Un relato sobre la relación personal y literaria entre una traductora, la obra de Nikos Kazantzakis y la lengua griega.
¿Cuál es el proceso de creación de un traductor? ¿Cómo se adentra en el cruce de lenguas? En este ensayo —mitad bitácora de trabajo, mitad diario de viaje—, Selma Ancira documenta y reflexiona su oficio mientras traduce del griego al español la novela más conocida de Nikos Kazantzakis: Zorba el griego. Para poder traducir el texto, emprende un viaje tras los pasos de su autor: explora los paisajes de Creta, busca los vestigios de los escenarios de la novela y conversa con los locales para encontrar palabras y significados.
«Porque traducir un libro es experimentar una especie de metamorfosis. Es convertirte en el autor, seguir sus huellas, andar sus pasos, leer los libros que él leía, descubrir a sus autores predilectos y dejarte o no cautivar por ellos; es adentrarte en el resto de su obra para situar, en el conjunto, el libro que traduces; es conocer sus diarios y sus cartas, rastrear sus traducciones, cuando las hay, y enterarte de su manera de entender este oficio, saber qué consideraba prioritario y qué superfluo; es conocer sus debilidades como ser humano y también sus fortalezas… Traducir un libro es transportarte al siglo y al entorno del argumento traducido, es recrear, en tu momento y tus circunstancias, un mundo muchas veces desaparecido.» —Selma Ancira
Es un libro bellísimo sobre la relación que tenemos con los autores que traducimos y con sus mundos. Me inspiró mucho a seguir traduciendo textos que amo y claro a leer más de la obra de Kazantzakis.
Bien como cuaderno de viaje, pero como retrato de las vicisitudes del oficio del traductor literario, regular.
La misma Ancira dice al final del libro que sin los reiterados apoyos y becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Cultura de México, no podría permitirse trabajar como trabaja: sin plazos de entrega, pudiendo permitirse viajar a Grecia y recorrerse las islas para empaparse de las tierras que recorrió Kazantzakis, con los gastos que ello conlleva.
Como digo, «El tiempo de la mariposa» es una amena bitácora, pero la experiencia de la autora como traductora literaria es tan excepcional que no cumple muy bien el propósito del volumen: acercar los oficios del mundo editorial a los lectores. Más que nada porque no es un caso extrapolable en absoluto (que ojalá lo fuera) y arroja una imagen romantizada en exceso y privilegiada que poco o nada tiene que ver con la situación del grueso del gremio.
Aun así, insisto: como cuaderno de viaje vale la pena.
'Cuando empiezo una traducción, sé que tengo por delante meses enteros, años quizá, de una vida moldeada por el libro que traduzco. Es él, el libro, quien llevará las riendas de mi día a día a partir de ese momento; él, quien dictará mis viajes, mis lecturas, mis conversaciones, incluso mis recuerdos. Cuando empiezo una traducción, sé que mi alma estará dispuesta a impregnarse de la luz y de las sombras del original'.
Es un ensayo que se siente como una gran película, casi perfecta y muy enamorada de su profesión, lo que considero hermoso, pero me hubiera gustado más saber de sus problemas para ser traductora, del conflicto que es no estar en sintonía con el libro traducido, las prisas, el proceso del gremio de los traductores que considero más complejo. Sin embargo, es hermoso la pasión de Ancira en cada página, la emoción de las actividades que vivió por primera vez y marcaron nuevamente su vida, respecto a eso es muy lindo. No sé por qué tarde tanto en leerlo.
Bonito, pero me hubiese gustado que hablase verdaderamente de la traducción como oficio y de su relación con la lengua griega. Al final, se ha quedado en un relato sobre un viaje a Creta con algún aderezo de Zorba el griego.
«Traducir es saber escuchar. Es, también, aprender a andar de oído»
3.5* Es un ensayo/relato/diario de viaje brevísimo, pero qué bello resulta disfrutar del recorrido. Personal, ameno y muy amoroso; idílico también, como si el proceso que la autora lleva a cabo hubiera salido de una novela bucólica más que de la vida contemporánea con sus tiempos caóticos y apresurados (me hace desear que lo que cuenta no se sintiera tan utópico). Hay varias reflexiones interesantes sobre la labor de quien traduce, la conexión necesaria para que el trabajo no se marchite y el balance entre la fidelidad a la obra y la libertad creativa de quien, al fin y al cabo, está construyendo una nueva versión del original; con algunas concuerdo bastante, otras me dejaron pensando y unas más las cuestiono. Me encantó el entrecruce de tiempos que hay en su viaje a Grecia, la superposición entre la ficción y la realidad, la metamorfosis de la que Ancira habla. Como testimonio íntimo y carta de amor a su labor y al lenguaje funciona de maravilla. Se nota que está fascinada con el arte de traducir.
