para Almudena Grandes. Que de esta vida se llevó muchísimo amor.
Que te escriban un poemario y lo bauticen con tu nombre es toda una declaración de intenciones. Supongo que es ese momento álgido del amor (dure siempre o no) donde, en vez de gritarlo a los cuatro vientos, lo plasmas en papel para que perdure. Que manera de amar y de querer, de admirar con sed. Que historia de amor tan literata. Y es que puedes leer el nombre de Almudena en muchas dedicatorias de libros de Luis. Era su constante.
De la poesía de Luis puedo decir que en algunos versos me ha resultado ser densa pero no era motivo para abandonar. Al igual que compleja pero no me parece un rasgo negativo, al contrario, quizá estemos muy acostumbrados a los versos rápidos y cortos. Por eso es bueno repasar el verso y empaparte bien. Luis me parece un poeta nostálgico que en cada poema hay una gran carga de mensaje y por eso creo que es mejor leer de poco a poco.
A mí me basta con que un poemario me haga pensar que en alguno de sus versos pude estar, verme o usarlo para expresarme.
Que bonita es la tristeza y la añoranza cuando las cuenta Luis García Montero. Versos de lo cotidiano que rozan lo sublime y que inevitablemente se quedan contigo aún después de abandonar sus páginas. No se me ocurre homenaje mejor para alguien a quien amas.
«La víbora del miedo, la víbora del miedo derrotado, mi calor y su frío.
Y se queda en el pecho, anidada en la sombra, hasta el amanecer. Ten paciencia conmigo.
Porque el mundo es así, y vengo herido, ten paciencia conmigo.»
...
«No me quejo del miedo a la caída, de la ducha difícil, de los duros transbordos para llegar al baño. No me quejo tampoco de los cuidados paliativos, la memoria con gasas y la conversación inevitable. No me quejo de verte morir entre mis brazos.
Comprendí que los viajes y los libros con sus dedicatorias siempre han sido maneras de cuidarnos. Comprendí las raíces de nuestra militancia, comprendí la factura de querer de un modo tan completamente viernes. Comprendí el argumento de esta historia en la noche estrellada, una historia de amor, este año y tres meses, estos días azules que ya son, ahora, recordados, los más felices de mi vida.»
...
Y el de Almudena a Luis:
«Si yo supiera escribir un poema, contaría la emoción de acostarme contigo en versos elegantes de sílabas iguales.
Estos no lo son.
Lo haría mejor en prosa, pero lo he hecho ya muchas veces, tantas veces que hoy me atrevo a contar en versos malos, irregulares, torpes, desmañados, cómo se estrena el mundo cada día cuando no necesito abrir los ojos para saber que duermes a mi lado.»
Probablemente Luis y Almudena sean (o hayan sido) la única pareja que aún me hace creer en el amor.
Me sorprendió mucho que, en este recopilatorio de poemas par Almudena, se haya incluido “Nube negra”, que supuestamente estaba escrito para Joaquín Sabina después de su infarto cerebral.
Añadir que me gustaron muchísimo más los poemas de la segunda mitad del libro. Dejo aquí algunos versos y los títulos de algunos poemas:
«Si el amor, como todo, es cuestión de palabra, acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma».
«Que no me lea quien no haya visto nunca conmoverse la tierra en medio de un abrazo».
«Vente conmigo al frío del invierno. Deja que todo pase Como pasa una mano por la piel, Como corre la lluvia Por el cristal de un dormitorio. Allí se puede ser feliz. Incluso Volveremos un día, Descalzos y abrazados en la niebla, A caminar por esta playa cuando seamos viento».
Y por supuesto Casas antiguas y La tolerancia no sirve para comprender el beso extranjero.
Si queréis leer una de las dedicatorias más bonitas y los poemas de amor más reales, os recomiendo 'Almudena', una colección de poemas de amor que Luis García Montero escribió durante años a su mujer, la también escritora Almudena.
La sensibilidad está presente en cada verso, donde la vida cotidiana, los días, los aniversarios, las calle vacías, las noches, el ajetreo de la ciudad, con sus gentes, sus ruidos y sus calles, construyen el amor y la memoria de la felicidad.
Con poesía inmoral, con "habitaciones con vistas a su cuerpo", con futuros, viajes, maletas perdidas; con planteamiento, desnudo y desenlace. Con lo ordinario de la vida, que la hace tremendamente bella. "Con todo lo que la muerte no podrá quitarme"
"Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo con el frío de alguna palabra que no he dicho"
Nada será suficiente nunca como para sentir que no tienes que volver a reivindicar tu amor por alguien a quien quieres.
Uno de mis pensamientos más recurrentes es la idea de sentirte inmortal cuando miras a los ojos de alguien de quién estás enamorado. Con este poemario, Luis García Montero consigue no solo plasmar ese sentimiento a la perfección sino también pasar esta idea a un acto y darle la eternidad al amor que compartía con Almudena Grandes, que tanto se lo merecía.
Ojalá algún día tenga la suerte de experimentar un amor tan bonito, tan adulto y tan inocente a la vez como el que se puede entrever en cada verso de este libro.
“Por eso sé de amor, por eso no medito el cuerpo que te doy, por eso cuido tanto las cosas que te digo.”
Es un poemario con encanto y tiene algunos versos verdaderamente espectaculares, pero de forma general no me termina de gustar su estilo y gran parte del poemario me deja lo suficientemente frío como para no poder darle una mejor valoración.