Los padres de Cristina Esquivel, una geriatra a la que han encontrado estrangulada en su piso de Madrid, contratan al detective Arturo Zarco para que encuentre al asesino. En realidad, lo que esperan es inculpar a Yalal, el albañil marroquí con el que estaba casada Cristina, y que ahora tiene la custodia de la hija de ambos. Zarco es un detective muy poco convencional; cuarentón, gay, y aún estrechamente ligado a Paula, su ex mujer, a la que cuentay con la que discute por teléfono las vicisitudes de la investigación, y hasta los pormenores de sus fascinaciones eróticas. Pero bajo la superficie de las charlas, tras el relato de ir y venir de vecinos sospechosos y de presuntos implicados, la conversación telefónica entre el detective y Paula se convierte en un pretexto para la dominación y la venganza, para el daño que se quieren infligir dos personajes que se odían, se aman, se necesitan y se repelen. Hasta que el forcejeo dialéctico entre Zarco y Paula queda, de repente, interrumpido por el diario de la enfermedad de Luz, una de las vecinas de la geriatra asesinada, y madre de Olmo, el jovencito que fascina y perturba a Zarco.
Y un relato interfiere en el otro relato, y el encanto y la seducción de lo reconocible se suspenden. Queda también en suspenso el clímax del desvelamiento, y el lector se ve obligado a participar y a pensar sobre el sentido de la interferencia, mientras Luz escribe la narración minuciosa del asesinato de casi todos sus vecinos, habla de su dieta, sus vicios y sus menstruaciones perdidas, de su psiquiatra, el doctor Bartoldi, del daltonismo de su hijo Olmo, de la responsabilidad de la ficción, de las mentiras de las verdades y de las verdades de las mentiras.
Black, black, black es una espléndida novela negra que puede leerse como tal, pero también, y sobre todo, como otra cosa, puesto que Marta Sanz nos propone una lectura insurgente sobre la violencia del sistema, sobre su imperfección, un relato donde la idea del crimen como resultado de la fricción social, de algo más terrible que las patologías, abre la posibilidad de una investigación psicológica que profundice en las relaciones de causa y efecto y no se base sólo en las pruebas de laboratorio y en las mesas de los forenses. Se trata, pues, de una ficción donde la violencia inexplicable acaba ajustándose al razonamiento lógico y lo "imperceptible" sale a la luz con toda la potencia que tiene lo siniestro, ese "siniestro familiar" del que hablaba Freud. Y ésta es la concepción, política y retórica, que sustenta esta novela policíaca inteligente, divertida y subversiva.
Marta Sanz es doctora en Filología. Ha publicado las novelas El frío, Lenguas muertas, Los mejores tiempos, Animales domésticos, Susana y los viejos y La lección de anatomía, así como cinco poemarios (Perra mentirosa, Hardcore, Vintage, Cíngulo y estrella y La vida secreta de los gatos) y dos ensayos (No tan incendiario y Éramos mujeres jóvenes). En Anagrama ha publicado las novelas Black, black, black: «Admirable. Tiene la crueldad y la lucidez desoladora de una de las mejores novelas de Patricia Highsmith, El diario de Edith» (Rafael Reig, ABC);Un buen detective no se casa jamás: «Vuelve a mostrar su dominio del lenguaje (y de sus juegos) y del registro satírico (de la novela de detectives, de la novela romántica), con una estupenda narración» (Manuel Rodríguez Rivero, El País); Daniela Astor y la caja negra (Premio Tigre Juan, Premio Cálamo y Premio Estado Crítico): «Hipnótico, fascinante y sobrecogedor» (Jesús Ferrer, La Razón); una versión revisada y ampliada de la que es posiblemente su mejor novela, La lección de anatomía: «Ha conseguido situarse en una posición de referencia de la literatura española, o, en palabras de Rafael Chirbes, “en el escalón superior”» (Sònia Hernández, La Vanguardia); Farándula (Premio Herralde de Novela): «Muy buena. Estilazo. Talento, brillo, viveza, nervio, inventiva verbal, verdad» (Marcos Ordóñez, El País); Clavícula: «Uno de los libros más crudos, brutales e impíos que haya leído en mucho rato» (Leila Guerriero) y una nueva edición de Amor fou: «Una de las novelas más dolorosas de Marta Sanz... Las heridas que deja son una forma de lucidez» (Isaac Rosa), y pequeñas mujeres rojas: «Una brutalidad literaria, un despliegue verbal que asombra» (Luisgé Martín), así como el ensayo Monstruas y centauras: «Extraordinario» (María Jesús Espinosa de los Monteros, Mercurio).
