Hayter was the daughter of Sir William Goodenough Hayter, a legal adviser to the Egyptian government, and his wife, Alethea Slessor, daughter of a Hampshire rector. Her brother, another Sir William Goodenough Hayter, went on to become British ambassador to the Soviet Union and Warden of New College, Oxford, while her sister Priscilla Napier was a biographer.
Hayter spent her early years in Cairo, Egypt, in the years before the First World War, where the three Hayter children were well taught by a governess. The children’s lives changed dramatically when their father died, still in his fifties, and they returned to England in reduced circumstances. Alethea Hayter was only twelve years old. Her sister Priscilla later described their happy childhood in Cairo in her memoir A Late Beginner (1966). The three all won scholarships for their higher education. Hayter was educated at Downe House School, in Berkshire, then under the headship of its founder Olive Willis, and at Lady Margaret Hall, Oxford, where she arrived in 1929 and went on to graduate BA in modern history. Of her time at Oxford, Hayter later wrote "We were conventional and innocent, though we considered ourselves pioneering and revolutionary — not in politics, we were not much interested in them, but in our preferences in literature, the arts, social values... In our Oxford days, none of us could have boiled a potato, let alone made a soufflé, or would have known an azalea from a stinging nettle."
She never married.
Following her years at Oxford, Hayter was on the editorial staff of Country Life until 1938. During the Second World War she worked in postal censorship in London, Gibraltar, Bermuda, and Trinidad.
In 1945, she joined the British Council, and in 1952 was posted to Greece as an assistant Representative. In 1960, she went to Paris as Deputy Representative and assistant cultural attaché, and her apartment on the Île Saint-Louis became a meeting place for writers and artists. Her last British Council posting was as Representative to Belgium, and she retired in 1971.
She was a member of the governing bodies of the Old Vic and the Sadler's Wells Theatre and of the management committee of the Society of Authors.
«Estaba orgullos de su marido y de todo lo que este había logrado, pero era una mujer muy inteligente que no tenía ninguna manera de canalizar y exteriorizar su inteligencia, y eso le resultaba intolerable. "No soporto que se me considere únicamente la esposa de Carlyle"».
¿Chismes que un grupo de artistas se intercambian por carta en medio de una ola de calor que asoló el Londres victoriano? Lo que yo no sabía que necesitaba. Compromisos secretos, deudas, casi infidelidades y alguna que otra declaración indecente... Por supuesto, había nombres muy conocidos del momento, pero me ha encantado que los principales protagonistas no hayan sido los más comunes. También me ha fascinado como la autora ha hilado diarios privados y correspondencias varias para convertir el conjunto en una narración fluida y novelesca.
Este ensayo comienza el 18 de junio de 1846. Es una semana de calor sofocante en el Londres victoriano, con más de 35º grados que tienen a los ingleses lamentándose por las esquinas y parapetados tras sus contraventanas. (Me los imagino con aquellas ropas pesadas y me da urticaria solo de pensarlo). El hilo conductor de esta biografía grupal son los últimos días de vida de Benjamin Robert Haydon, un pintor de personajes históricos, no muy conocido hoy en día, cuyas obras se pueden ver, por ejemplo, en la National Gallery. A partir de sus últimos pasos antes de suicidarse, acuciado por las deudas y sufriendo de lo que él considera un menosprecio por su obra, Hayter reconstruye la vida social de una serie de personajes de la vida literaria, artística, cultural y política de la sociedad inglesa de aquella época. Aparecen Keats, Dickens, la poeta Elizabet Barrett, el poeta Robert Brownie, el matrimonio Carlyle, Talleyrand, Woodsworth, el primer ministro Peel.
Como fotografía escrita de una época y de un grupo social este ensayo es impresionante por su viveza, su intensidad, su rapidez y la acumulación de pequeños detalles contados con mucha agudeza. Cada dato está extraído de los diarios o de las cartas de todos estos personajes. En aquella época la correspondencia era una actividad habitual, dedicaban horas del día a escribir cartas cuyos destinatarios recibían a lo largo del día y respondían. Era un intercambio frenético.
A pesar de que en ciertos momentos me ha resultado un poco soporífero, como el calor que les afligía, me han gustado especialmente los apuntes sobre el carácter de las mujeres, sus aspiraciones y las limitaciones a las que estaban sometidas en la sociedad victoriana.
He doblado pocas esquinas pero me quedo con esta. En un determinado momento, Haydon le pregunta a su amiga Elizabeth Barrett qué opina de la autobiografía que ha escrito y ella le contesta que admira el estilo con el que estaba escrita que «si bien no es correcto y clásico, es siempre característico y vivaz». Me gusta pensar que mi estilo también es así. De andar por casa.
Este os lo podéis ahorrar si no sois muy fans de lo victoriano.
Lo que más me interesó de esta biografía múltiple de la época victoriana han sido los atisbos de la relación entre Elizabeth Barrett y Robert Browning y por supuesto algunos retazos de la vida y los amigos de Dickens, pero esperaba más.