Con una prosa ágil, desinhibida y acertada, Rafael Medina nos entrega estos relatos en los que se vale del humor negro para poner ante nosotros, con tonos de retrato más que de denuncia, historias que fácilmente podrían estar sucediendo en este momento a unas cuantas cuadras de nosotros, pero vistos bajo la mirada del «arte de su tiempo» que Medina utiliza con sutiles atisbos de crítica. Los cuentos que integran esta colección ofrecen un acercamiento a los rostros que componen la realidad actual: el artista, el inculto, el bueno-para-nada, el que cree que es bueno para todo, la víctima, el victimario, los padres, los hijos, etcétera; narrarlos y leerlos resulta una aproximación a su intimidad y a las circunstancias en que se desenvuelven. En las ficciones de Una poética del mal es posible que los delincuentes se conviertan en dueños de un pueblo, donde son castigados quienes se oponen a formar parte activa en un mundo corrupto y soberbio; y donde, por otra parte, los que creen haber experimentado un despertar de conciencia sólo han cambiado de amo.
Honesto, gracioso, oscuro, lamentable, triste y aterrador. Una lectura sencilla de humor negro, reminiscente a "Las Muertas" de Ibargüengoitia, que en un estilo moderno describe la violencia por la que tantos estamos sometidos, aún sea a susurros.
Admito que Rafa Medina es uno de los escritores más estimados por este lector, y qué tal vez eso pueda servir de pretexto para descartar lo que voy a escribir a continuación, pero si no me creen adquieran algunos de sus libros y leánlo.
Cada libro que Rafa escribe va depurando su estilo y perfeccionando la voz, quizá la suerte (esa doncella o arpía), o el centralismo vivo aún en nuestra república (geográfica y de las letras), no le ha sido del todo favorable para cruzar las fronteras regionales, pero sin duda Una poética del mal es uno de los mejores libros que leí el año pasado. El tema que se anuncia en la contraportada es la violencia y el narco, pero cuidado con pensar que se trata de un libro más con este tema, el acierto de Medina es trasladarlo al día a día no de los grandes capos, ni de tremebundos sicarios, sino de la gente común, de aquellas familias que de pronto descubren que el pariente flojo y bueno para nada que todos ningunean de pronto es al que mejor le va económicamente y comienza a regalar a diestra y siniestra convenciendo hasta al más negado de la familia; de los que no pueden pagar abogados, ni comprar autoridades; de las esposas, de las amantes embarazadas que no saben que sucederá con el padre, si volverá; de la tropa, de la carne de cañón. Todo lo anterior sin recurrir al drama, muy por el contrario con el desparpajo de su estilo.
No tengo idea hacia que rumbos decida encaminarse Rafael Medina en sus próximos libros, por lo pronto con Una poética del mal consigue una de sus obras más redondas hasta la fecha.