Marta Sanz nos propone una vuelta de tuerca al tradicional género de detectives, tal como apunta el título. Pero en vez de ser una novela negra, negra, es más bien un retrato costumbrista de una comunidad de vecinos de Madrid, con muchas notas de humor y personajes singulares.
Más que lo que se narra – una trama correcta – lo importante es el cómo. La autora despliega todos sus recursos de estilo y también varía la voz narradora en tres partes diferenciadas. En la primera parte seguimos al detective Arturo Zarco, al que se le encarga la investigación del asesinato de una médico que ha aparecido muerta en su piso. Los padres de ella intentan culpabilizar a su ex, un albañil marroquí. Hay una narrativa bastante convencional, en que conocemos al detective, que es gay y sigue teniendo una relación muy estrecha con su exmujer, a la que consulta su opinión sobre el caso. En la segunda parte, cambia el modelo narrativo y la autora nos presenta el diario de una vecina de la víctima, una mujer extraña que habla de sus obsesiones y a través de la cual conocemos mejor el vecindario. La tercera parte está narrada por la ex del detective y es aquí donde, finalmente, vamos anudando los hilos de la trama, presentados de una manera poco ordenada, de modo que el lector tiene que poner de su parte para llegar a conclusiones.
No es una obra aconsejable para aquel que espere un policial al uso, pero sí que contiene muchos aspectos que enriquecen el género y está muy bien escrito. Un libro que sorprende y que tiene muchos niveles de lectura y de crítica social, que parte del género para conseguir una obra muy personal. 3,7*
No niego que está bien escrito. Una novela negra contada desde 3 puntos de vista en la que no sabemos quién es el asesino hasta el último momento. Marta Sanz ahonda además en la psicología de los personajes pero no me ha gustado. No he sentido empatía con ninguno de los personajes y ha llegado un momento en que la resolución del caso me dejaba fría. He estado a punto de dejarlo en varias ocasiones y si no fuera porque no es muy largo, seguramente lo hubiera hecho.
Este es el primer libro que leo de Marta Sanz, y me ha resultado muy prometedor. Black black black es una novela negra castiza, con personajes que, incluso dentro de su estilización literaria, resultan familiares y creíbles, de esos que nos pueden recordar, aunque sea parcialmente, a alguien conocido. Son personajes difíciles, no creados precisamente para que les tomemos simpatía o les entendamos por completo, que nos hablan de la importancia de la propia perspectiva y de lo mucho que ponemos en las personas con nuestra mirada. Solo por esa complejidad y por lo bien que escribe Marta Sanz, ya tengo ganas de leer más cosas suyas.
Inicio divertido con un detective muy caradura. Lectura ágil, de una escritora que no conocía. Para salir de ámbito más trillado de la novela negra. ¡Pero que cambio de ruta más inesperado! Tres voces narrativas, cada una muy distinta, todo muy empaquetadito, y yo pensando en algo ligero, para no pensar mucho. Realmente me ha sorprendido, muy buena novela y pronto para continuar con la trilogía.
Podríamos definir Black, black, black como novela negra en versión de lo más castiza y costumbrista, dividida, como también deja entrever el título, en tres partes. No hablaríamos, no obstante, del estilo que mayormente se aplica hoy en día al género negro-criminal, pues aquí no encontraremos un despliegue de frases cortas y punzantes —a todas luces carentes de efecto y pesadas cuando se abusa en exceso de ellas—, sino todo lo contrario: frases elaboradas y perfectamente estructuradas —lo realmente complicado en la literatura—. Claro que estamos hablando de Marta Sanz, de la que ya conocemos sobradamente su deliciosa prosa. Me ha gustado leerla también en este contexto, con una trama potente, muy directa y centrada en ella. Es un placer cuando te encuentras con una novela cuyo autor está dispuesto a asumir riesgos en su estilo narrativo, y si el resultado es como el que nos atañe, que por otra parte es al que ya nos viene teniendo acostumbrados la madrileña, ¿qué más se puede pedir? Sin despreciar otros estilos, me quedo con este, el de la Literatura en mayúsculas, un auténtico gustazo para el lector.
