Cuando miraba por la blogosfera algún librillo romántico para cortar el ritmo de vicio que estaba llevando en mi vida sobre otra área, me encontré con un título que de inmediato llamó mi atención: "Mangaka". Autora española y título referente al mundillo nipón. ¿Qué tenemos aquí?
Cuando me hice esa pregunta y decidí darle la oportunidad, mi posición con respecto a lo que me encontraría fue de lo más natural y sin ninguna sospecha adicional. Esperaba una historia romántica, con media temática friki que enganchara de manera fácil al montón de veinteañeras que desde el mundo "otaku", han pasado a los librillos ligeros como demuestran la chorrera de webs personales que existen en el momento.
Pero no sospeché que sería todo tan así...
¿Así? Así de obvio. Cuando llegue al momento en que la TSNR se resolvía finalmente, me aparté bruscamente del energúmeno que tenía en mis manos y "¿Qué shusha estoy leyendo?". Aclaro, lo hice en ese momento porque por supuesto, son esas tensiones sexuales lo que me mantienen enganchada de estas cosas. Pero pasando bruscamente al contenido, si una autora realmente quiere introducirse en un mundillo para escribir al respecto, digamos, debería ponerle algo más de empeño. El título de la obra, en definitiva, no tiene relación protagonista alguna con lo que lees más que en el trabajo de la protagonista. Vamos, podría ser mangaka, podría ser dibujante de cómics, podría ser una ilustradora y el cuento seguiría igual. No tiene mayor relevancia alguna el hecho de Carla, la chica en cuestión, sea publicada en japón, cuando perfectamente podría hacerlo en la misma España y seguimos leyendo el mismo libro. Forzado, asquerosamente forzado, evidenciado cuando las referencias al mundo otaku remiten únicamente a palabras como "hentai" (spo:¿PRINCESA HENTAI? SRSLY???) "yuri" "Miyazaki", "Kenshirolandia" y Dragon Ball. ¿Cuánta documentación requiere? Wikipedia, si es mucho. Lo peor, es que nuestra prota publica hentai, y piensas que algo interesante encontraremos allí, pero nada... Absolutamente nada. No hay desarrollo del mundo de la protagonista más que sobre su pasado, muy traumático y todo y triste y pena y angustia y sería. Para peor, la temática salta a gente muerta y asesinatos no resueltos. ¿Cómo se llamaba el libro?
Pero bueno, saliendo de la desesperada producción de novelas románticas para todas las mujeres del mundo con títulos y temáticas carcajeantes y sin sentido, tenemos 300 y pico páginas de una historia entretenida, con una protagonista interesante, un macho alfa regio estupendo y poli, y otros secundarios que divierten. La lectura es rapidilla como se da siempre en el género y tiene un muy buen ritmo al principio, el que se va a la mierda en las últimas 50 páginas. Se sabe de sobra el final desde el primer tercio del contenido, pero no quita que otorgue diversión para satisfacer un ratillo.