En el pueblo de Nenes raros, se cazan peludos pero no se comen, los padres y abuelos se convierten en animales, las ancianas piden mano dura y unos amigos le queman la cara con brea a un bebé para demostrar que sobran empleados municipales. Es un universo cercano y extrañado a la vez: un espacio en el que lo absurdo circula de un cuento a otro, de una casa a la casa del vecino.
Me encantó como se conectan todos los cuentos y dialogan entre ellos, como todo es parte de un mundo terrorífico y absurdo y al mismo tiempo se genera está sensación de realismo.