Este es el ¿noveno? libro que leo de Han y en el corto plazo será el último también. Si bien hay libros de Han que no he leído, creo que ya ha cumplido su función. He llegado a un punto en que leer más a Han no me va a aportar mucho más, salvo que realmente quisiera profundizar en su filosofía hasta las últimas consecuencias, que no es el caso. Han es un filósofo interesante porque en él convergen algunas de las principales corrientes filosóficas de la actualidad (teoría crítica, fenomenología, posestructuralismo, filosofía de la tecnología). Lo hace con un estilo bastante poético que me gusta bastante. Aun así, no parece haber nada novedoso que sacar de él, especialmente por la ligereza con que trata los conceptos y muchos de sus argumentos. Por tanto, es momento para mí de pasar a otros autores. Qué mejor que cerrar este viaje con El espíritu de la esperanza.
La estructura del libro es el clásico de Han, aunque aquí le añade ilustraciones: hay un problema en la sociedad que os explicaré en sus principales manifestaciones, apoyado de forma conveniente en otros filósofos. Las imágenes que acompañan a las páginas de Han, de Anselm Kiefer, no me gustan mucho. Parece que son obras que destacan por su textura, algo que en un libro A5 de papel no se aprecia. Siendo sinceros, ni veo que acompañen al texto ni me parecen gran cosa. Quizá sirvan para rellenar las páginas, que Han es de muñeca débil.
Si ya conocíamos la "sociedad de la transparencia" y la "sociedad del cansancio", ahora Han nos ofrece la "sociedad de la supervivencia", algo que se podía venir intuyendo del resto de libros. "De tantos problemas por resolver y de tantas crisis por gestionar, la vida se ha reducido a una supervivencia". Han parece tratar al humano con algo de más benevolencia, entendiendo que nuestras desgracias sociales no se deben solamente a una voluntariedad coercitiva, sino que hay algo también externo. No llega a una amplitud de mira satisfactoria para mi gusto, pero algo es algo.
Para variar, la esperanza de Han se ubica en su mar de conceptos abiertos y poco novedosos. "La esperanza tiene algo de contemplativo". "En la esperanza anida el amor". "El aislamiento narcisista genera soledad y miedo". "Falta la lejanía". Esta apariencia sistemática no llega a construir conocimiento particular y se vuelve repetitivo.
Por supuesto, hay una dialéctica de la negatividad en cuanto a la esperanza. Han articula una concepción de la esperanza que trasciende el mero optimismo individual, situándola como una actitud espiritual que parte de la angustia. "La esperanza más íntima nace de la desesperación más profunda". Me recuerda bastante a Del sentimiento trágico de la vida, de Unamuno, que reconoce la angustia existencial para devolvernos a la superficie de un abrazo con el otro. "La esperanza es una figura dialéctica. La negatividad de la desesperación es constitutiva de la esperanza". Además, la esperanza, para Han, es un sentimiento que va más allá de la mera emoción, que es humano porque narra nuestra historia. "El deseo o la expectativa se refieren a un objeto o a un suceso intramundano. Son puntuales".
La esperanza conlleva, para Han, profundas implicaciones existenciales, fundamentalmente de volcarse en el otro. "Lo distinto es inasequible a la lógica de la eficiencia y la productividad, que es una lógica de lo igual". Frente al neoliberalismo, la esperanza trae un futuro realmente humano, a través de la confianza en el otro. "La confianza nos permite actuar aunque haya cosas que no sepamos". "La esperanza hace posible instalarse en un hogar".
Han también contrapone, en el plano político, la esperanza al miedo. "La esperanza es elocuente. Narra. Por el contrario, el miedo es negado para el lenguaje, es incapaz de narrar". La esperanza mueve a los corazones a actuar para ser desde la trinchera contemplativa. Frente a lo que dice Camus de que frente al absurdo de la vida solo cabe el presente continuo, "en la esperanza se encierra una dimensión activa, que nos mueve a actuar y nos inspira para la nuevo". La esperanza precede a la acción e, incluso, "es anterior al lenguaje" por su naturaleza humana, que es plenamente narrativa. "Quien solo consume informaciones ya no lee poemas" - son los poemas narraciones?
La esperanza se vuelca hacia el futuro con el amor, la belleza y el conocimiento, lo que descuadra un poco con la aversión hacia la acción que muestra en Vida contemplativa. Parece que en Han el amor es un motor primario del ser humano en cuanto a ser que desemboca en el pensamiento, la belleza y la esperanza a partes iguales. El que no ama es porque no piensa. El que no aprecia la belleza no ama. El que no piensa no ama. Y así sucesivamente. En consecuencia, no hay futuro posible sin esperanza. Para muchos autores, incluyendo Heidegger, "lo más importante es regresar a lo sido, es decir, a la esencia que campa. Heidegger desconoce la intencionalidad de los actos de prever y de asomarse afuera". Evidentemente critica por enésima vez La condición humana de Hannah Arendt, aunque parece más abierto a la acepción de la vida activa como consecuencia de la vida contemplativa.
Han propone una política basada en la esperanza, partiendo del amor, algo un tanto místico pero que personalmente no rechazo. "Los sentimientos de angustia y resentimiento empujan a la gente a adherirse a los populismos de derechas". Esto es un peligro para la naturaleza de la democracia. "La democracia es incompatible con el miedo. Solo prospera en una atmósfera de reconciliación y diálogo". "Hoy ya nos da miedo hasta pensar", que es, o quiero creer que es, el principio de una vida humana sincera. "La esperanza es el salto, el afán que nos libera de la depresión, del futuro agotado". Y eso tiene un grave impacto en nuestra forma de relacionarnos con el mundo y con los seres con los que interactuamos. "El sujeto de la esperanza es un nosotros".
Es difícil encajar la democracia en el pensamiento de Han. Alguien como Han parecería tirar por otro lado, pero la nostalgia utópica de los románticos es un poco drama queen. Parece que hace 40 años, en plena Guerra Fría, hubiera una democracia sustancialmente más fuerte. No digo que no fuera así, pero por lo menos justifícamelo con solidez. Dice Han que "miedo y libertad son incompatibles", pero no explica la cadena entre libertad y democracia, que de seguro no es obvia, especialmente si tomamos la concepción negativa de Han de la libertad actual como un mecanismo de autoexplotación del individuo.
De todas formas, me gusta que Han haya llegado a un punto en su filosofía en que se ve obligado a ofrecer soluciones en base a su análisis, no tanto por necesidad sino por coherencia. Hay algo de compromiso ético contra el modelo de sociedad actual cuando dice que "merodea el fantasma del miedo". Por tanto, creo que está obligado a decir cómo las cosas sí estarían bien, como pudo hacer Foucault con su idea de resistencia. A mí me gusta su apuesta neomística por su estética, aunque esté lejos de ser una propuesta concreta, accionable e incluso razonable.
En conclusión, amigo Han, ha sido un buen viaje, pero es hora de arrojarse a otros. "Mientras hable el poeta seguirá habiendo esperanza en el mundo".