León de Lidia es una novela inclasificable, fragmentaria, llena de materiales diversos, como dibujos, fotografías y retratos literarios. Con una prosa poética inmensamente evocadora, Myriam Moscona explora su herencia mexicana, búlgara y sefardí para recobrar el tiempo y la lengua de la infancia—el ladino o judeoespañol—donde resuenan ecos de Cervantes. Valiéndose del misterioso don de la memoria, que «necesita un solo pulso para desmadejar toda una cinta involuntaria de evocaciones», sus recuerdos, a la manera proustiana, convocan a los personajes, reales o imaginarios, que pueblan estas páginas desplegando ante los ojos del lector el soberbio tapiz de la vida misma, hecho de sueños, humor, ternura y desgarro.
«pensé en su conciencia de la postmemoria que cargó a través de sus padres muertos en los campos de Polonia, en su dulzura, en sus ojos claros»
«los hijos de las víctimas, sin ser protagonistas de la barbarie, fueron educados por sobrevivientes (…) los hijos heredaban de una forma involuntaria una dosis del dolor, una proclividad al maltrato y tenían recuerdos implantados de lo que no vivieron»
«estoy a la orilla de un verdor que no alcanzo a dominar»
No te esperas que Sofía en Bulgaria este conectada con Ciudad de México. Nunca. Es un libro que te abre la mente a esos encuentros culturales transatlanticos. Aprendi del ladino, de Bulgaria, de sus mujeres. Aprendí a reconstruir memoria, guiada por nuevas lenguas y siempre de una forma muy poetica. Me gustó mucho.
León de Lidia es un OLNI (Objeto Literario No Identificable): no es ficción ni ensayo. Tampoco, aunque lo parezca, tiene que ver con la biografía, pero sí con la memoria, esa señora torpe y enredosa que nos acompaña con relatos y chismes confusos que pudieron suceder o no e, incluso, de una manera distinta.
· El libro de Myriam Moscona se estructura al modo de los mosaicos inacabados: teselas sueltas que buscan acomodo en un panel demasiado largo, demasiado ancho, que recorre lo antiguo de los ancestros y los fantasmas aún por olvidar; lo pasado de la niñez, ese dulce incordio aún presente; las peripecias de tres generaciones por tres países, tres idiomas y tres culturas dispares para dar finalmente en el reino de los sueños, que es el lugar donde a veces se resuelve lo que fue, lo que pudo haber sido e, incluso, el deseo de que hubiera sido así a pesar de todo.
· Un libro precioso en lo poético; preciso en la elegancia de su prosa.
¡Que belleza de libro!, inclasificable, por qué es uno y más cosas a la vez. Como la Gestalt -aunque el libro es más cercano al psicoanálisis- el todo es más que las sumas de la partes, es decir, en la suma de esas partes hay elementos que por separado no podríamos percibirlas del todo.
Es un libro que habla de la memoria, de lo que recordamos, y de lo que recuerdan otros, o lo que el inconsistente le otorga a lo que el juicio se oculta.
Habla de la poesía, de la lengua, la lengua que se va perdiendo, la que probablemente se vaya a olvidar, y la que se resiste irse; habla de los padre, de los abuelos, de los tíos, de lo que les duele y la herencia de ese dolor, de leyendas y sobre todo de sueños.
Y con qué maestría lo hace Myriam Moscona, va hilando las palabras hasta formar un lienzo que nos muestra la vida entera en ello.
Hay personas que viven como en piloto automático, sin detenerse a pensar en nada. Y otras que piensan tanto… que terminan paralizadas. Ninguno de esos extremos parece llevar a la felicidad. Como todo en la vida, el equilibrio es clave.
Este libro cuenta la historia de una mujer extraordinaria: políglota, multicultural, huérfana desde pequeña, judía… y con una mente que nunca se apaga. Piensa, cuestiona, reflexiona… sin descanso.
📚 PD: El título del libro hace referencia a la primera moneda acuñada en el mundo, que tenía grabado un león de Lidia en una de sus caras.
La narradora busca su pasado, encontrarse con sus padres que fallecieron cuando ella era muy joven, sobre todo a través de sus abuelas, de origen búlgaro sefardita. Con gran dominio del lenguaja —Moscona empezó con la escritura de poesía— se erige esta narración de búsqueda y pérdida —el ladino, la lengua de los abuelos; la patria de los padres— que estuvo marcada por la Shoa y la historia de los últimos siglos de los judíos en Europa.
Un verdadero caos. Un libro imposible. Me gustó mucho aunque a ratos lo abandonaba. Creía que era pretencioso, pero termina doblándose al final en algo maravilloso.
León de Lidia de Miriam Moscona es un libro que llevaba tiempo entre mis pendientes y con sorpresa, descubro a una autora que deslumbra por la riqueza de su lenguaje y la profundidad de su mirada. Entre la memoria, la identidad y la exploración de raíces culturales, Moscona construye un relato íntimo y a la vez universal, lleno de poesía y resonancias históricas, con una gran capacidad para entretejer belleza y reflexión en cada página. Bravo.