Regresando al inicio de la reseña, la obra se divide en tres partes —tres blacks— narradas por otros tantos personajes, y la acción transcurre en una comunidad de vecinos cualquiera. Hay que destacar de ello la maestría de Sanz en dotar a los personajes de voces diferentes —algo complicado de conseguir— lo que ayuda mucho al lector a situarse y a entender las diferentes visiones que nos presentan los narradores sobre el mismo caso. En el primer bloque nos engancharemos a la trama con el detective Arturo Zarco y sus pesquisas para hallar el autor del asesinato de una mujer en su propio piso. Será en la segunda parte, de lectura un poco más densa, donde eso sí, tal vez vamos a encontrarnos a la Sanz más en esencia, más arriesgada. Lo hubiera tenido fácil siguiendo la senda marcada en la primera parte. Sin embargo, da un giro a la historia sumergiéndonos en un diario escrito por uno de los personajes. Buena decisión. Otro punto a favor de la madrileña el desmarcarse de la zona cómoda para apostar por la autoexigencia.
Black, black, black es una obra que huye de los clasismos más trillados de la novela negro-policíaca y eso le otorga una cierta originalidad que siempre se agradece. Si a todo eso le sumamos su elaborada y conseguida prosa y una trama muy bien estructurada, nos queda una obra bastante redonda en su totalidad que el lector valorará y disfrutará en su justa medida. Sin duda alguna, un libro que recomendaría tanto a amantes de la novela negra como a los que habitualmente no suelen acercarse al género.
"Cuando la gente es libre no sabe qué hacer con las libertades. Cuando ella se quedó viuda no supo qué hacer con su libertad. Estar solo se parece mucho a ser libre y eso no hay bicho viviente que lo aguante. La libertad sólo es el punto de partida para buscarse nuevas ataduras."
Me ha gustado mucho, mucho esta revisión castiza y costumbrista de la novela negra. Está increíblemente bien escrito y, por una vez, he notado diferencia entre los tres narradores que hay, que es algo que no siempre pasa. El único pero que le saco (pero es una cosa mía) es lo agobiante que acaba siendo, el tramo del diario se me hizo especialmente difícil, aunque es donde se ve de verdad la maestría de Marta Sanz.
Voy a ser breve. Marta Sanz podría narrarme su rutina mañanera y cómo se hace el café durante 500 páginas y seguiría siendo un placer leerlo. Qué delicia de narradora, qué suerte tenemos de vivir en el mismo espacio-tiempo que ella. Qué gusto da leer una prosa inteligente, qué satisfactorio tener que hacerme una lista de palabras que no conozco. Lo de esta mujer y el léxico es tremendo. Me resucita el espíritu filológico en estas tinieblas llamadas Máster de Profesorado.
Por otro lado, qué bonito reencontrarme con los personajes de pequeñas mujeres rojas, me ha encantado ver su primera presentación al mundo. Tenía mucha curiosidad por conocer al famosísimo detective homosexual, Zarco (el primer black), aunque al final la mayor sorpresa (gratísima) ha sido Luz y su diario de desquiciada (el segundo black). La voz de Luz me inquieta, se parece muchísimo a la de la propia Marta Sanz. Por último, me ha conmovido escuchar de nuevo a Paula (tercer black) porque ya sé el final de su historia y me compadezco.
No me suelen interesar, fíjate tú, las historias de crímenes por resolver, pero esto que hace Sanz es, como siempre, otro rollo. Un híbrido, una novela subversiva, yo qué sé, algo muy tocho teóricamente. Además, qué giros de la trama más buenos. Cómo me engaña constantemente, cómo me he divertido.
Lo tengo firmado porque fui a su presentación de Los íntimos en Salamanca hace unas semanas: “Para Claudia, en gratitud por su entusiasmo, porque las alumnas de María Ángeles están en mi corazón. Marta Sanz. 2025”.
