Francis, Mr. Frankie, decide regresar al lugar donde vivió las primeras cosas, a su barrio. Se marchó de allí persiguiendo su particular sueño de rock 'n' roll, que le llevó a acariciar con la punta de sus dedos una fama tóxica y efímera. Ahora Francis vuelve para dejar atrás la miseria y la drogadicción. Pero su viejo barrio son ruinas por donde aún deambulan su padre, su medio hermana, su primera novia y algún que otro amigo. Francis quiere empezar de nuevo y hacer las cosas bien. El problema son los atajos, las canciones de tres minutos, la imposibilidad de olvidar quién fue. Para Francis la línea recta es la distancia más retorcida entre dos puntos. De momento, sus facturas y sus noches no suele pagarlas él, pero esa situación no puede alargarse mucho más. Va a necesitar algo más que promesas para salir adelante. Eso sí, en una ocasión fue Johnny Thunders.
Carlos Zanón (Barcelona, 1966) poeta, novelista, guionista, articulista y crítico literario. Su dedicación a la novela negra ha hecho que se haya emparentado su obra con la de autores como Vázquez Montalbán o Jim Thompson.
No era fácil entrar en él: estilo brusco, cortante, en cada línea una frase lucida, rápida, atento que te la pierdes. Pero después no puedes soltarlo, no te suelta, quieres saber a dónde se encamina Mr Frankie/ Francis, adivinas que volverá a caer, que todo se torcerá, que lo que mal anda, mal acaba, tú te lo buscaste. Una de esas novelas que deseas terminar porque no disfrutas con lo que pasa, pero inevitablemente disfrutas con cómo te cuentan que pasan. Desearías que durara toda su vida, o toda tu vida.
Mucha precaución!! La leí hace unos años y se trata de una novela negra negra negra. Buena buena buena. El estilo y el ritmo es tremendo, te lleva a una velocidad que no da tiempo ni a tomar aire. La temática musical rock creo que también ayuda a que sigas ese ritmo en el que te mete el autor. La novela te lleva al estrato más bajo y degradado de determinadas adicciones y a lo que a su vez arrastra, mostrándolo de forma cruda y sin edulcorante de ningún tipo. Le dice al lector: “ahí tienes eso”. Lo que más me gustó, fue que aunque sabía que se trataba de género negro, nunca pensé que fuera tan original, frases cortas, sobreentendidos, lenguaje duro de la calle que va perfectamente con la historia, pequeñas tramas que Zanón va desvelando poco a poco a un ritmo frenético. Tras leer el libro me quedó claro que Carlos Zanón era un digno sucesor de esos grandes escritores que hablaban de Barcelona como una protagonista más de sus libros (llámese Marsé, V. Montalbán, Casavella), la Barcelona degradada y sucia, con sus focos marginales y chungos, no la Barcelona turística y de cuento. Siempre con su toque personalísimo.
Escritor de oficio, Zanón nos ofrece una nueva entrega de sus personajes jodidamente sórdidos y desamparados. Perdedores entre los perdedores: Drogadictos a los que se les han escapado todos los buses o bien esperan en una parada equivocada a que pase el último nocturno que les lleve a quien sabe qué quimera; Pillastres de distinto pelaje que dan tumbos alrededor de su miseria; Mafiosos de baja estofa que sacan pecho entre la mierda aparentando un porte del que no disponen; Personajes grises de pasado mucho más gris y un futuro casi negro. Es sin duda lo mejor de las novelas de Carlos Zanón, la solidez en la construcción de sus personajes, entre los que destaca siempre la ciudad, Barcelona, más que el telón de fondo en el que se desarrolla la trama. Es Zanón poeta y guionista, además de escritor de novela negra. Se aprecia en el gusto con que construye su discurso plagado de frases sólidas, sentencias en el más estricto sentido de la palabra. Carlos Zanón es casi un dios en el Olimpo de los tuiteros por su capacidad de evocar pensamientos y condensarlos en unidades semánticas breves, concisas y directas. Esto mismo, que es altamente apreciado por los amantes del lenguaje literario, lleva a que la lectura de su prosa se torne necesariamente lenta para poder apreciar brillos y matices. Es como avanzar por la orilla del mar en busca de conchas y otros pequeños tesoros que las olas depositan y quedan enterrados bajo la arena. Si uno no está atento cabe la posibilidad de perderse algo. Por otra parte, la historia resulta adictiva y gana en intensidad a medida que transcurre hasta alcanzar un final al que acuden la mayoría de los personajes en un punto y final grandioso, un tanto excesivo y tal vez precipitado.
