«Con los años he llegado a descubrir que las fuentes son lugares mágicos y liminales a los que hay que acudir sin prisa, como quien va a visitar a un amigo [...] Las fuentes cantan y nos hablan directamente al subconsciente. Son paisajes sonoros, musicales. Junto a ellas escuchamos la música de la vida que bulle a su alrededor [...] Pero las fuentes no sólo procuran placer al oído, sino que son una experiencia sensorial total. Reclaman la atención de nuestros cinco sentidos y conforman un microcosmos en el que las formas, los colores y los sonidos ambientales están orquestados por el agua».
En este extraordinario relato, María Belmonte nos propone un viaje a través de los siglos para explorar el poder del agua y las fuentes desde las perspectivas más evocadoras. De su mano recorremos cautivadores lugares míticos, materiales e históricos, que la autora describe con su prosa vivaz y caudalosa. Una sugerente y hermosa invitación a pensar sobre el sentido de este bien tan preciado y escaso que es el agua.
María Belmonte es la perfecta autora de libros de viajes y pienso leer cada uno que publique. Tiene un sensibilidad y una escritura preciosa, capaz de describir lugares de la forma más bella y cuidada posible.
Este libro habla de todo lo que me gusta: mitología grecorromana, lugares que siempre he querido visitar y lo hace de una manera fluida como las fuentes de las que se ocupa en detalle. La autora (de quien voy a subir sus otros libros en mi eterna lista de pendientes) escribe con atención y preocupación y el libro nunca se hace árido o demasiado ligero. Hay mucha información entrelazada y realmente dan ganas de visitar todas las fuentes y jardines mencionados.
Me ha parecido una delicia. María Belmonte nos regala este maravilloso libro de viajes (en el espacio -Italia y Grecia- y en el tiempo -la antigüedad grecolatina, la Italia del Renacimiento y la Roma del Barroco) y lo hace con una prosa que me ha gustado mucho: clara, fluida… muy similar a ese agua que puebla todo el libro. Emprender este viaje libresco con María es como irte de viaje con ese amigo culto (pero nunca pedante) que sabe un montón de cosas sobre los temas más variados y que tiene la habilidad de contártelo “con mucho arte”, poblándolo de anécdotas interesantes y datos curiosos. A veces los datos no son del todo correctos, pero da igual, porque aquí lo importante es el trayecto, y el aluvión de emociones y reflexiones que te produce esta lectura: tanto si has visitado alguno de los lugares que menciona (por lo que te hace rememorar y volver a reflexionar tal vez desde otra perspectiva que no te habías planteado), como si no lo has hecho (por las ganas que te mete en el cuerpo de visitarlos, bien con el consuelo de hacerlo virtualmente viendo fotos y vídeos, bien de modo presencial si las vacaciones y “los diruchus” lo permiten). Y además de todo esto, el libro está muy bien estructurado y ordenado, lo cual, para una obsesiva como yo, es un alivio. En definitiva, que ya tengo otros dos libros de esta autora en mi pila de lecturas… y no tardaré mucho en hacerlo.
Este libro es una auténtica maravilla. Es una lectura que te convierte en gota de agua y te hace viajar a través del tiempo, saltando de fuente en fuente pasando por épocas como la grecorromana, renacentista y barroca. Una delicia escrita con elegancia y delicadeza. Y es de admirar la buena documentación de este libro, así como recurrir a tantos autores desde Juvenal, Plinio o Mary Shelley a los actuales Mary Beard, Murakami o Robert Harris, que he tomado como verdaderas recomendaciones implícitas que la autora hace a los lectores. Además, ofrece su experiencia personal de las visitas y los viajes que realizó a algunos de los lugares de los que habla en su libro. Con este ensayo también he aprendido. He aprendido mitos, leyendas, curiosidades y datos interesantes sobre lugares, mitología o fuentes. Lectura inolvidable.
El libro tiene pasajes muy bellos, muy plásticos y poéticos, pero en conjunto me resultó un poco disperso, desordenado. Son más unas reflexiones que un ensayo.
