La noche en que encontró a la Perra, la Humana estaba drogada. Por eso dejó que la siguiera a casa. Ahora convive con un animal que se va llenando de toda la energía que a ella le falta, y al que de pronto le viene un celo incontrolable. La Humana tiene treintaidós años, pero ya no desea. Está en la vida, pero no la ejerce. Llegó a la ciudad hace poco, huyendo de sus días en el campo con un novio que tenía. Sufre extraños síntomas, temblores, moratones que aparecen solos. Un día se agacha a atarse los cordones de los zapatos y descubre que no puede. La Humana teme una maldición que avanza. Para que el psiquiatra acceda a recetarle más ansiolíticos tendrá que asistir a una terapia de grupo. Allí conocerá a Mecha, una mujer fascinante que se convierte, junto con la Perra, en un animal difícil de salvar.
El celo es una historia sobre domesticación, maldiciones, la animalidad del deseo, el miedo como herencia y el poder de los cuentos. Poltergeists, perros enloquecidos y una historia familiar que se construye a mordiscos y silencios.
Como una pieza de orfebrería, detallada y brillante a más no poder. Como un meado de perro, de un olor potentísimo y cálido, de esos que consiguen quedarse durante mucho, mucho tiempo.
Y en esto consiste, me imagino, sufrir de estrés postraumático.
En un momento dado, cuando la protagonista aún se resiste a ponerle nombre a su perra por no ser capaz de reunir los elementos exactos —interés, necesidad, ternura, inventiva, capacidad de abstracción, ganas de proyectar— me he acordado de aquello que se le atribuyó a George Steiner, aquel lema hoy feminista: lo que no se nombra, no existe. Ja. Falso. Que Sabina Urraca haya decidido no adjudicar un nombre a los personajes, que los conceptualice como la Humana, la Perra, la Madre, la Abuela, el Predicador, tiene el efecto de alumbrar, más si cabe, las zonas de esta realidad que se quiere contar y que suele estar tan en la sombra. Me ha parecido una cruda exploración del trauma, con una aproximación muy visceral. Todavía sigo noqueada con tanto fluido corporal.
Y que bien narra el desamor, el aborto y la muerte, pero también la terapia, la amistad femenina y la comunión animal.
Indescriptible, un libro descomunal, que te agarra las tripas y te zarandea. Me ha gustado y me ha hecho daño, me ha gustado como meter la lengua en una herida en la boca, como rascarte la picadura de un mosquito, como arrancarte una postilla. Menudo trabajo de relojería fina.
Treinta primeras páginas de espasmo inicial, de tantear a oscuras, descubriendo o más bien acostumbrándose al tono y a un sentido particular de orden en el discurso. Después, un tren de alta velocidad. Una flecha que avanza precisa lacerando el aire hacia su diana.
Hay una historia, un nudo de sentido. Lo que tiene que haber en una novela. Tramas, sub tramas, nada parece agarrado de los pelos y todo, finalmente, cierra. Como en las mejores novelas. Sobresale la obsesión con el presente y la insistencia de señalar los lugares comunes de nuestro tiempo. Una manera de nombrar o traer adelante que no da por sentado pero que tampoco se achica. No es romántica, no es esquemática, no hace lo que se espera; no concede.
Así la marcha del 8 de marzo puede ser una amenaza para una mujer, quizás varias. Muchas. Ese tipo de inversiones de sentido, esa forma insistir con la jodita esta de pensar un poco más allá. Pensar un poco más todo, darle una vuelta más siempre. Poner en cuestión nuestras propias vacas sagradas. Quizás para llegar a los mismo lugares, afirmar los mismos acuerdos, pero no desde el discurso seco, sino que desde el razonamiento obsesivo. Que si no pues somos monas aplaudiéndonos.
Sabina encontró una manera distinta y fresca de hablar de lo que nos importa a las mujeres, de traer a la conversación los temas en los que se nos va la vida. Literariamente y literalmente. Pero además lo hizo sobre la base de una forma única de mirar el mundo; el texto está lleno de las observaciones lúcidas de una mente ágil, que utiliza estas perlas encontradas en la calle, en el metro, en el parque, en el pueblo, para dotar de textura a sus personajes y a su historia. Sobre todas las cosas, creo, esa es su marca.
Es un libro extraordinario y estoy francamente impresionada. Aplaudo, medalla y beso.
No encuentro las palabras adecuadas para describir la magnitud de lo que he leído. Tan intenso y conmovedor que me cuesta expresarlo. Vas leyendo y como una especie invasora, se te va colando dentro y al final te das cuenta que te ha ido recomponiendo el alma.
