¿Atender la enfermedad y la muerte con alegría y osadía? ¿Atreverse a abordarlas fuera de los dictados normativos de la familia consanguínea, apoyándose en la escritura? Atrevimiento y humor serán los ingredientes principales de esta novela.
En esa indeterminada edad que se acerca poco a poco a la vejez, un círculo de amigas recibe la noticia de la enfermedad de una de ellas. ¿Cómo reaccionar ante la imposición de lo normativo, la familia consanguínea, como espacio de referencia donde dirimir siempre lo relativo a los cuidados fundamentales, a la vida y la muerte? Nada que no sepáis tirará de irreverencia para crear una ficción a la escala de nuestros deseos: un país improbable donde acompañar a una amiga enferma, un cuarto de baño imaginario en el que ajustar las cuentas con los sujetos del saber sin renunciar a la alegría ni al desparpajo, un cerebro dañado que se sabe narrar a sí mismo, adicciones que se superan escribiendo. Se trata de inventar una manera de existir, cuando la edad y las convenciones nos relegan al cliché, a lo previsible, a la foto fija.
¿Puede un personaje ser autor de la novela que lo crea? ¿Qué sucede si la protagonista prefiere pertenecer a otra historia? Si no nos dejan cuidar lo que amamos, ¿podríamos cogerlo, llevárnoslo a otro lugar y llamarlo ficción? Las respuestas nos las darán Encarna, tierna quijota y voz protagonista, y su grupo de amigas. Sonia Pina escribe lo que merecemos que suceda.
Nada que no sepáis, de Sonia Pina. Edita La oveja roja (2024). 195 páginas. ⭐⭐⭐⭐⭐ (5/5)
Estos días duros, complicados entre otras cosas por tareas de cuidados que no siempre parecen asumibles, he tenido la suerte de poder amortiguar cansancios, dudas y frustraciones con esta novela. Es un regalo, un abrazo, una esperanza; la alegría de permitirnos soñar otros futuros habitables, otros cuidados respetuosos, otros vínculos posibles, otras redes de apoyo mutuo elegidas, otros amores en construcción, otras historias publicadas, otras protagonistas y otras voces sobre y tras el papel.
La novela habla de todo esto a raíz de la organización que hacen desde un grupo de amigas cuando una de ellas atraviesa una situación de salud que le resta autonomía y, desde esa necesidad de apoyos, su familia empieza a decidir por y sin ella en toda su cotidianeidad, de la ropa a la vivienda, del color de su pelo a las actividades que puede realizar. Con ese punto de partida, la autora construye esta historia valiente y esperanzadora que cuestiona estructuras y formas de cuidados establecidas, alumbrando otras posibilidades que, si bien no están exentas de dificultades y contradicciones que también recoge en parte la novela, podrían ser caminos tan enriquecedores a explorar...
La autora además juega muchísimo con la propia estructura de la novela, con la narradora a la vez narrada, con los formatos y las voces. Desde ahí, hace también una crítica lúcida a qué historias entran en lo literario y cuáles casi siempre quedan fuera, qué jerarquías y silenciamientos se perpetúan desde los lugares de creación-publicación, qué imaginaciones se validan y qué historias deben quedar en lo testimonial -y hasta qué testimonio se espera de cada quien, en unos márgenes estrechos y asfixiantes-, qué posibilidades surgen cuando entremezclas campos y difuminas barreras, qué potencias transformadoras pueden tener esos híbridos.
Super agradecida a la editorial La Oveja Roja por apostar por una historia así, que habla de enfermedad, miedos, duelos, vejez, muerte... haciéndolo con tanta luminosidad y brillo, entre cantos de pájaros.
Y desde luego, gracias a la autora por el regalazo 🫂🔥❤️🩹
"Nada que no sepáis" es un libro precioso y escrito de manera caótica ... pero a propósito. A la que empiezas a leer y conoces a Encarna, se entiende todo. Tiene una narración y un ritmo perfecto, es un canto a la amistad pura y a la reconciliación, te ríes y lloras a partes iguales y contiene más profundidad de la que parece.
Se merece 5 estrellas sin duda. Quizás las 4 es por mi momento vital y sin querer, porque me ha parecido que quedaba algo romantizado en ocasiones el rol del cuidador. Pero como os digo, no voy a obviar una lectura que me ha removido más por circunstancias y quizás eso influya. De verdad, merece la pena leérselo y sumergirse en cada uno de los soliloquios de Encarna y de los silencios de Tere.
Me ha encantado esta historia tan tierna. He llorado y reído a partes iguales. Una lectura amena, ligera y reconfortante que pone el corazón muy blandito. Vivan las amigas y el amor que nunca termina.