(Le pongo a este libro 4 estrellas y creo que tengo que subirle la nota a pequeñas mujeres rojas)
Me ha dejado mucho que desear... no he congeniado con ninguno de los personajes. De los tres puntos de vista de la novela, solo el diario de Luz me enganchó. Es la parte que más amena se me hizo. Una novela muy descriptiva y pesada. Le doy 2,5 estrellas.
El primero de la trilogía del detective Zarco que como bien dice el título se trata de una novela negra por partida triple aunque yo más bien lo tildaría de una mezcla entre novela negra y costumbrismo pasando por la peli La Comunidad de Alex de la Iglesia
Un asesinato ocurrido hace un año, una comunidad de vecinos a cada cual más pintoresco, un detective más preocupado en chicos jovencitos que en resolver el asunto y una coja que trabaja en Hacienda
¿Resolveremos el crimen?
Lo he pasado muy bien leyendo esta novela y he flipado mucho con el dominio del lenguaje que se gasta Marta Sanz, maravilla muy entretenida para estos días de calor
Compré y comencé a leer el libro por un motivo, pero me quedé por otro. Creía que era una novela de misterio, policiaca con su asesinato y su investigación, con esas pautas tan marcadas y rutinarias. La novela al final ha resultado ser una creación de personajes y escenarios entretenida, de escritura perfecta y la narración de una misma situación con tres puntos de vista totalmente distintos que, sin embargo, aportan algo nuevo a la historia. No lo recomendaría como novela de misterio, pero lo recomendaría como lectura, a secas.
Empecé este libro porque el lunes viene a visitarnos Marta Sanz al máster y me parecía muy importante poder hablar con ella conociendo un poco su obra y habiendo leído algo suyo. Así, me adentré en este libro que al principio no me gustó nada nada. Tiene 3 partes y la primera es algo tediosa, entendible hasta cierto punto porque necesita introducir a los personajes, el lugar, lo ocurrido... La verdad es que algo no terminaba de engancharme del todo y creo que era la figura del detective excéntrico y pedante. Sin embargo, la segunda y tercera parte, con narradoras femeninas súper listas y audaces me encantó!!!! Es una narración mucho más poética, en la que se van resolviendo más cuestiones y que me ha encantado. El personaje de Luz es precioso🥹🥹🥹 Me ha gustado más de lo que pensé tras leer las primeras 30 páginas y estoy muy feliz de conocer a Marta Sanz que es una mujer lístisima!!❤️❤️❤️
Me ha resultado una obra pedante y con exceso de páginas, en buena medida por el sinfín de enumeraciones sin sentido y las decenas de adjetivos igualmente prescindibles que cuela la autora cada vez que tiene ocasi��n. El de las variantes del color rojo hasta en un par de ocasiones.
La trama y los diferentes personajes parecen ideados por Almodóvar y dirigidos por Alex de la Iglesia, ambos en sus versiones más excesivas y 'rompedoras'. Mención especial para la pareja de protagonistas y la inutilidad de la Policía Nacional.
Es original la división en tres actos y con tres voces distintas, aunque me sobra bastante el segundo, sobre todo, una vez más, por su excesiva duración.
Lo de pedante es por las innumerables referencias a novelas, películas, serie de televisión, etcétera (que también hay etcéteras en la novela) que estomagan bastante, la verdad. A ratos pensaba que estaba leyendo una tesis sobre novela negra...
Conclusión: no tengo interés en seguir descubriendo las peripecias de Zarco y su ex en las dos partes que faltan de la trilogía.
qué lista y qué buena es marta sanz. a mí no hay nada que me importe menos que la novela negra, pero ella sabe muy muy bien con qué quedarse y qué desechar para convertir una historia de "polis y cacos" en un relato costumbrista sobre una comunidad vecinal narrado impecablemente.
comienza con la narración de zarco, detective que presenta la forma de narrar más convencional al género, para luego introducirse en el juego metaliterario con la transcripción del relato "testimonial" de una de las vecinas del bloque. lo que ha acabado de venderme el libro ha sido la parte final con la narración de paula, pues es la que acaba de rechazar toda ínfula noir y traslada al lector a la realidad concreta de un madrid concreto en un momento temporal concreto.
además, es una novela marco, donde la historia principal, más que la del asesinato y su consecuente investigación, es la del conflicto increíblemente humano entre un ex-matrimonio conformado por dos personas que se resienten y necesitan a partes iguales.
en definitiva, es una novela muy interesante que, sumado a todas las cosas buenas que he oído decir, me ha abierto el apetito de lectura de más novelas de la autora!!! mola!!!
