Nadie es profeta constituye una novela de separaciones, contrariedades y desencuentros pero, sobre todo, es una novela de amor entre una mujer heterosexual y un hombre gay. Escindida temporalmente en dos momentos (la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y la actualidad cubana) que el lector deberá ir reordenando a medida que avance en la lectura, la historia comprende varias generaciones marcadas en su origen por la fusión patronímica de una Sockler con un Pérez. La narración está signada, de principio a fin, por un humor (rasgo típico de la estética de la autora) que nace muchas veces de los sinsabores cotidianos. El volumen alterna el narrador omnisciente con la estructura epistolar, y con un lenguaje sencillo, ajeno a forzadas altisonancias y grandilocuencias, consigue vislumbrar, con ojo crítico, distintas aristas de la sociedad cubana.