Antes que nada, debo decir que en este caso la calificación se queda apenas al borde de las cinco estrellas. Me pareció un libro brutal. Es lo primero que leo de la autora y claramente la seguiré leyendo porque su prosa me pareció magistral y me generó mucha satisfacción como lector. Por momentos la escritura de Trías es poética pero a la vez, siempre es muy terrenal y cotidiana. Propone reflexiones de una profundidad envidiable, genera con el lenguaje imágenes impresionantes y más allá de que el libro es muy opresivo y agobiante, siempre hay un rasgo de belleza en la escritura. Tremendo.
El escenario propuesto en 'Mugre rosa' es original y está muy bien logrado. Una ciudad, que se presume es Montevideo, asiste a una grave epidemia y crisis ambiental. El mar se ha cubierto de algas, los peces han muerto y los pájaros se han ido. El cielo, cuando no está cubierto de capas y capas de espesa niebla, es barrido por el tóxico viento rojo, del que las personas deben refugiarse a riesgo de exponerse a la enfermedad. En esa situación de permanente emergencia, la protagonista narra en primera persona su día a día, su historia personal, repasa cómo comenzó todo y cómo es interpretado tanto por los medios de comunicación como por la población y relata (y esto es lo principal) sus escasos y dificultosos vínculos personales: su ex-marido, su madre, un niño al que se encarga de cuidar.
Si uno es de Montevideo (como es mi caso) rápidamente genera cierta complicidad con la autora, porque capta las referencias. Y no hablo sólo de las locaciones de la ciudad como la rambla, el puerto, los barrios, la "playa Martínez" (referencia a la playa Ramírez que me hizo gracia) o "lo de adentro" (es decir el resto de Uruguay sin ser Montevideo que los montevideanos llamamos "el interior"). Sino que también hay una alusión a cómo se siente la ciudad: su grisura, su melancolía, su soledad. El entorno de epidemia que imagina Trías no está muy lejos de lo que puede ser un día lluvioso de invierno en Montevideo. Esa decadencia, ese abandono, ese pánico de la gente por no mojarse, apurada por llegar a su casa. Montevideo puede ser (tal como lo es en el libro) una ciudad un tanto opresiva, y el sentir uruguayo (o al menos montevideano) trae mucho de esa melancolía, de esa tristeza, de ese estar "de bajón".
Muchas veces nuestra tristeza tiene que ver con cómo nos vinculamos y allí está la crisis de la protagonista. No solo el mundo se viene abajo sino a su vez todos sus vínculos, llenos de tensiones y de ataques, de violencias camufladas, de incomprensión, de abandonos. Asistir a ese recorrido también es un tanto opresivo: el final que me pareció que está bien porque es coherente con el todo de la propuesta narrativa, deja cierta sensación de desazón e intranquilidad. Y en ese sentido, creo que el libro puede impactar bastante en el ánimo. No es un libro para cualquiera o para ser leido en cualquier momento. Es pesado, pero no en un mal sentido, sino por el hecho de que trae consigo una gran carga emocional que hay que saber manejar. La autora hace muy bien en exponerlo, tiene gran mérito sacar a la luz y reflexionar sobre semejante carga emocional y sentimental, y más allá de lo triste, en esa línea 'Mugre rosa' me conmovió y me pareció un libro maravilloso. Un libro que invita a cambiar nuestra forma de relacionarnos, a ser más genuinos y honestos y ver más allá de nuestros prejuicios y nuestros miedos.
Párrafo aparte para las críticas que hace la autora al contexto político y social de Uruguay y que me parecieron brutales, muy importantes. A través del manejo de la crisis ambiental y sanitaria, se exponen los hipócritas discursos del Estado y los medios de comunicación. Cómo en el fondo el poder intenta manejar a su antojo la vida de los demás poniéndolos al mismo tiempo en auténtico riesgo. Una gestión humana totalmente deficiente y burocrática, decisiones económicas y sanitarias pésimas, improvisadas. Represión y unilateralidad a la hora de la resolución de las problemáticas. Y todo ello sumado al pánico colectivo generalizado, al "sálvese quien pueda" y a la búsqueda de resquicios, de intersticios que desde la clandestinidad, buscan erosionar esa unilateralidad estatal en contra del lavado discurso oficial repetido una y otra vez por medio de la radio y la televisión. La protagonista recoge la voz colectiva de muchas maneras pero una me pareció muy interesante porque puedo dar fe de que es así (al menos en esta parte del mundo): las conversaciones con los taxistas. Sublime.
El libro con su atmósfera inquietante y su tensión constante, se lee rápido, es adictivo en cierto punto. Lo que no quita que la autora sepa darle lugar, y muy bien, a lo poético, a lo bello, a la profundidad reflexiva. Por ejemplo, cada capítulo está precedido de una especie de epígrafe generalmente poética, escrita por la autora y en la que se presumen las voces de los personajes pensando o dialogando, reflexionando sobre preguntas existenciales. Quiénes somos, dónde estamos, cómo nos vemos y nos movemos, cómo nos vinculamos. A su vez la voz narrativa en primera persona propone otro tipo de reflexiones presentes a lo largo de toda la obra. Algunas de ellas, que me gustaron mucho, tienen que ver con identificar los comienzos o con el tema de la memoria. Cuando en la escritura Trías propone descripciones o comparaciones, lo hace evocando imágenes de sublime belleza o de una calidad literaria y reflexiva que me pareció una gran adición al libro. Dan ganas de citar todo el tiempo a este libro, trae consigo pasajes preciosos y sin dejar de ser entretenido, manteniendo al lector en una tensión constante. Es una obra de una gran calidad literaria, y tal vez yo no sepa del todo cómo expresarlo. Recomendadísimo.