El que més m’agrada de la Maria Belmonte és la seva fluïdesa desacomplexada quan escriu. No deixa que una estructura pre-definida marqui el ritme ni la direcció del seu relat, sinó que intueixes en tot moment la presència de l’autora (a estones, fins i tot, amb vivències personals que donen al llibre un meravellós toc de gossip), veritablement com una guia que et va acompanyant per les anècdotes i reflexions que ha decidit compartir amb tu. Amb l’excusa de l’aigua – el millor de l’univers, com ens recorda amb paraules pre-socràtiques – desplega un nou artefacte d’aquells que ja esperem però al qual mai ens acostumem: una barreja entre el quadern de viatges, la biografia de personatges antics, la narració històrica i la subtil descripció dels llocs. Des d’una humilitat sempre sincera, construeix dues-centes pàgines en les quals, com una enginyera hidràulica d’època clàssica, fa desembocar segles de coneixement i afecció sobre la idea de l’aigua.
Aunque no fue completamente lo que esperaba y siento que te vende algo que no termina de ser del todo, me gustó mucho y me entretuvo. Por ahí no me interesaba tanto en sí cuando comentaba sobre su experiencia visitando ciertos lugares porque no sentía que aportara mucho.
Lo único que si me pareció medio fuera de lugar fue el comentario de los wokes. No era necesario.
¿Literatura de viajes? ¿Ensayo? ¿Recopilación bibliográfica? Bueno, quizás un poco de todo y a la vez, un poco de nada. El libro nos mete de lleno en la vida de las fuentes y jardines a través de cuatro épocas principalmente: Grecia clásica, Roma, la Florencia renacentista y Roma barroca; y por las que repasará mitología, personajes ilustres con ínfulas culturales, trabajadores de la hidráulica y artistas. Entonces habrá capítulos, líneas, pasajes que gusten más y otros que, bueno, me hiciera sentir algo perdido ante tanta información en pocas frases (no siempre una reseñable). Asimismo, hay una pequeña opinión político-social que, sin negar lo acertada que pueda ser, desluce en tono con el resto.
Creo que no defraudará a quienes lo lean e, incluso, a algunos enamorará. Por mi parte, me pareció más que correcto en el que aprendí cosillas, me entraron ganas de visitar algunos de los lugares, pero no siempre sentí un gran entusiasmo durante su lectura*.
*Cuando más sentí tal entusiasmo al que cualquier lectura aspira es el dedicado a la fuente Pliniana en Como, donde se junta el interés intelectual con lo personal de Belmonte; unas páginas realmente sabrosas y estimulantes que dotan de importantísimo valor emocional al libro.
Es el segundo libro que leo de María Belmonte y es encantador el ramillete de anécdotas que cuenta y que, en el fondo, es el género de historieta que interesa porque la Historia en mayúsculas ya la buscas en un Manual o algo parecido. No estaría de más de cara a la edición, ilustrar el texto con imágenes. PERO, lo que realmente me ha intrigado y espero que desarrolle en libros posteriores, intercalándolo con chismorreos grecolatinos y renacentistas, es quién es esta María Belmonte. Esta viuda tan culta, que hace estos viajazos, que se mete en una cueva en Delfos siguiendo a una desconocida, que desayuna leyendo "El Sueño de Polífilo". Quiero que nos describa qué come, qué música escucha, de qué vive, con quién se relaciona. Yo lo que quiero es saber más acerca de esta persona tan interesante mientras leo sobre jardines esotéricos.
Es un libro de viajes. Es un libro de historia. Es un hermoso libro. Dioses, agua, fuentes, lugares, religión. Todo unido con la intención de traspasar la importancia de los lugares donde el agua fluye o se mueve en nuestra vida. Escrito con elegancia, este ensayo es una bella forma de darse cuenta como la vida es más luminosa cerca de fuentes, jardines, y en la presencia de divinidades acuáticas. Un texto que además ilumina y enseña, sin ser árido sino envolvente. Nos pasea por Grecia, Italia y algo de España. No es liviano en su contenido, y se agradece. “Lo mejor es el agua”.
Este ensayo que se encuentra entre el diario de viajes y el de lecturas. Ha sido una conversación durante la que he escuchado embelesada y he acompañado a la magnífica autora a través de sus breves páginas.
Salgo con muchas películas, canciones y lecturas pendientes, muchas más de las que ya tenía al comenzar.
Este libro fue una recomendación de un profesor y no puedo más que darle las gracias, pero parece poco, vulgar, a cambio del tiempo transcurrido junto a este libro.