Un gran descubrimiento! Carlos zanon es un escritor con un estilo muy caracteristico, lleno de guiños a las gentes de los barrios humildes y con una caracterizacion sublime. El ritmo es trepidante, y vas leyendo las paginas sin darte cuenta, como si de pipas estuvieramos hablando. Si a esto añades las referencias que hace al rock de los 80 poco mas puedes pedir. En este relato, un yonqui, frankie o francis, segun se tercie, se ve metido en una trama donde su hermanastra marisol, su padre, un chulo llamado xavi y un mafioso en horas bajas comparten cartel, todo ello ubicado en la barcelona mas sordida. Resultado de todo esto: mi nota final, un 9, y muchas ganas de leer otra novela de zanon.
Por mucho que nos empeñemos, nunca conseguimos devolverle el pulso, sus constantes vitales, al pasado. Por mucho que nuestra memoria culebree entre recuerdos que se nos aparecen extraordinariamente vívidos; por mucho que aún queden restos de aquella euforia juvenil; por mucho que nos moviésemos por aquel mundo a grandes zancadas, entre el todo y la nada, mientras pisoteábamos cada obstáculo en el camino con la delicadeza de un elefante. Siempre se escapa, se pierde o se diluye. Más que por nostalgia, intentamos asir el pasado frente al terror que despierta nuestro presente. Asusta tanto como cuando alguien despierta de un sueño del que no esperaba salir. Porque, de pronto, se topa con otro mundo, otra realidad, en el que cuesta retener el aliento y cada paso es terriblemente complejo, como caminar sobre arenas movedizas. Porque ya nadie se acuerda de ti, olvidado entre las ruinas de un tiempo remoto. Porque ni siquiera puedes elegir entre el todo y la nada. Porque solo queda la nada.
Johnny Thunders pasó por la década de los 80 a la velocidad de un sorbo, quizá de medio. Casi sin darse cuenta, su cadáver yacía en un motel de Nueva Orleans apenas unas horas después de su última actuación. El tiempo quemaba bajo sus zapatos, corría por sus brazos tan rápido que diez años, varios grupos, muchos viajes y demasiadas experiencias quedaban comprimidos en apenas unos segundos. Como en esas fotos devastadoras en las que la piel curtida de los drogadictos dibuja surcos y sombras en el rostro donde, poco antes, solo había juventud. Plano y contraplano, sueño y pesadilla. La distancia que separa lo que fuimos de lo que somos, lo que somos de lo que nunca más podremos ser. Lo que nos inflama por dentro, como un fuego interior, y nos obliga a bucear en el pasado para rescatar, de entre las esquirlas, ese último destello de vida que nos queda.
Carlos Zanón escribe Yo fui Johnny Thunders como si teclease ante el ordenador pasado de revoluciones, con ese aire de elegía que devora cada párrafo, cada personaje y cada palabra. Con un ritmo musical aplastante, en el que lo bueno se bebe a grandes sorbos y lo malo permanece, inasible, como un acorde eternamente desafinado. Más que un thriller, se trata del relato de un tiempo y de una ciudad, de la pérdida de aquella juventud y la sensación, palmaria, de que ese entusiasmo no va a regresar. Zanón presta su voz a Francis/Mr. Frankie, músico frustrado y chico que casi tocó con Johnny Thunders. Muchacho punk, atormentado por las drogas, que en un abrir y cerrar de ojos se ha convertido en un muerto viviente maduro sin lugar ni destino. Como esos personajes que por un quinto en la terraza de un bar te cuentan, una y otra vez, una vieja anécdota sin importancia. Alguien que solo escucha la melodía de una edad perdida, de todas las experiencias acumuladas, de las mujeres que dejó atrás, del amor que sacrificó y del dolor que ahora corre por sus brazos a demasiada velocidad.