"Black, black, black" es la primera parte de la trilogía protagonizada por el detective Arturo Zarco, o quizás no, porque como me confirma la propia Marta Sanz "los seres humanos somos un conglomerado de voces". Unas voces que en este libro se dividen en tres tramos muy concretos. Un primero narrado desde la perspectiva del propio Zarco, un segundo que es un diario apócrifo de Luz Arranz, y un tercero que nos cuenta Paula Quiñones, la ex mujer de Zarco que le acompaña perpetuamente, incluso cuando no está con él.
Esta novela negra no es una novela negra como las que estamos (o están, porque yo las leo poco) acostumbrados a leer. En sus páginas, que traen a la cabeza la serie que todavía no existía cuando se escribió "Sólo asesinatos en el edificio", nos encontramos con un bloque de apartamentos, en el centro de Madrid, donde se suceden (o no, hay que leérselo hasta el final) los asesinatos.
Zarco, que es un detective de medio pelo, pero cultureta y muy observador, se encuentra realmente con un crimen que parece más o menos sencillo, pero que se va complicando según pasan las páginas. La lectura se enriquece muchísimo si uno lee a continuación las otras dos novelas de la trilogía, que se escribieron años después de esta, pero que están íntimamente entrelazadas.
Aquí, ya Marta Sanz demuestra una gran complejidad literaria y esboza algunos de los temas (o simples ideas) que saldrán en sus novelas muchos años más tarde.
Le doy cuatro estrellas porque es una novela negra de las que se alejan de tópicos y etiquetas. Muy del estilo Marta Sanz, la ambientación es de lo mejorcito, al igual que la caracterización de cada uno de los personajes. Es un libro muy recomendable (no dudo en que voy a seguir con la trilogía al completo).
No obstante, si le saco algún pero, es esa tendencia que tiene la escritora a referenciar otras obras literarias o cinematográficas que el lector no tiene por qué conocer y que, a veces, puede hacer que se pierda en el hilo de las descripciones.
Aun así, lo he disfrutado mucho y no puedo quedarme con la duda de cómo va a seguir la historia del bueno de Zarco y Paula.
és una cosa més raraaaa pffff a vore costa d creure fins i tot que estiga escrit per una dona… potser jo soc massa tradicional i puritana però personalment hi veig massa normalització de la pedofília, homofòbia, humor negre, racisme, violència, alcoholisme… és massa pa la carabassa
no he empatitzat gens amb els personatges… és que l’assassí podria haver estat qualsevol i no m’hagués fet pena.
Ara bé, el llibre està impecablement escrit, fa goig, una pisocologia interna molt molt bona. La segona part (narrada per Luz) és impecable, jo diria que impacta de com de bona és, i de graciosa, i de crua, i de trista…
me’l vaig agafar pensant en llegir-me la trilogia completa…. tanmateix…. ara no em ve gens d gust ja vorem q faig és que m’ha carregat massa
Tras finalizar mi segunda lectura de Marta Sanz , puedo asegurar que me voy encariñando de su estilo negro, directo, sin tapujos; de su admirable capacidad en cuanto al uso del lenguaje se refiere; de sus personajes complejos, tan humanos y capaces de provocar en una un enfrentamiento entre empatía, rechazo y miedo; de los ambientes que recrea, en apariencia tan lejanos a mí y en los cuales acabo por encontrar mi huequito.
He tenido el placer de leer «Black, black, black» (la primera de las novelas que forman la trilogía del detective Arturo Zarco y Paula Quiñones) y me ha encantado, me ha gustado todavía más que "pequeñas mujeres rojas". Aunque, no sé si decir que «me ha gustado más» es correcto, lo más acertado sería decir que «me ha gustado tanto o más que la otra porque, sobre todo, no he sufrido». Me ha flipado esta novela detectivesca de corte clásico pero traída al aquí y ahora. Me ha pillado en bragas muchas veces, es fascinante cómo descubre los hilos, poco a poco, sin nada que envidiar a Christie o Chandler. Además, nos sitúa en un marco que huele a Madrid a la legua: pura novela negra, de aquí, de Madrid (de Malasaña, Latina o Lavapiés), del Madrid de las «putas palomas». La exhibición narrativa que hace Marta Sanz es genial, una vez más. Mi admiración hacia su pluma va in crescendo (por poner un ejemplo, la parte de los aforismos es una pasada) así que no cabe duda de que iré a por «Un buen detective no se casa jamás» (la segunda de la saga) lo antes posible. Y ya os adelanto que no pararé ahí. He estado viendo unas cuantas entrevistas y esta autora no para de encandilarme, así que después iré a por: Farándula, Clavícula, La lección de anatomía, Amour Fou… y lo que me echen.