Me he sentido de lo más a gusto leyendo este libro entre fuentes, lagos, jardines, bosques… Una delicia. Eso sí dan tremendas ganas de viajar a Grecia y a Italia.
Tengo una deuda infinita con María Belmonte. Es imposible ya cuantificar la cantidad de libros y escritores, de lugares y caminos, de conocimiento y belleza, que se han agregado a mi vida gracias a sus libros. Mi agradecimiento y mi devoción a su obra enorme e indescriptible. Siempre terminan sus libros con una solo deseo: descargar todo el peso de mi vida para cargar solo con mi mochila y echarme a caminar. El murmullo del agua no es solo el deleite de viajar en la historia y por lugares donde el agua es divinidad, es poesía, es pura belleza y música, es poder y es muerte, sino que es una invitación a reflexionar en nuestra vida y en el mundo que vivimos, a tomar en cuenta y dar valor a las cosas que realmente valen la pena e importan.
Muy interesante. Es un gusto que alguien te invite a adentrarte en lo que le apasiona y María Belmonte lo hace muy bien. Qué envidia los viajecitos que ha hecho.
Mnmm, un libro que tiene un comienzo muy interesante sobre las fuentes de agua, pero se va diluyendo al pasar sus capitulos... Dónde se pierde entre lo que explica y los viajes de la aurora Y eso cansa del libro, los viajes de ella que no aportan nada al mismo.
Tambien recae en un error fuerte de occidente, creen que el mundo es solo ellos... Solo se enfoca al final en Italia. Siendo que hay fuentes y visiones del agua muchos lugares y culturas.
This entire review has been hidden because of spoilers.
¡Qué pena! Frente a esta premisa tan buena, he acabado casi aborreciendo un libro que termina siendo medio-guía de viajes, medio-panfleto histórico propagandístico. Maravilla y tedio.
Con este libro ‘El murmullo del agua: Fuentes, jardines y divinidades acuáticas’, María Belmonte nos invita a viajar, o a sumergirnos de lleno, en los arroyos de la historia a través de las construcciones que los humanos realizaron para recoger, servirse o recrearse con el líquido elemento dador de toda vida.
Lo cierto es que la literatura de Belmonte supone una invitación al descubrimiento de lugares y construcciones testigos de siglos de acontecimientos y mareas de secretos; se trata de una literatura que la anima a emprender nuevos viajes, y que en este 'Murmullo del agua' el motivo acuático y la importancia de sus fuentes y otros elementos arquitectónicos, le servirán para engarzar algunas épocas mayores de la civilización europea desde la Grecia clásica hasta el Barroco; y donde ese asombro romántico del que a veces hace gala la autora, se imbricará con experiencias personales —y hasta sentimentales—, junto con relatos, más que descripciones, de maravillosos ninfeos helenos, asombrosos acueductos romanos, enigmáticos jardines renacentistas o apoteósicas fuentes barrocas.
Tampoco faltarán renglones dedicados a los mitos y la literatura relacionados de una u otra forma con el asunto: y si en la Grecia clásica cabe destacar las ‘Metamorfosis’ de Ovidio; y para conocer la hidráulica romana de forma amena se nos aconsejará la obra ‘Pompeya’ de Robert Hughes; para el Renacimiento Belmonte nos animará a leer una obra tan extraña como subyugante —especialmente para ese lector curioso y apasionado de las rarezas literarias—, el ‘Sueño de Polífilo’ (1499) suerte de novela, «enciclopedia humanística de vocación totalizadora», en que el elemento acuático está muy presente por medio de sensuales y renacentistas ninfas, y donde su protagonista emprende un misterioso viaje en busca de su amada Polia «impulsado por un anhelo de perfección, sabiduría y belleza absoluta» (p. 102).
Cabe hacer un apunte más porque la ciudad eterna, Roma, será por la que Belmonte muestre muy especialmente sus filias —hasta hallamos un apartado dedicado a ‘La Gran Belleza’ de Sorrentino—, nada raro si como ella resalta es la urbe donde más fuentes pueden encontrarse perfectamente integradas; donde la presencia del agua, aunque sea subliminalmente, se siente siempre; y donde por medio de sus magistrales obras de arte —con Borrimini y Bernini descollando— utilitarismo y belleza, naturaleza y cultura se hallan más estrechamente unidas.