Historia de regreso sin redención, relato de ultratumba. En Yo fui Johnny Thunders los personajes no dejan de boquear para evitar ahogarse, incapaces de escapar de la tela de araña en la que están atrapados. A cada rato, Mr. Frankie devora, hasta dejarla en los huesos, una memoria que solo le muestra esos capítulos que acabaron mal: cómo perdió a la mujer que amaba, cómo perdió a su esposa, a sus hijos, a sus amigos. Cómo se ha quedado en nada. Cuando eres joven, siempre huyes de algo, buscas cualquier motivo para correr desbocado hacia delante. Como esos himnos punk que acaso duran un par de minutos, ese es tu horizonte vital. Y sin embargo… sin embargo, luego te arrepientes cuando encuentras tu sonrisa mellada frente al espejo, el pelo que empieza a escasear y la carne magra que cuelga entre las articulaciones. No esperabas envejecer, menos aún envejecer solo, y la resaca de esa frustración es tan machacona como el último alarido de un cantante antes de cerrar el concierto. Zanón construye su novela a partir de esos gestos, sin perder detalle de su violencia y de los numerosos esfuerzos de sus personajes por librarse de un porvenir que no han elegido, que les ha alcanzado porque, de camino, exterminaron cualquier oportunidad alternativa.
En esta novela hay pocas cosas que salgan bien, quedan demasiadas deudas pendientes. El dueño de un bingo encarna a un patético villano que solo puede comprar amor al precio de convertirlo en una condena; las mujeres tienen el rostro marcado y los hombres apuran un último golpe para tratar de huir de la realidad. Todo ello, siempre, arremolinados en torno a una pequeña cuadrícula de Barcelona que hiede a muerto, a fracaso y frustración, a entusiasmo en obras y pesadilla para una generación que pensaba comerse el mundo en un par de bocados, hasta atragantarse en su ingenua alegría. A viejos tiempos que ya no existen y antiguos amigos que pasean su desgracia como vestigios de una época que duró demasiado poco, cuyas huellas aún pueden detectarse en los rostros devastados de sus protagonistas.
Yo fui Johnny Thunders es una novela tan rotunda que representa el alfa y el omega para el estilo de su autor. Cualquier puede leer la energía que Zanón deposita en cada página, el éxtasis y también la blanda melancolía que invade sus pasajes. Una obra que, ante todo, resulta un ejercicio de mímesis con la ciudad que retrata, con los sueños perdidos y las promesas que nunca se concretaron. Un libro escrito con pasión, a grandes zancadas y casi atropellando una idea con otra, como si cada capítulo intuyese que el final se acerca y queda mucho por contar, demasiado por sentir. Un relato de fantasmas y muertos vivientes que nunca descansan en paz, para los que el presente es, más que nunca, un callejón sin salida, una cárcel sin muros y una pesadilla de la que no se despierta. Algo tan terrorífico que a cada rato intentas recuperar el pasado con aquellos pocos instantes, demasiado breves, que te permitieron vivir en otro mundo.
Una buena novela negra con el tono que caracteriza a Zanón, de ambiente urbano, rociado con infinidad de referencias musicales, personajes de psicología profunda... y un lenguaje atrevido.
Después de leer la novela, me di cuenta de que era difícil resumir el argumento de la misma. "La cara B de la historia de la música en España en la década de los 80", dijo un compañero del último club de lectura al que acudí, y me pareció un resumen más que brillante porque la trama general narra efectivamente qué ocurrió con aquellos músicos que llegaron a triunfar en el ámbito musical, pero que perdieron la batalla en el mundo de las drogas. ¿Cómo volver a la vida después de éxito convertido en una figura que ha perdido su brillo? Que se lo pregunten a Johnny Thunders.
