No sé porque en mi imaginación (según yo) esta sería una novela divertida... pero no existe ni una pizca de humor y todo es lo bastante dramático como para estresar a cualquier lector (de hecho, dudo seriamente de recomendarla a un adolescente aunque yo haya leído cosas así o peores en mi pubertad). Eso sí, la novela no tira al extremo de la tragedia.
Sin duda, esto es una nota mental de que no me debo dejar llevar por portadas bonitas y de colores chillones, pero como soy bruto no aprendo nunca. Además, ni siquiera es culpa de la autora, ella dejó bien claro al principio de la novela unas advertencias que por alguna extraña razón no me tomé tan a pecho. No sean como yo.
No voy a hacer una reseña extensa sobre la obra porque me temo que no sería justo de mi parte ya que no ha sido una lectura que me haya gustado mucho, pero eso se debe a una falsa ilusión e idealización personal de lo que creía encontrar en esta novela, que básicamente se resume en un contenido que por medio del humor, la comedia o la sátira me iba a hacer morir de la risa. Bien loco yo, eh. Bastante alejado de la realidad.
Evidentemente es un libro que toca temas bastante tensos y dramáticos en torno a la identidad y el ser queer, el estar en el armario por el miedo al rechazo de tu familia y amigos, la preocupación y angustia constante de encajar y ser aceptado, adoptar un comportamiento más hetero y convencional, así como referencias literales al suicidio y un tono religioso que si bien no es tan potente es bastante constante desde la figura materna y el colegio católico como un punto castigador para sus personajes.
Lo mío con la madre de la prota siempre fue personal pero con el padre ni se diga, soy su enemigo público número uno (la hipocresía de ese señor). La novela no tiene tanta carga romántica porque se centra demasiado en los dilemas morales y los líos mentales de la protagonista, pues con toda la justa razón del mundo porque al ser lesbiana y tener una familia además de disfuncional bastante homofóbica.
Razón por la cual toca cargar sobre sus hombros el peso de un futuro nada claro o al menos en el que le toca aceptar el hecho de independizarse y mantenerse así misma porque el rechazo, los prejuicios, los señalamientos, la intolerancia y el odio hacia las personas que pertenecer al colectivo lgbtq+ parece ser la norma. Es literal sentirse en constante supervivencia.
Muy fuerte todo, la novela no se siente amable, bonita o sencilla porque siempre está ese tono angustiante que apabulla no sólo a la protagonista sino a algunos de los personajes secundarios y me atrevería a apostar que a cualquiera de los que lean la novela.
Ya yo he avisado, y quien avisa no es traidor.