Trasciende la categoría de ensayo para convertirse en un manifiesto apasionado sobre la traducción. A cada página se siente el amor y la entrega de la autora por el oficio. No solo es su trabajo, es un eje central y transformador de su existencia. La traducción marca su vida, desde los lugares que visita, aquellos que se instalan en su memoria y en su presente, hasta las palabras de difícil traducción que la acompañan por días. Alquimista verbal, nos alegramos con ella cuando encuentra la palabra que resuena con la misma fuerza que el original.
Convierte la laboriosa y a menudo solitaria tarea de la traducción en algo colectivo y con otres, visitando los pueblos donde vivió el autor o donde sucede la novela, hablando con las personas de esos pueblos. Belleza
Un libro corto pero muy bello. Selma Ancira nos narra el oficio tan bello de quien traduce. Lo hace de la mano de un libro, Zorba el griego, y el recorrido que ella hace desde enamorarse de Kazantzakis y su obra, y de Zorba -quien es uno de los personajes más bellos que la literatura ha producido- hasta el recorrido por los pasos de Kazantzakis. Encontrar palabras como si fuera una expedición arqueológica, social y natural. La simpleza con la que Selma cuenta la complejidad de la traducción la mezcla con la pasión de todas las personas que participan en este proceso, voluntaria e involuntaria. Es un libro para los amantes de los libros, de Kazantzakis, y de la humanidad.
Se trató de un viaje. Sí. De las experiencias que rodean a un proceso de creación/traducción como lo es el que ha caracterizado a Selma Ancira: conocer lo más que se pueda, vivir con ese autor, esa lengua, todo lo que le permita dar una imagen y una voz en otro idioma a lo que sea que se traduce. Toda una experiencia, también, de sentirme cercano a Nikos Kazantzakis y también leerlo. La traducción es un proceso complejo, personal, íntimo.
Una alegre crónica de viajes por la Creta de Kazantzakis, en busca de los significados de algunas elusivas palabras griegas. Museos, minas, monte, cafés, sitios arqueológicos, recuerdos de la infancia ligados a «Zorba, el griego», novela cuya traducción es el tema de este ensayo. Un libro en el que logramos asomarnos muy bien al amor que tiene Selma Ancira por la traducción, en cada una de las incertidumbres que ésta implica, y por los diálogos y descubrimientos a los que nos lleva.
Qué loco que desde una perspectiva ortodoxa (androcentrica, blanca de clases altas) Ixs traductores siempre han sido asumidos como traicioneros. La idea de traductor/traicionero "traduttori, traditori". Pocas veces leo sobre los puentes que contruyen, sobre el esfuerzo por traducir no solo una serie de palabras, sino mundos sociales complejos. No deja de sentirse el desden de "para comprender a full un texto aprende el idioma. Pensamiento absurdo del cual también he sido parte.
Bellísima reflexión sobre la relación entre el oficio de traducción, la Grecia y el griego de Kazantzakis. Me hubiera gustado leer más sobre el proceso de traducción pero con casi todos los libros de esta colección pasa lo mismo. Son libros que te dejan que desear saber mucho más. Es lindo. Me gustan.
En esta cuenta siempre somos Selma Ancira Enthousiasts. Muy lindo y muy bien escrito. Debo decir empero que a ratos no conseguía entrar por la visión romántica sobre el proceso de la traducción y el reposo que requiere pero que prácticamente nunca se da, al menos en las condiciones en las que vivimos la mayoría de trabajadoras culturales. Qué suerte que Selma sí pueda trabajar así y nosotras leerla.
Selma describe su proceso de reescritura en sus traducciones, en específico sobre Zorba el griego. Ella investiga, va, pregunta y se empapa del entorno del autor, su vida y cómo vivió durante el período en el que escribió determinado libro. Es hermoso.
Una delicia de libro, y leerlo después de haber escuchado a Selma contar sus vivencias en torno a la traducción de Zorba, con la fragilidad de su voz resonando en mi cabeza (como ella bien lo dice en el libro), lo hace aún mejor.
Puntuación: (3.5/5 ⭐️) Me re gustó el libro, y como fue narrando ella lo que fue haciendo para lograr traducir de manera única 'Zorba, el griego' me encantó, pero no fue mi libro favorito. De cualquier manera, precioso y llevadero para unas vacaciones de verano.
El valor de la traducción literaria, y de todo lo que se hace con mimo, se reivindica por sí solo cuando se cuenta con el mismo cuidado y atención personal con los que se hizo
Que libro tan precioso, sobre el arte de traducir y el vínculo tan estrecho que se hace entre el traductor y el autor. Me confirma que hay cosas que ninguna IA puede igualar.