En el epílogo aún tendrá tiempo de adentrarse en los misterios de algunos lugares ‘especiales’; esos donde fuerzas arcanas condensadas en el ambiente pueden provocar desasosegantes sensaciones, como nos confesará en su visita al lago de Nemi, mítico lugar donde se levantó un templo dedicado a Diana Nemorensis, y según la tradición se celebraba un violento ritual que explicó James G. Frazer en ‘La rama dorada’. Mas como buena romántica Belmonte pinaculará su obra intencionando transmitir una placentera y agradable sensación, y así pretenderá hacernos partícipes del placer que la propia música del agua provoca: esa música que fluye y cambia a cada instante, ya por medio de la selvática charca colonizada de ranas, ya por la lluvia y su celestial chapuceo; y de la que sin ser conscientes, o sí, nosotros mismos formamos parte al ser nuestro cuerpo, como es, minúscula parte de ese inabarcable líquido elemento que se manifiesta en el murmullo del agua.
En la antigua Grecia se decía que cualquiera que viera una aparición surgiendo de una fuente podía ser presa de delirios y quedar poseído por las ninfas: eran los nymphóleptoi, los tomados, capturados o raptados por las ninfas. «La Ninfa o lo divino o la fortuna -escribe Calasso- son potencias que actúan repentinamente, capturan y transforman a su presa, apoderándose de su mente». Se consideraba que quien estaba aquejado de ninfolepsia adquiría una mayor capacidad de percepción y de elocuencia, o sentía una gran melancolía que le impelía a habitar en los bosques. El nymphóleptos, como el poeta, la sibila o la pitia, experimentaba un estado de divina locura que podía manifestarse como un don profético, aunque el término también podía utilizarse para describir a alguien que exhibiera un grado inusual de devoción religiosa por las ninfas.
Este es un libro que me ha decepcionado porque promete profundizar sobre la omnipresencia del agua, ya sea en jardines o fuentes, pero finalmente termina siendo una crónica de viajes basada en Grecia y Roma. En esta crónica, si bien se citan muchas referencias a fuentes, libros, pinturas y películas, no se profundiza en ningún momento sobre el tema que el libro sugiere en su portada (a mi entender totalmente engañoso). Incluso el prólogo promete un viaje sobre el agua que luego el libro no ofrece. Creo que la autora tenía una intención, y se vio limitada por viajes que para ella pudieron haber sido muy profundos y transformadores, pero que no llegan de la misma forma al lector. Las últimas páginas del libro retoman esa intención, que tal vez pueda materializarse en alguna futura publicación que ella haga, pero que difícilmente llegue a mis manos luego de esta experiencia.
Cuando leo a María Belmonte pienso en cómo puede haber alguien tan inteligente con tanto conocimiento de tantas cosas y esa capacidad alucinante de conectar todas las ideas. Quiero ir a la Villa Pliniana, prestar atención a cada fuente, caminar por los jardines con los cinco sentidos igual que hace ella, volver a Roma, pedirme una excedencia para irme a visitar hasta la última fuente de Grecia. Igual que me ocurrió con Peregrinos de la belleza me encanta cuando cierra los capítulos hablando sobre un viaje o una anécdota personal, abandona el tono académico y se muestra brevemente ella. Sí a todo lo que escriba María Belmonte.
Es el tercer libro que leo de Maria Belmonte y nunca me defrauda. Su último libro recuerda a una de las exposiciones temporales de museos de referencia que elaboran una idea que da unidad a una colección de cuadros. Aquí de la mano del agua como elemento mágico y común nos hace viajar a las fuentes y cuevas de ninfas, al lago Como, a Roma y acaba con impresiones personales de La Gran Belleza, pelicula maravillosa de Paolo Sorrentino. Recomendable para todos los que disfrutan viajando en libros.
Precioso ensayo. Un recorrido vivo y apasionado por el agua, como símbolo y ente material, en diferentes épocas: según los griegos, los romanos, el renacimiento... Pero sobre todo se sacan en claro dos cosas: que importancia vital del estudio de los clásicos y la trascendencia absoluta del conocimiento arcaico para el presente.
También es un bellísimo tratado de la historia de arte y el patrimonio cultural del que disponemos y que debemos respetar, valorar y conservar a pesar del machacón arrastre del tiempo y los inconscientes que su progreso genera.