«En este barrio, a las siete de la mañana de un viernes unos llegan a su casa, otros salen de ella camino del trabajo, otros se apoltronan en las calles donde se han estado divirtiendo hasta bien entrado el amanecer. Los jóvenes conversan apoyados contra las paredes de los edificios; beben y fuman tabaco de liar, chinas de hachís, marihuana verde, cañamones, hebras de clorofila, goma de zapato».
No sé si fue producto del encierro, o causa de la novela, pero batallé un resto para concentrarme en esta propuesta de la autora española Marta Sanz, de la que solo había leído “Farándula”, una historia que, de acuerdo a lo que escribí en enero del 2016: “Me gustó. Me costó leerla porque lo hice durante la primera semana en el ..…”. Farándula la leí durante el inicio de un proyecto relevante en aquel entonces; “Black, black, black”, durante los días iniciales de la pandemia, así que pretextos existen.
Ya terminada la novela, comprendí que se requiere estar en cierta disposición para enfrascarte en desentrañar el ejercicio literario que Marta Sanz decidió utilizar para escribirla, porque la verdad, esperaba leer una novela policiaca tradicional, clásica, con un crimen, un detective, un escenario, varios sospechosos para ser el primero en arribar a la escena del crimen y colaborar con Arturo Zarco a descifrar las claves del homicidio.
Y el relato inició bien: familiares de la víctima, detective, asesinato sin resolver, cuerpo policial inepto; varios sospechosos, todos, vecinos de la perjudicada, en un edificio medio tétrico ubicado en el centro de Madrid; andábamos pues, entretenidos en la lectura, que fluía al ritmo acostumbrado, cuándo de repente y sin decir agua va, la autora decidió ponerse a jugar con nosotros, sus fieles lectores, provocando una especie de desbarre.
Vayamos por partes para no confundirlos con esta pequeña reseña: Arturo Zarco es un detective privado que me cayó bien. En los cuarenta, gay y divorciado de Paula, es contratado por los padres de Cristina Esquivel para encontrar al que la asesinó un año atrás, pues la policía madrileña no muestra interés en resolver el homicidio. El sospechoso principal es el marido de Cristina, un albañil marroquí qué dio el braguetazo al casarse con una médica geriatra con padres pudientes. Zarco inicia la investigación interrogando a los vecinos de la víctima, que como siempre sucede cuando se vive en condominio, hay de todo tipo, edad, nivel económico, religión, preferencias políticas y sexuales; vaya pues, variada la fauna.
Cuando más entretenidos andábamos con los interrogatorios de Zarco, sus afanes para ligarse a Olmo -un joven vecino, entomólogo coleccionista de mariposas muertas-, y sus conversaciones con su ex Paula -no se sueltan el par-, la autora decide dar un giro en la narrativa, y nos enjareta el diario de Luz, la madre de Olmo; resentimos el desvío, pero, ya encarrilados, nos decidimos por conocer las intimidades de la señora, continuando, a pesar de nuestras dudas, por puro morbo, con la lectura, porque estimados amigos, con el viraje meta literario de 360 grados, Marta Sanz nos reta, nos provoca, nos desafía a que sigamos, y en mi caso -allá ustedes decidirán que hacer- acepté el reto, y me sumergí en la lectura de la fascinante historia del día a día de Luz, dudando -a Marta Sanz ya me cuesta creerle- de lo narrado, conscientes de que estamos en un juego donde encontrar al asesino, ya no es la prioridad.