A menudo una lee a merced de sus prejuicios o, en el mejor de los casos, contra ellos. Yo llegaba a este libro (estúpida de mí) desconfiando de una literatura del yo demasiado autocentrada. Y menuda lección: si la protagonista comparte coordenadas biográficas con la autora, no hay aquí ni una pizca de autocomplacencia, de ensimismamiento. En este libro veo lo que más me gusta ver en un libro: interés por el mundo, por su extrañeza, por los lazos que nos unen a él.
Es sorprendente que un libro como este, que pone a prueba a las lectoras en su estructura y en su construcción de personajes, que se resiste al mero análisis temático, sea tan... entretenido. Es una cualidad que le admiro mucho y que suelo apreciar especialmente en libros que la combinan con el desafío formal. Admiro también de 'El celo' su universo simbólico y la forma de concretar estos símbolos: la animalidad pero la perrilla abandonada; la enfermedad como espejo del sufrimiento psicológico pero la mastitis; la maldición pero el e-mail; el Predicador pero el jipi ravero; la Fuerza pero el orgasmo. De la estructura había escuchado hablar mucho, y con razón. Es increíble que este trenzado minucioso nazca del desorden absoluto, como he escuchado decir a la autora en entrevistas. Los fogonazos de genio son deslumbrantes, pero sospecho que los buenos libros están en ese trabajo constante y desesperado.
El celo es una novela desgarradora y descarnada, como una herida supurante o una astilla clavada que no puedes sacar.
Sabina Urraca nos sumerge en una historia tan creíble que parece que estamos viviendo el trauma junto a la protagonista. Es un libro incómodo, difícil y de una dureza cruda que te atrapa, que te hiere y que cicatriza en ti una vez acabado.
Esta perfectamente narrado el trauma, la forma de afrontarlo, los fantasmas que acechan en cada rincón, los comportamientos aparentemente sin sentido, el debate entre la racionalidad y la pulsión… demasiado creíble, demasiado cierto. Demasiado.
No es una lectura para todos, sobre todo si tienes ciertos triggers, pero es una experiencia literaria imborrable.
Vulnerabilidades expresadas a lo bruto. Emoción a flor de piel. Hablar sin tapujos. Apegos insanos que nos destrozan, pero a los que nos agarramos a veces con uñas y dientes a cambio de un rato de falsa felicidad.
Qué incomoda es Sabina Urraca y qué cómoda me siento leyéndola. LIBRAZO
Sabina Urraca no tiene una pluma,tiene un bisturí. Con el va extirpando dolores y deja la herida limpia . Pero no hay curación sin molestias previas.
Su lectura es molesta ,incómoda ...hasta que algo hace clic y el lector empieza a entender que quiere contar la autora.
La Humana ,¿O la humanidad?. Mujeres sin nombre,que buscan cariño en animales.
La ansiedad y la depresión como consecuencias de la vida.
Los recuerdos del pasado edulcorados para poder enfrentar el presente y mirar el futuro.
" El celo" no se puede reseñar,lo que si se puede analizar es la narrativa, única ,de Sabina Urraca.
Es especial ,crea una trama,unos personajes contemporáneos .A la vez que lo sitúa en un entorno real,opaco ,de los que existen y no se nombran.
Una escritura vanguardista y comprometida socialmente.No apta si buscas una lectura fácil ,porque requiere el ejercicio de activar la conciencia y la consciencia social ,de ponerse en los zapatos del otro...que aveces pueden ser zapatos con velcros...si feos,pero necesarios queridas.
Pido perdón por haber criticado este libro cuando solo llevaba 96 páginas, por haber juzgado la escritura de Sabina mucho antes de tiempo y por haber hecho comparaciones con otros libros, con otras autoras.
Las primeras 90 páginas me costaron la vida, todo lo que leía me incomodaba muchísimo y no acababa de entender dónde quería llevarme la autora. Por suerte no lo abandoné. Seguí y seguí y ya no lo pude soltar porque La Humana, La Perra, La Abuela, La Madre, El Abuelo y Mecha me habían atrapado y Sabina me llevaba de la mano justo donde ella quería.
Me ha gustado muchísimo 🖤
Sí es cierto que no es un libro para cualquier momento (si te sientes ansiosa, no lo leas) y tampoco es un libro fácil, es un libro denso, oscuro e incluso pesado a veces, pero bueno, ¿es que acaso los traumas no son densos, oscuros y pesados? ❤️🩹
Tan descarnada como desordenada la crudeza de la historia no deja indiferente. El estilo de la autora le da mucha fuerza al relato pero me ha saturado.