De hecho, de la novela me quedo con la caída de la figura de Johnny Thunders, con el proceso de decadencia que no se hace desde el victimismo sino desde la narración atrevida. Y en torno a esta poderosa figura, que articula la caída de muchos otros personajes, el lector va entendiendo los entresijos del mundo musical en su "cara B", cuando los músicos dejan de tocar y vuelven a sus casas...
Queda claro que el entorno musical sigue siendo un "must" en la obra de Zanón.
Aunque la primera mitad del libro más que novela negra puede parecer un melodrama, las piezas de la tragedia se van desplegando lentamente sobre el tapete. La trama está muy bien construida y, aunque uno tenga la sensación al principio de que sobran cosas, al final no me ha sobrado nada. La ambientación rezuma desesperación y pobreza y, lo que es más importante, lo sabe transmitir. El lenguaje de Zanón es poético, pero sin pasarse. Lo justo como para que te guste sin que te desconcierte. Me recuerda un poco a Breaking Bad en el desarrollo de los crímenes, pero a los epidodios de las primeras temporadas, cuando todo es puta mala suerte y se acaba saliendo del problema a trancas y barrancas. El final es satisfactorio y me ha dejado buen sabir de boca. Ah, y a mí también me gustan los Pixies. Así que si tanto me ha molado, os preguntaréis, ¿por qué no le pongo las 5 estrellas? No lo sé. La verdad es que a veces no pondría las putas estrellas. Me da por culo. Como si todo fuera clasificable, catalogable. Quizás le doy 4 para que no se le suba a la cabeza. O quizás porque poner 5 sería reconocer que me habría gustado escribir este libro a mí. Y la envidia la llevo muy mal.
Brutal novel·la negra coral d'inspiració vuitantera centrada en una antiga estrella de rock, Mr. Frankie, que ha de lluitar amb el seu present, el loser Francis. Recórrer els carrers, i algunes anècdotes, de la meva infància amb Francis se m'ha fet tant o més addictiu que la pròpia història.
Una historia cuyo personaje representa el fracaso y el anhelo del éxito truncado por las drogas y los excesos. Quizá el autor se habría imaginado que podría haber acabado el personaje del título. Genialmente trazada, mordaz, con diálogos entre personajes e interiores brillantísimos. Con una banda sonora y una escenografía perfecta, magníficamente escogida y unos personajes tan auténticos y veraces que q veces duele. La trama es buenísima. 9,5/10 me ha gustado mucho mucho. Ultra recomendable sobre todo p los q le ha gustado mucho la música de no radioformula.
“Hay un principio. Un día te despiertas al lado de alguien que te importa una mierda, te llevas los dedos a la nariz, te los tintas de rojo y blanco, te vienen a la cabeza, a la vez, el nombre de tu madre, el de tu hijo y el título de una canción y te dices: ya está, se acabó. También hay un final y en medio una historia. Siempre sucede así.”
Así de claro y contundente es el inicio de ‘Yo fui Johnny Thunders’, toda una demostración de intenciones de lo que va a venir, y es que esta novela tal vez tiene el inicio más potente que jamás haya leído. Lo que Zanón va a retratarnos es otra Barcelona, la que no sale en las guías ni en las fotografías o en las postales, la alejada de Gaudí y de los turistas paseando medio perdidos por las Ramblas. Esta es la Barcelona de barrio, la de los dramas cotidianos, la que desgarra, la Barcelona sucia de los bajos fondos. Y lo hace envolviéndolo todo de nostalgia, sexo, muchas drogas y rock’n’roll... Reseña completa en mi blog: https://www.joanroure.com/single-post...
Segunda vez que me leo esta novela de género negro ambientada en Barcelona en la época de "drogas, sexo y rock n' roll".
Francis ha pasado su juventud y parte de su vida adulta en una espiral de mujeres, drogas y conciertos de música rock. Ahora se encuentra con que es "viejo", tiene dos hijos con su expareja a los que debe la manutención y no tiene donde caerse muerto por lo que regresa a casa de su padre a su antiguo barrio.