En la tercera y última parte de la historia, para encendernos la luz, regresa Paula, la ex de Zarco y se poner a enderezar los entuertos que dejó el detective, a encordonar los cabos sueltos, a concluir la encomienda de los Esquivel, a culminar el juego de la Sanz con nosotros, que a estas alturas, nos encontramos totalmente seducidos por los recursos que utilizó; por esa prosa que trazó magistralmente ambientes, olores, emociones, en una falsa novela negra, que te podrá -si decides leerla- gustar o no, pero a la que no le puedes escatimar el valor de la innovación, de la propuesta novedosa, que termina en una lectura intrigante, inteligente, compleja, pero entretenida. Y al final, en esta época de pandemia, distraerse, olvidarse de lo que se nos viene encima, se agradece, ¿no lo creen así, estimados lectores?
Este ha sido un libro extraño. El estilo de Marta Sanz me ha gustado mucho: poético y digresivo pero sin caer en sentimentalismos, se mantiene pegado a la realidad de los personajes, habla sin tapujos y tiene sus momentos de crudeza. Me ha encantado el vocabulario tan rico que emplea la autora, y lo bien retratados que estaban todos sus personajes.
Está narrada a tres voces: dos que siguen la investigación del crimen y una tercera que nos ofrece una mirada a su diario. Están tan bien definidas que vas cambiando de idea sobre los personajes conforme los ves desde otra de las perspectivas, sin apenas darte cuenta.
Una novela negra que no lo es. Una narración costumbrista que deviene en fantasía y sueño. Sorprende. Al acabar el libro anoche le hubiera puesto 3 estrellas por el final, pero cuanto más lo pienso, más brillante me parece. No me apasiona el género, y la fijación de algunos personajes con las relaciones pedofílicas me ha resultado muy desagradable, pero la conclusión final no cambia: Black, black, black es una gran novela.
3.5 estrellas para esta la primera novela que leo de Marta Sanz. En primer lugar he de decir que me ha sorprendido muy gratamente el estilo literario de esta autora: gran talento para describir todo tipo de sensaciones sensoriales, detalles imperceptibles, gran variedad de sutilezas y por supuesto, pensamientos, idas de olla o delirios del narrador, estos mezclados con un sentido de la ironía o notas de humor (como cuando Arturo reflexiona sobre su enamoramiento o fijación hacia Olmo), que son sin duda una de las notas más singulares y bazas más loables del estilo literario de esta autora. Leí en algún lugar que "Black, black, black" funciona como una especie de novela "negra" en tres tiempos (o mejor dicho, falsa novela policiaca) y de ahí el título. Así es. La historia está narrada en tres partes, cada una por una voz narradora diferente: Arturo Zarco (detective de la serie) en la primera, el personaje de Luz en la segunda, y su exnovia Paula en la tercera. Si bien esto dota a la obra de cierta originalidad, el hecho de que en la segunda parte Sanz haya elegido el diario como género discursivo hace que la acción o la tensión dramática se ralentice, lo cual hizo que mi interés en la historia en sí decayera. Considero este un desacierto para toda novela policiaca, aunque probablemente, tal y como he leído también sobre esta obra, al tratarse de una falsa novela policiaca, ahí está la cuestión, ya que el interés se centra más en el retrato personal, social y psicológico de los vecinos de la comunidad donde tuvo lugar el crimen, las relaciones entre estos y los diferentes puntos de vista desde los que puede observarse y entenderse una misma realidad, más que en la resolución del crimen y en la agudeza para unir las piezas del puzle, que se desenmascara no obstante al final. Tras terminar esta obra, leí la crítica que escribió Ricardo Senabre en "El Cultural" sobre ella y coincido plenamente con él.
me ha bombardeado la cabeza!!!! todo el rato pensando en “la comunidad” de alex de la iglesia, pero es que mil veces mejor (los personajes, las historias, ese humor retorcido -como sus palabras- que tiene la Sanz). me ha gustado mucho la manera en que se centra en cómo la perspectiva moldea las historias que contamos, como la ficción ayuda y encubre a la realidad.
creo que esta mujer va a ser mi descubrimiento del año!