La historia de una mujer contada desde su perra, desde que se cruza con ella hasta que la admite como suya. Un libro lleno de trauma y dolor que se ordena con ternura, que habla de una humana domesticada que se resiste a ser ella quien domestique a otro animal, de la amistad construida desde la oscuridad como punto común, de cómo un personaje sin voz puede acabar narrando la historia.
Es como comenzar deslizándose por una ladera y empezar a rebotar contra peñascos, cayendo de vez en cuando en cojines de musgo. Descubrir que llevas horas sin respirar. Pegar una bocanada de aire y saber que no vas a poder hacer una pausa ni siquiera para acomodarte la ropa que ya llevas hecha jirones.
Este libro no está escrito: está tejido, es encaje de bolillos, es una cosa complejísima hilvanada a la perfección. Las cosas se van colocando como y cuando se pueden (y se tienen que) colocar.
Creo que es crucial adentrarse en él sin más info que: la prota un día va a atarse los cordones y de repente ve que no puede. ¿Qué nos está queriendo decir el cuerpo?
Los saltos al pasado en los últimos capítulos se me empezaron a hacer un poco bola, pero eso es todo lo “malo” que puedo decir.
La verdad que me hubiera gustado suscribir lo que la mayoría de comentarios dicen de este libro -y sin falta de llegar a reclamar el Pulitzer como se dice en algunos comentarios parece ser que serios y nada irónicos-. No ha podido ser. Y me quedo preguntándome: ¿a qué se debe el excesivo ‘hype’ de esta obra? (respeto y creo en parte entender a todas las personas que la han valorado con cinco estrellas).
Leí ‘Panza de Burro’, ese magnífico libro editado por Sabina Urraca. Me encantó. No así ‘El Celo’. Aunque quizás las dos estrellas que le he dado sea un 2,5, desde una humilde siempre subjetiva y siempre prescindible opinión.
Sabina sabe escribir muy bien, tiene un estilo propio, marcado y remarcado. Es el tipo de escritura que imagino sería reverenciado en un máster de escritura creativa -si no me equivoco la propia Sabina da este tipo de cursos-. Tiene un excelente manejo del lenguaje y del vocabulario, lo qué, sin embargo, no creo que redunde en beneficio de la historia.
Su estructuración del contenido y ese estilo fragmentado, puede que sea lo que hace que esta historia de una mujer, la Humana, domesticada, desposeída y acosada por un ser despreciable, falso gurú, vendehumos profesional, el Predicador, sea atractiva para muchas personas. La Humana se encontrará con la Perra, una perra que está en una situación de desamparo y cuyo Celo será protagonista en la nueva vida de su nueva compañera -la Humana no tiene la capacidad todavía de sentirse dueña de nadie ni siquiera de una perra, mucho menos de ella misma- que ha conseguido escapar de la aureola tóxica del falso gurú.
Creo que el libro tiene una carencia en cuanto al ritmo de la historia y es excesivamente críptico. Un cripticismo muy alambicado, preciosista en la forma, que da importancia al fondo pero se pierde en la forma del lenguaje y creo no permite conectar con los personajes. Puede ser la narración en tercera persona, la ausencia casi total de diálogos o esa excesiva fragmentación, la que me provoque este sentimiento. Quizás sea simplemente que Sabina quiere tener a esa clase de lector más que exigente más que alternativo y lo más alejado de convencionalismos como sea posible, lectores convertidos en expertos constructores de puzzles. Quizás. No creo que haya sido algo dejado al azar. Es una obra por muchos momentos más cercana a la poesía que a la prosa en cuanto a esa profundidad en lo emocional y esa expresividad de un lenguaje que trata de definir estados de ánimo de una manera directa. De ahí también su conexión con el cuento y la fábula. Sin embargo en lo relativo a la prosa creo que hay una falta de ritmo y avance de la historia. Se queda en el simbolismo, y aunque es potente en la forma y transmite bien la violencia psicológica, quizás de una forma no vista hasta el momento, es una lectura que en mi caso se me ha hecho cuesta arriba, hasta el punto del casi abandono. El último tercio del libro creo que mejora respecto a lo anterior. Quizás sea que tenía unas altas expectativas. Y repito: Sabina escribe de cine; eso no quiere decir que esa escritura articule una historia interesante y atractiva para todos los públicos.
Una reflexión atrevida, dolorosa, brillante y única sobre esa fricción terrible que surge del roce entre dos cuerpos. Porque, al final, todos podemos ser una especie invasora en la vida de otros.