A partir de aquí acompañamos a Francis en su decadencia como ser humano por diferentes barrios de Barcelona.
Es una novela dura, que trata de temas como la drogadicción o el abuso de menores, sin embargo cada capítulo está perfectamente trabajado y ambientado. Los personajes están bien diseñados y guardan ese punto de realismo que pone los pelos de punta en muchas circunstancias.
Sin duda una novela negra ambientada en Barcelona magnífica y muy recomendable.
Estoy tan obsesionada con el SXX y "la pequeña novela americana" que no veo aquello que tengo delante de mis narices (sí, todavía no he ido nunca al MNAC). Este es mi primer Zanón. En mi cabeza no paraban de retumbar las palabras "novela negra", y aunque no sé que me esperaba, estoy segura de que lo que he leído me ha gustado mucho más que la idea preconcebida que tenía. Una novela emo, llena de "el pasar de los años" y destrucción de aquello que ideamos y configuramos en la cama antes de dormirnos. Aquí no hay megacárceles ni tiroteos feroces con capos de la mafia implicados; hay barrios obreros, supervivencia cotidiana y pisos decadentes que casi no puedes pagar. Mucha epidermis. Ahora soy Mr Frankie, pero doy fe que unos años seré Francis.
Un ritmo bestial. Una narración muy personal que te engancha y no te deja ir como una buena novela. ¿Novela de misterio? ¿Novela negra? ¿Novela de suspenso? Realmente no sabria como definirla, de todas formas no creo que importe mucho. Su escritura es de frases cortas, palabras que quedan en la cabeza, y personajes muy bien construidos. El personaje de Francis o Mr. Frankie muestra las penurias de un drogadicto en un tour de force por los bajos fondos de Barcelona. Pobreza, delincuencia, inmigración, violencia se hacen presentes. Resaltar de nuevo, los interesantes personajes que construye como Marisol, Xavi, Damian, entre otros que al final muestran los problemas que recorren nuestro mundo.
Ritmo ágil, estilo fresco, directo, contundente. Frases cortas concatenadas que le dan velocidad a la lectura, sin mermar capacidad de gran impacto, tanto reflexivo como emotivo. Catalogada como novela negra, se sale del patrón habitual del género. Reflejo sociológico y costumbrista de un momento, lugar y clase social, así como de un mundo paralelo de drogas, sexo y rock and roll muy característico de una época. Profundidad a la hora de reflejar los perfiles psicológicos y emocionales de los personajes. Reflexiones vitales al hilo de la trama que suscitan interés: -Me resultan interesantes frases como: "Al repetirse las verdades se acaba por dudar de ellas pero con las mentiras uno termina por creérselas". -"Hace un amago de llorar, pero no hay nada con lo que secar esa nada que le anega por dentro." -Curiosa variedad de frases metafóricas para referirse al acto sexual: "La locomotora se detiene en la estación, descarrila hacia un lado..." "Y el ratón cerraba las tijeras y el gatito dejaba allí la patita. La única manera de tener días tranquilos era, de tanto en tanto, dejarse quitar el queso." Muy bien construida y desenvuelta la trama hasta un final que cierra el círculo del protagonista de forma inteligente. Su lectura no permite que decaiga el interés ni la tensión dramática, por lo que resulta fácil engancharse a ella hasta acabarla.
Alcohol, drogas, violencia, música rock...de fondo, la melodía que siempre tocan los perdedores envuelta en el humo del tabaco. El mundo de los desengañados, de los que creían tener la suerte en sus manos, y de pronto, se enfrentan al fracaso, a la podredumbre y a la ruina. Las cosas que casi fueron pero nunca llegaron a ser, los sueños que quedaron en la cuneta, el daño infringido y el que se sufrió. El tiempo que no perdona pero no deja lugar al arrepentimiento. El caos, el llanto, la sangre y los muertos cargados en la conciencia.