“una voz que sacrificándose pide”
“las bestias a veces también están llenas de ternura”
Agradezco la originalidad de novela negra desde tres puntos de vista diferentes y con bastantes singularidades en torno a un bloque de vecinos. Sin embargo, no he terminado de conectar con el libro, que me ha llevado en una montaña rusa en la que a partes me resultaba interesante y a partes tediosa. Creo que la fórmula narrativa es buena, pero el argumento va perdiendo poco a poco el sentido sin que termine de convencerme su ironía.
Meh. Escrito de maravilla pero con un ritmo demasiado pausado para mi gusto. En ocasiones digresivo y pretencioso. Para cuando sabes quién es el asesino, ya no te importa. Pero es un buen libro, un poco grotesco, un poco afilado, un poco feo, pero hermoso pese a todo.
Antes de nada, aclaro que he subido mi nota final a tres estrellas, en lugar de mantenerla en las dos que recibieron mis valoraciones parciales, porque el tercer acto de la novela, en buena medida, compensa los serios defectos de los dos primeros. De justicia es decirlo. Bien sea por el carisma, la admiración y el cariño que suscita la protagonista de esa trama final, bien por la forma que Marta Sanz tiene de clausurar el relato, lo cierto es que el sabor de boca que queda no es tan malo como temía que podría llegar a ser.
Y, aun así, no puedo considerar el todo una buena lectura.
Como ya indiqué en las dos críticas anteriores, la autora abusa de las largas enumeraciones de elementos, a menudo construidas con piezas extensas y complejas. Eso, lamentablemente, me ha sacado de la historia varias veces por página, cosa nada agradable. Pero es que, además, la tensión flojea constantemente, el dibujo de la mayoría de los personajes es pobre e impersonal (Paula, Luz, sois mis dos grandes excepciones), las situaciones apenas aportan y el desenlace se queda en poquita cosa. Y, por descontado, la marca de la casa de Sanz: su riquísimo léxico desentona en un texto que debería ser, opino, más ágil, directo y cautivador.
En suma, una oportunidad fallida, lastrada por exactamente lo contrario que le pasó en 'Farándula'. Allí, el final devastaba el conjunto; aquí, un buen cierre no basta para salvar la obra.
Regularona. Ni tan buena ni tan mala. Por ratos encuentra el ritmo, crea atmósferas, pero por ratos se ahoga en un exceso de información y decae.
Sanz en esta novela ya no comete los errores de sus primeros libros, ya sabe narrar una historia, llegar al asunto, escarbar hasta moldelar la tensión sin recurrir a interferencias surrealistas ni a símiles pretenciosos. Explora las posibilidades sin enredarse en otros estilos.
Pero ya que los ha solucionado, ahora comete errores de otro tipo. Alarga innecesariamente la acción con descripciones, recuerditos, redundancias y digresiones inútiles. En muchas partes no va al grano, se estanca en nimiedades, pierde tiempo y oportunidad.
Sin embargo, la técnica de los tres "black" es muy buena. Recuerda al clásico arco dramático: black (tono masculino>tono femenino), black (diario-novela a manera de entremés y future plot twist) y black (tono femenino>tono masculino).
En ese sentido, es una novela que abandona muchos de los tópicos formales del género policial.
Pero hay más. Quizá lo rescatable, lo importante de "Black, black, black", sea el par de ideas que Sanz explora a lo largo de la trama, y que tienen que ver tanto con el tópico central e invisible del género policial como de un aspecto importante de la sociedad madrileña.
Así, siguiendo la estrategia de Cervantes con las novelas de caballerías, Sanz compone un policial para interpelar directamente la figura tradicional del detective masculino y demostrar el embuste de su razonamiento infalible. Es decir, para desmontar uno de los fundamentos más viejos del género: el mito machista según el cual el pensamiento lógico (deductivo, inductivo, sintético) es una cualidad que solo tienen los detectives hombres.
Pero también explora la profunda deshumanización que acaece cuando una sociedad deja las instituciones del cuidado a merced del mercado: como en su otra novela, Susana y los viejos (2009), aquí los asilos son negocios creados especificamente para despojar a los ancianos de sus bienes a cambio de un poco de cariño, atención y comida.
En fin, una novela como cualquier otra, ni muy buena ni muy mala, pero con algunas carnecitas.
Léanla viendo un capítulo de Bojack Horseman (el primer y el ultimo "black" son como las conversaciones entre Bojack y su agente-gata. Así de rudas, así de hirientes)