Un relato visceral, enmarañado, difícil, que si quiere conseguir sacarte de tu zona de confort ya lo creo que lo consigue, igual demasiado... Va de una cosa a otra, es difícil seguirla, son muchos los párrafos que terminas de leer y piensas ¿¿EHH??
Pero conforme avanza la novela las piezas encajan y la autora cuenta de maravilla, con un estilo que parece autoficcionado, cómo es el descenso a los infiernos de una mujer maltratada, que acaba perdiendo todo por un hombre, empezando por sí misma. Lo intercala con recuerdos familiares, con la sororidad entre diferentes mujeres víctimas de lo mismo o de algo parecido, con el trauma de un aborto y, sobre todo, con la presencia animal de una perra en celo que más bien parece que domestica antes que ser domesticada. Desde luego, un libro muy animal.
Lo mejor de todo es que Sabina Urraca escribe maravillosamente, pero igual para mí el libro ha sido un poco 'too much', demasiadas páginas fuera de la zona de confort. Eso sí, me alegro de no haber cedido a las múltiples tentaciones que tuve de abandonarlo en la primera mitad.
los perros que se llaman bienvenido, la capacidad de seduccion como superpoder, la domesticación de los amores, el crispy, los fluidos, la violencia, el refuerzo intermitente, el abuso y los chats de grupos de perros
“solo se quiere cuando se olvida, y solo callada y comiendo vuelve a cuando aun no lo habia conocido (…) comer y beber es una forma de estar detenida”
sabina con esto si que ha llegado a la… cima (perdon por este chascarrillo de señor)
Gustáronme moito as distintas historias chiquitas que van sustentando a narrativa da protagonista, especialmente a personaxe de Mecha e a mitoloxía popular en torno á avoa e a aldea Milagros (con xogo etimolóxico moi chulo). A propia trama principal da protagonista as veces fíxome densa e por momentos tan enrevesada que desconectaba. Entendo que é intencionado, a novela vai enredándose para despois saír á luz igual que fai a Humana. E tremendo espertar. Eu quedei con ganas de máis Mecha. Menos mal que podo seguir lendo a Urraca
Nunca he visto una forma mejor de plasmar el flujo de los pensamientos humanos, donde confluye todo lo que te ha pasado. Logradísimo equilibrio entre un libro desestructurado y uno en el que todas las tramas encajan 🕊️ Un gusto de leer, admiro la sinceridad tan pura y la naturalidad con la que fluye todo. Me echó para atrás al principio que se suma a la lista de libros actuales que se pasan de escatológicos, pero es solo cosa de los primeros capítulos.
Reconozco que al principio no entendía nada, la forma en que está narrado es bastante peculiar, pero a medida que seguía leyendo todo tenía sentido y de repente tenía el estómago del revés, enganchada a la Humana. Lo recomiendo 100%!!
Es un placer transitar los caminos de la escritura de Sabina, incluso cuando transmite tan bien sentimientos tan complejos y tan duros. Me encanta como retrata al Predicador como un narcisista que acaba teniendo una presencia casi sobrenatural en el pensamiento de la protagonista. También la manera de relacionar los cuentos con la realidad, incluso de manera indirecta, como cuando insinúa una historia de abuso padre/hija en ese bisabuelo que se transforma en gato
sabina no nos trae el final de una historia. sabina nos trae un trauma que vive de manera permanente en las páginas de un libro. en él, despierta cada mañana una humana con un profundo dolor en el cuerpo y en el alma. y una perra que la quiere arrastrar por una vida para la que cree que ya no es merecedora.
desconozco si lo ha utilizado en otras ocasiones, pero todo transcurre en un estilo muy propio suyo y de forma muy similar a las nuevas escrituras de la contemporaneidad. todo se encuentra dentro de una burbuja que es única, un universo que sólo se puede encontrar en este mundo en el que colindan el costumbrismo, los sentimientos más desgarradores y las historias transgeneracionales. las palabras son crudas, son preciosas y precisas, como apuntaría a confundir mecha. las páginas están cargadas, detalles que van uniendo poco a poco todo el libro. los diálogos vienen ensartados en la propia historia. las personajes viven en el recuerdo y, así, en el presente de la protagonista.
sabina nos trae una historia que transcurre en la cronología del horror y el dolor y que ordena con la belleza de una superación a la que no se sabe cómo se llega y unas tintas que se intuyen autobiográficas. sabina, como dice, demuestra que no es nieta de las brujas que no pudieron quemar, es nieta de unas mujeres que no sabían lo que podían hacer. sabina rompe ese hechizo en el rinde homenaje a los cuentos, a sus abuelas, a sí misma.