Novela negra, dura e intensa repleta de perdedores tan humanos que dan miedo... Lástima que el precipitado desenlace, no qué sucede ni cómo sucede sino cómo se describe, carezca de esa intensidad, como si el autor hubiera tenido prisa por acabarla... o hubiese llegado al final tan agotado como sus protagonistas.
Me ha costado algunos meses acabarme Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón https://amzn.to/2OWCIh5 a pesar de que está bien escrita y es hábil. Novela negra negrísima de lo marginal, el drogaísmo y los perdedores. A lo mejor por eso me ha costado, porque es demasiado trágica (en el sentido griego). Pero vamos, bien.
Un muy buen libro. La trama es interesante pero no es lo más importante: los personajes y sus dilemas, la atmósfera de desenfreno y decadencia, los fantasmas del pasado... una muy buena lectura.
“A alguien ha de importarle que los vencidos se levanten, una y otra vez, para luchar sin esperanza ni Dios, solo con su fe.” Esta frase en la página 299, resume el espíritu que su autor con una prosa sincopada, rocanrolera y áspera, nos transmite durante toda la novela. Una historia de perdedores en un ambiente cutre y muy barcelonés donde el protagonista, un roquero maduro e irresponsable, busca redimirse de un oscuro pasado y comenzar una nueva vida, sin saber cómo ni por dónde empezar. Novela tangencialmente negra ¡Un rocanrol corrosivo que te obliga a bailar revoleando la camiseta!
Creo debería revisarse el concepto de "Novela Negra", últimamente todo es novela negra: desde 50 sombras de Grey a Harry Potter, todo es novela negra. Con tal de que haya una trama medió complicada, un poco de tensión y algún asesinato o amenaza de muerte, podemos decir que ese libro es una novela negra. Dicho lo anterior, para mí "Yo fui Johnny Thunders" es Novela Negra, y como tal me aproximé a ella (también por sus excelentes críticas), pero muy muy muy Negra. Tanto que podría ser otro género. En "Yo fui..." aparece un catálogo de todas las actividades y sustancias por las que podría procesarte un juez: cocaina, heroina, marihuana, violaciones, incesto, yihadismo, prostitución, violência de gênero, robôs de todo tipo de cosas, blanqueo de dinero, mercado de seres humanos, corrupción policial, burundanga, fanatismo de todo tipo, alcoholismo, ludopatia, parricidios... Seguro que algo se me queda en el tintero. Eso sí, el libro te atrapa y aunque cuesta entrar en el, digamos que acabas enganchado -como su protagonista, un yonki llamado Francis- y te mantiene en tensión hasta la última página. Si estas en esa fase de la vida en la que estás un poco desencantado con el mundo y las bajezas humanas, mejor coge otro libro. La lectura de "Yo fui..." no te hace mejor persona. Si acaso, te hace consciente de que hay muchas personas que no son buenas. Es más, son muy malas. Evitables. Mejor ni saber de su existencia (aunque existir, existen, como las meigas).
es cuando no esperas nada de un libro y la prosa te impresiona más allá de la trama y algunos arrebatos del autor (incluso me ha parecido ver errores de puntuación) que deslucen el estilo.
Un libro entretenido que me ha llevado por barrio de mi infancia. Es una historia de perdedores, pero este libro me ha hecho pensar en la suerte, en aquello que acostubran a tener mala suerte, en aquellos que acostumbran a tener buena suerte, y en aquellos que tienen la mala suerte de tener buena suerte.
Y es que no siempre uno agradece que lo acompañe la buena fortuna.
Ya lo he puesto más veces: escribir una reseña más de un mes después de terminar un libro es poco operativo. Me quedo con la impresión general de una novela más que decente pero con detalles que me chirriaban durante la lectura y la idea de que la historia que nos cuenta el autor daba para algo más.
Angustiosa espiral de autodestrucción que consigue dejarte mal cuerpo al leer muchas de sus páginas. Ese es el principal atractivo de una novela que, por otro lado, a veces explota demasiado la apología de dicha autodestrucción con fragmentos trepidantes pero otro más densos y difíciles de enganchar.
Una especie de "secuela cañi" de la literatura de un Bret Easton Ellis