Una historia violenta narra la adolescencia de un grupo de muchachos y muchachas en una ciudad de provincias española a final de la década de los sesenta y principios de los setenta. Con una prosa efectiva que privilegia la brevedad, se nos muestra cómo los protagonistas van descubriendo un mundo donde la igualdad no existe y los privilegios vienen con la cuna, donde los vencidos lo son para siempre, donde toda revuelta es aplastada por las cosas como son, y donde el último relámpago de realidad lo da el descubrimiento de la muerte
Antonio Soler ha sido un escritor muy reconocido por la crítica, pero desapercibido para el público. Ganó el Premio Primavera de Novela 1999 con ‘El nombre que ahora digo’, el Herralde 1996 y el Nacional de la Crítica 1997 por ‘Las bailarinas muertas’, el Andalucía de Novela 1993 con ‘Modelo de Pasión’, el Andalucía de la Crítica 1995 con ‘Los héroes de la Frontera’, y, recientemente, el Premio Nadal 2004 por ‘El camino de los ingleses’. Mejor conocido en su tierra –donde es columnista de EL MUNDO Andalucía-, Soler se ha mostrado más preocupado por mantener el aliento y la tensión en su escritura que por las ventas.
Como ya predice el título de la novela, se trata de una historia dura y violenta. El punto de vista desde el que está narrado me recuerda en cierta forma, porque la tengo muy fresca, a "La conjura contra América” de Roth. Se trata de los recuerdos de un niño contados desde la edad adulta pero conservando la mirada infantil. Es también, como la de Roth, una novela de iniciación. El niño de la historia irá descubriendo y comprendiendo el mundo mientras observa, “espía” como él mismo dice, a cuantos le rodean. Creo que el tema principal es la envidia y el descubrimiento de las diferencias sociales. La acción se sitúa en una calle y se narran las relaciones de tres niños y de sus padres, cómo interactúan entre ellos y con otras personas de la calle y qué piensan los unos de los otros.
El libro se lee con inquietud porque el autor nos va adelantando lo suficiente para crear tensión y expectación ante lo que se avecina, también contribuye a crear esa sensación el uso de la reiteración. Esas repeticiones son a su vez una peculiar forma de “hablar” y de contar los sucesos que compartían las personas que vivían en la calle del narrador. Otro aspecto destacable en el estilo de la novela son las descripciones, en especial las que se refieren a los personajes.
Para terminar comentaré que la lectura ha supuesto un ejercicio de memoria y un viaje sensorial a los años 70. La calle que se describe podría haber sido la mía y la de muchos niños que vivíamos en barrios obreros en aquella época. Un viaje a la infancia que no ha tenido nada de idílico. Muy recomendable. Autor a tener muy en cuenta.