La novela de Sonia Pina es un referente para afrontar la enfermedad apoyándose en la amistad, contando con la voluntad de la persona enferma y humanizando a tope los cuidados… Además su personaje principal, Encarna Real, es una mujer que planta cara a los gurús literarios, cuestionándolos y poniéndolos en evidencia desde su propia escritura. Nada que no sepáis es un libro precioso, inspirador, divertido, mordaz… y con esa Encarna Real a la que todas querríamos como amiga.
Tenía mis reticencias con este libro. Leer sobre la enfermedad no me gusta, me tensa. Pero este no es un libro sobre la enfermedad, que también, es un libro sobre los cuidados, la amistad, sobre esa red de apoyo que es necesario construir en la vida, la vejez, la muerte, el amor...
Un libro tierno, cálido y a la vez divertido y descarado. Y con mucho sentido del humor.
Un libro que también juega con lo literario. ¿Puede un personaje ser autor de la novela que lo crea? y que reflexiona sobre qué historias encajan en el relato literario y cuáles no tienen cabida.
"- Bueno, lo que tengo son años, y lo que no me sentó bien es que parece que lo valioso de alguien mayor siempre está en el pasado, no en lo que es ni en lo que puede ser".
"Mira, el otro día escribí un pequeño relato sobre mi primo Jaime y va me dice mi profesor del curso de escritura que le falta verosimilitud. Yo le pregunté: '¿Al relato o a mi primo?, porque Jaime existe, vaya que sí, y viene siendo así desde que nació'" (...) "Además, el relato contaba una anécdota real, biográfica. Entonces pensé si es que se puede vivir siendo inverosímil".
Un curita a mi corazón. Que bonita una realidad donde tus amigas te sostengan tu mano hasta el final. Lo destructiva que puede a llegar a ser una enfermedad, no solo para el enferm@ si no para las personas que le aman. Lloré y reí, pero también me llenó de esperanza y espero que pronto pueda llevarme a nuestro Surinam a mi Tere.
Un libro que hace bien, que sitúa allá dónde apenas se profundiza, en ámbitos no mercantiles donde aflora el amor puro, la amistad profunda, la comunidad que ampara, el paraguas del cariño, el respeto y el cuidado sin necesidad de parentela. El lazo de sangre carece de mérito. Es virtud no abandonar en tanto que humanos, en tanto que memoria de lo compartido sufriendo y en el gozo, sin que haya sucesiones por medio (en Madrid, al 0%, oé, oé, oé) ni la misma vida que agradecer. Hay un trazado de donde se viene, entre copas e incomprensión, de puño y letra. Hay feminismo de antes de conjugarse, aquel padecer incomprensión. Y así es, 'Nada que no sepáis', sin ser, todo lo contrario, tan serio, en un engarce de destreza literaria, de epístolas, diarios y resonancias, entre lo coloquial y la academia, fogones y birretes, con el académico con los pantalones por los tobillos, que así se ve, y se descubre en cueros en su hemeroteca de cautiverio. Desternillante por momentos.
Encontrar la discrepancia exigiría profundizar en lo que corresponde al escritor, arquitectura ajena. Tal vez en eso haya algún achaque, como un eco. Quizá lo contrario. Qué importa.
La diversión es definitivamente enriquecedora. Si alguien llega aquí, haría bien en hacerlo saber.
En mi opinión, me costó un poco/bastante cogerle el ritmo y cariño a las protas. Pero a partir de la segunda parte, uf, amé. Simplemente son todo a lo que aspiro. Este libro me ha llevado a plantearme cómo me relaciono con mis vínculos más cercanos. De una forma sutil, sin necesidad de entrar en la dinámica de un ensayo aburridísimo con mil de palabrería, plantea que quizá las fronteras entre una amistad y una pareja son más difusas de lo que nos han hecho pensar (o hacer encajar). Que los cuidados o se piensan de forma horizontal o la estamos cagando. Y que los vínculos, si son verdaderos, se han de aceptar tal y como son.
No sé, pienso en mi amiga Idoia (primero amiga, después situationship, luego amiga otra vez), en cómo a veces paso de amarla a odiarla a comernos otra vez la boca en cuestión de un mes para el otro y digo, pues joder, qué complejo y a la vez qué bonito todo. En un mundo de ególatras, cryotobros y de individualismo crónico, aceptar a la otra, con sus diferencias, me parece un acto de amor radical absoluto.
Pd: cuando hablo de aceptación no hablo de aceptar a tu colega el nazi evidentemente
Pd2: qué llorera de libro, menudas últimas 30 páginas me ha dado